LXIV- LA CAÍDA DE LA REPÚBLICA - Lucio Licinio Lúculo - Plutarco - Gayo o Cayo Plinio Segundo - Estrabón, PINCHA AQUÍ
¿Qué fueron las Guerras Sertorianas?
Las Guerras Sertorianas fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en el territorio de Hispania entre los años 83 y 73 a.C. En ellas se dio una lucha entre el rebelde Quinto Sertorio y Lucio Cornelio Sila, general y posteriormente dictador de la República Romana. Con el inicio de la Primera Guerra Civil romana (83-82 a.C.), Sila se enfrenta a los líderes populares Cneo P. Carbón y Cayo Mario el Joven, que habían tomado las riendas del Estado; y a Quinto Sertorio, que había huido a Hispania, intentando que ese fuese un último reducto para los exiliados de Sila. Tras la derrota de los dos primeros, Sila toma el control del estado bajo la figura de dictador y empieza a tomar una serie de medidas con el objetivo de medrar en el poder de los populares, en beneficio de los optimates.
83 a.C. Q. Sertorio, destacado miembro de la factio de Mario, había obtenido el gobierno de HISPANIA CITERIOR, 80 A.C.. Tras su exilio en Mauritania, Sertorio regresó a la Península y firmó alianzas con líderes celtíberos y lusitanos.
Quinto Sertorio, en latín Quintus Sertorius
Quinto Sertorio nació en el 122 AC en la ciudad de Nursia (actual Norcia), y era de origen sabino, de una familia no muy conocida. Estuvo a las órdenes de Cayo Mario, primero en la guerra de Yugurta, y después contra los cimbrios y teutones participando en las batallas de Aquae Sextiae y Vercellae. En 99 AC fue destinado a Hispania como tribuno militar de Tito Didio. Durante su estancia se enfrentó a los celtíberos y tuvo que hacer frente a un motín en la ciudad de en Isturgi (Los Villares de Andújar, Jaén). En connivencia con los de Cástulo (cerca de Linares, Jaén), los habitantes de esa ciudad masacraron a la guarnición romana mientras dormía, pero Sertorio y unos pocos afortunados escaparon a tiempo.
Quinto Sertorio antes de perder un ojo
Sertorio reunió a todos los supervivientes fuera de la ciudad y contraatacó, masacrando a los nativos ebrios de vino y éxito. No contento con ello, ordenó a sus hombres vestirse con las ropas de los indígenas caídos. Se presentó de noche ante los muros de Cástulo, la ciudad instigadora de aquella rebelión, entrando en ella sin problemas mediante su treta y realizando un escarmiento de tal calibre que le fue concedida la corona gramínea en recompensa por su osadía.
En 90 AC fue elegido cuestor de la Galia Cisalpina donde demostró sus dotes como administrador.
Después fue legado de su tío Cayo Mario durante la Guerra Social. Fue en alguno de aquellos combates donde probablemente perdió un ojo.
Cuando su tío entró en beligerancia directa con Lucio Cornelio Sila, Sertorio dirigió una de las cuatro legiones con las que Mario tomó el control de Roma.
Sertorio fue un miembro activo del gobierno de Cinna, y fue elegido pretor en el año 83 AC, cuando Roma se encontraba en plena guerra civil.
Sertorio liberó a las ciudades del stipendium, y de la obligación de acuartelar tropas romanas. A nivel personal, cultivó los lazos de fides y devotio. En Osca estableció una escuela para jóvenes indígenas y un senado paralelo al de Roma. Pero esto no era suficiente.
Tras la finalización de su mandato fue enviado a la Hispania Citerior con el grado de pretor, cargo que ejerció con libertad y presteza hasta que Sila se hizo con el dominio de Roma.
Cuando Sila regresó en Roma en el 82 AC, entre los enemigos “proscritos” se encontraba Sertorio, Sila despojó a Sertorio de su cargo y nombró a Lucio Valerio Flaco como gobernador de Hispania Citerior con un ejército de 20.000 efectivos.
Sertorio en Mauretania
Sertorio, desde su llegada a Hispania, había intentado ganarse a la población local
Sertorio solo contaba con 3.000 hombres restantes y, por tanto, decidió no plantar batalla y escapar a Cartago Nova, para embarcarse de allí a Mauritania, donde existía una fuerte facción de los populares. Tras toda una odisea de viaje marítimo en el que le pasó de todo y en el que tuvo contacto con los piratas cilicios, con los que se alió para saquear las Islas Baleares según Plutarco.
Tras su llegada a Mauretania en el 81 AC, Sertorio se enfrentó al rey Ascalis vasallo del rey Boco aliado de Roma, el cual estaba en lucha contra los rebeldes de su país. Sertorio consiguió derrotar a Ascalis con el apoyo de los rebeldes mauretanos. Sila, que mandó al general Paciano para reponer a Ascalis y de paso acabar con Sertorio.
El reino de Mauritania o Mauretania (siglo IV a. C. – 40 d. C.), o "país de los Mauri", fue un estado de la Antigüedad constituido como una federación de tribus, de cultura bereber, ubicadas en el norte de África, en los actuales Marruecos y Argelia. Su capital fue Volubilis. Sus habitantes nativos, pastores seminómadas de etnia bereber, fueron conocidos por los romanos como Mauri (de la lengua amazig amáur, "tierra"), y en ocasiones como Massaesylii. El reino de Mauritania está estrechamente vinculado con el reino de Numidia, tanto en cultura como en historia. Es importante utilizar la denominación antigua latina, Mauretania, para no inducir a su confusión con el moderno estado de Mauritania, que se ubica en las costas atlánticas de África.
Sertorio se enfrentó a Paciano con el apoyo de sus aliados mauritanos y lo derrotó, muriendo el propio Paciano en la batalla. Los soldados derrotados, viendo que su situación era precaria, al estar en tierra extranjera y sin un líder, decidieron unirse al bando de Sertorio. Con estas tropas de refuerzo, Sertorio tomó la ciudad de Tingis (Tanger), el saqueo de la cual le permitió contar con nuevos recursos con los que poder aumentar su ejército.
Regreso a Hispania
Tras sus victorias en África, y tras recibir un supuesto pedido de apoyo de los Lusitanos, pueblo hispano que estaba en rebeldía contra Roma; Sertorio regresó a Hispania en el 80 AC, desembarcando exitosamente en Baelo Claudia (cerca de Tarifa), al frente de un ejército de 3.300 hombres formado por 2.000 soldados romanos que le habían permanecido leales, 700 jinetes mauros y 600 auxiliares locales.
Los lusitanos acogieron a Sertorio con los brazos abiertos y lo reconocieron enseguida como su jefe indiscutido, viendo en él en cierto modo a un nuevo Viriato, el caudillo que casi 70 años atrás los había liderado en su gran guerra contra Roma. Para ellos, Sertorio encarnaba al buen romano, al general aguerrido y al hombre dotado de cualidades sobrenaturales.
Muy supersticiosos, los lusitanos llegaron a creer que el general romano podía conocer el futuro a través de una cervatilla blanca que le regaló un lugareño, y que decía que le había sido envida por la diosa Diana. Convenció a los supersticiosos lusitanos de que la cierva le hablaba en sueños y le transmitía mensajes de apoyo de la Diosa.
Así pues, 4.000 infantes y 600 jinetes lusitanos se unieron a su ejército.
Mapa de Hispania durante las Guerras Sertorianas en el que se puede ver los territorios controlados por Sertorio en el 75 a.C. (Arrecaballo)
Primavera 76 a.C. Fracaso liberación de Lauro (Liria).
75 a.C. derrota sertoriana en Sagunto.
74 a.C. Sertorio se refugia en la Lusitania
Las Guerras Sertorianas continúan
Sila enviará entonces a frenar el avance y a combatir en Hispania a varias legiones bajo el mando del procónsul Quinto Caecilio Metelo, que fundará una línea defensiva que protegerá la Bética, de influencia optimate, a partir de la fundación de distintas fortificaciones entre la que se encuentra Castra Caecilia o el Castelo de Loura. Sertorio, por su parte, combinará la población romana con los indígenas, dotando a estos últimos de la disciplina, la técnica y el armamento romano. Las tácticas de combate que empleará aun así contaron con una gran influencia indígena, ya que se dio la guerra de guerrillas, intentando evitar el combate en campo abierto, debido a la disposición de menos efectivos. Este tipo de guerra permitirá ganar la mayor parte de las batallas desde el inicio de la contienda hasta el 75 a.C., momento en que empezará a perder ante las fuerzas de Metelo.
El final de las Guerras Sertorianas
Desde el punto de vista político-social, la muerte de Sila en el año 78 a.C. significará el inicio del desmantelamiento de las políticas silanas por parte de M. Emilio Lepido. Éste restituirá las tierras tomadas a los itálicos, volverá a reconocer a los tribunos de la plebe, y defenderá los intereses de los populares para permitir el regreso de los exiliados políticos contrarios a Sila.
Sertorio y su cierva (1849), por Juan León Pallière (Museu Dom João VI, Río de Janeiro).
Diana, la pequeña corza blanca que acompañó a Sertorio en sus últimos años, se convirtió en el símbolo de la buena fortuna de su dueño, quien afirmaba contar con el favor de la diosa del mismo nombre.
Sertorio es recordado por haber demostrado un sincero deseo de integrar a los locales a la civilización clásica, hacerlos romanos, a diferencia de muchos de sus compatriotas, que los veían con desprecio y consideraban las tierras conquistadas como una mera fuente de botines, gloria, recursos, esclavos e impuestos.
La personalidad de Sertorio fue presentada de forma muy distinta, tanto por la tradición romana (Plutarco es favorable a su persona, mientras Apiano es contrario a ella) como por la moderna historiografía. (Roma no paga a traidores)
-- Apiano (griego Αππιανός; Alejandría, Egipto, c. 95-c. 165) fue un historiador romano de origen griego, autor de la Historia Romana, relato escrito en griego de la historia de la ciudad desde su fundación hasta la muerte de Trajano.
Plutarco nació en Queronea, Beocia, alrededor del año 46 o 50 d.C. y falleció en Delfos alrededor del año 120 d.C.. Provenía de una familia aristocrática y tuvo acceso a una educación privilegiada, estudiando filosofía y retórica en la Academia de Atenas. A lo largo de su vida, Plutarco viajó extensamente por el mundo mediterráneo, incluyendo visitas a Egipto y Roma. Fue sacerdote del oráculo de Apolo en Delfos, donde interpretaba los augurios y participaba activamente en la vida cívica de su ciudad natal.
El ambiente político de Roma hará que Sertorio pierda seguidores, lo cual junto con las derrotas a manos de Metelo, general romano designado para combatirlo, concluirá con la retirada de los apoyos económicos de Sertorio en el 73 a.C. y en el asesinato de éste por parte de sus colaboradores. El período político de Sila sentará las bases para la posterior dictadura de Julio César y el imperio de Augusto.
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