LXI- LA CAÍDA DE LA REPÚBLICA - EL PROBLEMA DE LOS ALIADOS: LA GUERRA SOCIAL (90-89 A.C.) - Marco Livio Druso - Los socii), pincha aquí
Lucio Cornelio Sila nació en Roma en 138 a.C. en el seno de una familia aristocrática venida a menos. Si bien es cierto que la renta de 9.000 sestercios anuales que recibía Sila no era nada comparada con las grandes fortunas romanas, no se puede decir que viviera en la pobreza. Sí parece cierto que atravesó una mala época tras la muerte de su padre. Sin embargo, su situación cambió a mejor al heredar tanto de una “mujer pública” llamada Nicópolis, que se había enamorado perdidamente de él, como de su madrasta. Se convirtió así en un hombre medianamente acomodado y a la edad de 30 años se vio en condiciones de empezar la carrera política.
Sila nos es descrito por Plutarco como un hombre de buen semblante, piel blanquísima y ojos azules de mirada fiera. Jovial y bromista, siendo mozo, le gustaba la compañía de histriones y gente baladí; de carácter afable y muy dado a amores y disoluto en los placeres.
Tras expirar su magistratura volvió a Roma, donde se alineó con los optimates, oponiéndose así a su viejo amigo, Cayo Mario, que estaba del lado de los populares.
Su proyecto político buscaba restaurar la autoridad del Senado y frenar el ascenso de los líderes populares apoyados por las masas.
Recordamos que en oriente a los romanos no les ven superiores y los desprecian, lo contrario pasaba en Hispania que los admiraban.
La guerra era inevitable, y las dos facciones presentaron a sus elegidos para conducirla: MARIO POR LOS POPULARES Y SILA POR LOS OPTIMATES. Finalmente, el elegido fue el político favorito de los OPTIMATES, un antiguo colaborador de Mario: L. CORNELIO SILA. Sila empezó a preparar su partida, para hacer frente a MITRÍDATES, mientras la derrotada facción popular, con Mario a la cabeza, se preparaba para contraatacar. Casi inmediatamente, uno de sus tribunos, Sulpicio Rufo, presentó a la plebe un amplio programa de reformas legales, en el que se incluía desposeer a Sila del mando de la guerra y entregárselo a Mario. El programa fue aprobado, y justo cuando Sila acababa de tomar posesión de sus legiones, todavía en la Península Itálica, le llegó la noticia de que había sido relevado en el mando por Mario. Sin embargo, Sila reaccionó con una audacia y astucia inesperadas. Aseguró a sus legiones, llenas de proletarios que ansiaban obtener tierras en Asia al finalizar la campaña, que Mario iba a prescindir de ellos, llevando consigo a sus propios soldados, y consiguió que inmediatamente se rebelaran con él, marchando contra Roma, para asegurarse el mando por la fuerza de las armas. Este golpe de estado fue un paso más en el fin de la REPÚBLICA, pues revelaba que cualquiera que contara con el poder de las legiones y se apoderara de Roma, podía manipular a su antojo el estado, prescindiendo de la legalidad.
Sila trató de dejar la situación organizada a su favor en Roma, y casi inmediatamente partió a Oriente, donde Mitrídates reclamaba una atención urgente.
Tras su victoria, Sila dio reposo a sus tropas y reorganizó Asia, hasta que el 84 a.C., anunció su regreso a Roma junto a sus tropas victoriosas. Eso fue suficiente para que gran parte del senado y de la plebe se pusieran de su parte. CINNA, fue asesinado por sus propios soldados y los ejércitos de la facción popular, derrotados uno tras otro. Dos años después, el 82 a.C., Sila volvía a convertirse en señor indiscutible de Roma. Comenzaba la DICTADURA SILANA. Era la primera vez que Roma carecía de gobierno legal y un hombre concentraba todo el poder en sus manos sin haber sido nombrado dictador legalmente. No seria la última, y sentaría otro peligroso precedente en la deriva de la República hacia el Imperio.
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