LXXII- LA CAÍDA DE LA REPÚBLICA - Craso - Pompeyo - Mario - Sila - Eneas, Anquises y Ascanio (Árbol genealógico)El clan de César - Cornelia Cina -Árbol genealógico de Julio César - Pompeya - El escándalo de la Bona Dea - Calpurnia - Julia Cesaris - Ptolomeo XV César - Augusto, pincha aquí
Sin conseguir un cargo, abandonó Roma nuevamente y viajó a Rodas, donde estudió retórica. Regresó a Roma en el 73 a. C., convertido en un orador muy persuasivo.
Primer triunvirato
En el 69 a. C., César fue elegido cuestor, en el 65 a. C. edil curul y en el 59 a. C., tras un año como gobernador de Hispania, se unió a Craso y Pompeyo para formar el primer triunvirato. Para fortalecer su relación, Pompeyo se casó con la hija de César, Julia.
Guerra de las Galias
César fue elegido cónsul en el 59 a. C. y en el 58 a. C. fue nombrado gobernador de la Galia. Durante los siguientes siete años dirigió las guerras de las Galias.
Crisis política
Aparecieron diferencias entre César y Pompeyo, cuyos lazos familiares se rompieron con la muerte de Julia en el 54 a. C. En el año 52 a. C., tras el fallecimiento de Craso, Pompeyo fue nombrado único cónsul. Decidido a eliminar el poder de César, el Senado le exigió que renunciara a su mando y disolviera su ejército, o sería declarado enemigo público. Los tribunos, afines a César, vetaron esta moción, pero fueron expulsados del Senado.
Las fuerzas de Pompeyo, muy superiores en número, estaban dispersas en varias provincias y las de la península Itálica no estaban preparadas para la guerra.
Julio César cruza el Rubicón. Pintura de Gustave Boulanger en la que el general romano aparece junto a un flautista divino enviado por los dioses. 1854, Museo de Picardia.
Wikimedia Commons
En el 49 a. C., César cruzó el Rubicón, un pequeño río que separaba su provincia gala cisalpina de Italia, y marchó hacia el sur. Pompeyo huyó a Brundisium y luego a Grecia.
En solo tres meses, César controló toda la península Itálica. Sus fuerzas tomaron Hispania y el puerto clave de Massilia en Francia.
César se convirtió en dictador hasta ser elegido cónsul en el 48 a. C. En Grecia derrotó a las fuerzas de Pompeyo en Farsalia. Pompeyo huyó a Egipto, donde fue asesinado.
Cleopatra
César visitó Egipto e instaló a Cleopatra, hija del fallecido rey Tolomeo XII, como reina.
Dictador vitalicio
En el 47 a. C. sometió a Asia Menor y regresó a Roma como dictador. Su poder residía en su nombramiento como dictador vitalicio. También fue designado cónsul por diez años en el 45 a. C. y recibió la inviolabilidad de los tribunos. Como sumo sacerdote, dirigía la religión del Estado, pero sobre todo tenía el mando de todos los ejércitos.
En las provincias eliminó la corrupción en el sistema de impuestos, promovió el establecimiento de colonias de veteranos y amplió la ciudadanía romana. En Roma reorganizó las asambleas e incrementó el número de senadores. Muchas familias senatoriales temían que César quisiera proclamarse rex (rey), un título aborrecido por los republicanos.
Muerte
En el año 44 a. C., un grupo de senadores, entre ellos Cayo Casio y Marco Junio Bruto, conspiraron para asesinarlo. En los idus de marzo (15 de marzo) del 44 a. C., cuando César entró en el Senado, fue apuñalado hasta la muerte.
El mes de julio lleva su nombre
Poco antes de su asesinato, el mes de Quintilis pasó a llamarse Julio en su honor.
Fuente: Víctor Moreno, María E. Ramírez, Cristian de la Oliva, Estrella Moreno y otros
Restos arqueológicas de la guarida de piratas de Anemurium (Cilicia)
Imagina secuestrar a un hombre joven, arrogante y brillante… sin saber que ese cautivo terminaría siendo uno de los líderes más poderosos de la historia. Eso fue exactamente lo que ocurrió alrededor del año 75 a. C., cuando Julio César, antes de ser el célebre general y dictador de Roma, fue capturado por piratas cilicios en el mar Egeo. Lo que parecía una simple oportunidad de extorsión se convirtió en una de las anécdotas más fascinantes y reveladoras del carácter de César.
Antes de que Cayo Julio César se convirtiese en ese Julio César, el que años más tarde sería el romano más poderoso y reconocido de su tiempo (y de los nuestros, huelga decirlo), último dictador de una agonizante República en el cénit de su propia “crónica de una muerte anunciada”, nos encontramos con un episodio que nos muestra el carácter y la confianza en sí mismo, así como su característica altanería, que ya poseía este afamado patricio durante su juventud.
Años antes de que Cneo Pompeyo Magno acabase de forma fulminante con el problema de la piratería, el mar Mediterráneo se encontraba completamente plagado de estos bandidos, cuyas actividades, como casi todas aquellas que se llevaban a cabo fuera de la órbita de control de la capital del Lacio, chocaban directamente con los intereses de Roma. Estas prácticas, a las que el Senado romano ya había intentado poner fin anteriormente, sin éxito, ponían en peligro el comercio entre los diferentes puntos del Mediterráneo, así como el propio suministro de trigo a la urbe.
Es en este contexto marítimo y de bandidaje donde situamos, en el 74 a.C., a nuestro joven César, quien contaba con 25 años por aquel entonces. El joven patricio se dirigía a la isla de Rodas con el objetivo de estudiar con el profesor de oratoria más reconocido de su tiempo, Apolodoro Molón, pues era habitual que jóvenes aristócratas fueran a formarse a escuelas de filosofía y retórica del oriente romano, cuna de estas prácticas cuyo dominio tanto podía influir en la futura vida política de un ciudadano.
Como dice Emilio del Río en su libro Calamares a la romana (Espasa):
“Cilicia era su cuartel general, pero campaban libremente por todo el Mediterráneo. Contaban con torres de vigilancia y bases fortificadas por toda la costa”
Sin embargo, en el trayecto a Rodas, su barco fue asaltado por unos piratas en las cercanías de la isla de Farmacusa, cerca de la costa de Asia Menor. Estos piratas no provenían de otro lugar que la escarpada y resguardada costa de Cilicia, zona ideal para sus objetivos, donde formaban todo un mosaico de bastiones piráticos desde los que lanzaban sus ataques.
Mapa de la costa de Anatolia con las Islas de Farmakonisi y Rodas (fuente: google maps)
Cuando estos piratas se encontraron ante nuestro joven patricio, descendiente de una de las familias de más rancio abolengo, la gens Iulia, establecieron el pago en 20 talentos de plata por su liberación (1 talento de plata equivalía a unos 34 kg de este material). Pero, lo que sin duda no esperaban estos captores, eran las carcajadas de César al oír esta irrisoria cifra, pues ¿con quién creían que se encontraban para pedir una cifra tan pequeña? Entonces, tras escuchar la oferta entre risas, César declaró que su precio era mucho mayor, y que no iba a aceptar por su persona un rescato menor a 50 talentos, ante lo cual, la cifra de su rescate subió hasta tal cantidad, mostrando así la alta estima y consideración que tenía de su persona.
Una vez pactado el pago del rescate, César mandó a la comitiva que lo acompañaba a recabar esta elevada suma de dinero, mientras que los piratas se lo llevaron, junto a dos de sus esclavos y su médico, a uno de sus bastiones, donde, según nos cuenta el historiador griego Plutarco en su obra más famosa, Vidas paralelas, César se comportaba como el jefe de aquella banda de piratas, incluso les escribía poemas, demostrando así su alto nivel intelectual, o les amenazaba (aparentemente bromeando, creerían los piratas) de que les ahorcaría:
Siempre que iba a acostarse les daba recado con la orden de que estuvieran callados. Escribía poemas y discursos y los utilizaba como auditorio, y a los que no lo elogiaban los llamaba ignorantes, y entre risas muchas veces los amenazó con ahorcarlos. Ellos estaban divertidos y atribuían esa franqueza a una especie de ingenuidad y broma.
¿Cuál fue el destino de esta pequeña flota dirigida por el ya liberado Julio César? La escarpada costa de Cilicia. Debió de resultar inesperado para los piratas ver lo que se avecinaba por el horizonte, una escuadra de guerra dirigida contra ellos, ante lo que no tardaron en comprender que las burlas de aquel joven romano que habían retenido durante un tiempo, como habrían hecho con muchos otros, no eran baladí. No se habían topado ante un romano cualquiera.
Los piratas, así como sus riquezas, fueron tomados. Aunque aún quedaba una promesa más por saldar, pues César, como les había dicho, planeaba crucificarlos. Con este fin se dirigió al gobernador romano de Asia, Marco Junio Junco, quien no se mostró muy interesado en matar a los piratas, conocedor como era de que podría adquirir un buen precio por ellos en el provechoso mercado de esclavos. Sin embargo, César, mostrando otra vez un sentido de alta consideración para con su propia palabra e interés, decidió ordenar que los piratas fueran crucificados. Si bien es cierto, parece que les cogió en cierta estima durante su estancia con ellos, pues en un ejercicio de magnanimidad, tuvo el detalle de ordenar que antes los estrangulasen, lo que les evitó una muerte mucho más larga y dolorosa. César, al fin, había cumplido su promesa.
Fuente: Javier Fabra Rodriguez
Julio César tuvo un papel crucial en la historia de España, donde desarrolló su carrera militar y política, especialmente durante su tiempo como gobernador de Hispania Ulterior.
Primeras Estancias en Hispania
El viaje de Julio César por Hispania comienza en el año 69 a.C. en la provincia Ulterior (Lusitania y el sur de España).
Julio César mantenía buenas relaciones con los cónsules de Roma por aquel entonces, Pompeyo y Craso, quienes aspiraban a reintegrar el poder a los tribunos de la plebe.
De esta manera, César fue escogido cuestor (juez y recaudador de impuestos) en los comicios del año 70 a.C. A principios del verano del 69 a.C. partió hacia provincia de Hispania Ulterior, bajo las órdenes del gobernador Antistio Veto.
En aquel momento, había cuatro grandes ciudades en dicha provincia romana: Gades, Corduba, Hispalis y Astigi (la actual Écija) Como cuestor, y aparte de impartir justicia, Julio César tenía la obligación de llevar las cuentas de la provincia.
Desarrolló estos menesteres con eficacia, pero sus responsabilidades quedaron pequeñas para su ambición, y un año después abandonó la provincia a petición propia.
Julio César prosiguió su carrera política en Roma en la que fue edil curul, pontífice máximo y pretor (año 62 a.C.) Pero echaba de menos Hispania, a la que regresó en el 61 a.C., pero esta vez revestido de la máxima autoridad, como gobernador o propretor.
Esta etapa de su vida, que se prolongaría casi dos años, resultó fructífera. En el plano militar inició una campaña contra los lusitanos, a quienes obligó a abandonar la zona de la Serra da Estela (Portugal), y realizó otra incursión en el territorio de los vetones, en la cuenca del río Duero.
DE REGRESO A ROMA DESEMPEÑÓ EL PUESTO DE EDIL, Y SE DISTINGUIÓ POR SU POLÍTICA MUNIFICENTE Y POR SU APOYO A POMPEYO
- CONSULADO DE CÉSAR: 59 a.C.
- DISTRIBUCIÓN DE TIERRAS A LOS VETERANOS DE POMPEYO
- CONCESIÓN DE UNA CAMPAÑA MILITAR A CRASO
- CONCESIÓN DE UNA CAMPAÑA MILITAR A CÉSAR
- ENVIO AL EXILIO DE CICERÓN QUE SE HABÍA ATREVIDO A CALIFICAR EL TRIUNVIRATO DE "MONSTRUO DE TRES CABEZAS"
- LA APROBACIÓN DE LAS MEDIDAS SE GARANTIZÓ INTRODUCIENDO A VETERANOS DE POMPEYO EN LAS REUNIONES DEL SENADO
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