domingo, 28 de febrero de 2021

AMÉRICA LATINA ENTRE LO REAL Y LO FANTÁSTICO - Perú - El reino Chimú - Conquista incaica - Chan Chan (ciudad precolombina de adobe)

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AMÉRICA LATINA ENTRE LO REAL Y LO FANTÁSTICO  - Perú - Antiguo Perú - Machu Picchu, ícono de la arquitectura incaica - Cuzco, pincha aqui 

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El reino Chimú


El Reino Chimú o Reino Chimor (Cultura Chimú) fue un estado andino que se estableció en las costas del actual Perú, tras el decaimiento del imperio huari, entre los departamentos de Tumbes y Lima, su capital fue Chan Chan. El reino se desarrolló entre los años 1000 y 1470, periodo denominado Estados Regionales Tardíos. Fue el reino costeño más próspero y poderoso de América andina precolombina.

Los chimúes se destacaron en el plano urbanístico gracias a sus formidables construcciones. Muestra de ello son Chan Chan, la fortaleza de Paramonga, entre otras. Así también se destacaron en metalurgia, en los que utilizaron una diversidad de técnicas y metales para su elaboración; y en textilería (tejidos de algodón, lana de llama, alpaca y vicuña).

La cultura huari o huari fue una civilización andina que floreció en el centro de los Andes aproximadamente desde el siglo VII hasta el XIII d. C., llegando a expandirse desde los actuales departamentos peruanos de Lambayeque por el norte, Moquegua por el sur y hasta la selva del departamento del Cuzco por el este.
La ciudad más grande asociada con esta cultura es Wari, que se encuentra ubicada unos 20 kilómetros al noroeste de la actual ciudad de Ayacucho. Esta ciudad fue centro de un imperio que cubría la mayor parte de la sierra y la costa del Perú actual. El Imperio wari estableció centros arquitectónicos distintivos en muchas de sus provincias, tales como Cajamarquilla o Piquillacta. Es, junto al Imperio incaico, una de los dos únicas culturas consideradas «imperiales» aparecidas en el hemisferio sur.

El reino chimú comenzó siendo uno más de los estados que surgieron tras la caída del Imperio huari., según la leyenda Tacaynamo (fundador mítico de los Chimúes) arribó a la costa del valle de Moche con su séquito en flota de balsas, su procedencia es desconocida, y adoptó el nombre de “Gran Chimú”.

El río Moche es un corto río de la vertiente del Pacífico, localizado en la costa norte del Perú, en el departamento de La Libertad.

Los sucesores del mítico fundador chimú, Tacaynamo se apoderaron los valles adyacentes a Chan Chan, posteriormente fueron controlando paulatinamente a los demás señoríos y curacazgos tanto del norte y del sur de sus fronteras.

De Tacaynamo solo se tiene conocimiento gracias a una crónica escrita en 1604, cuyo autor es anónimo, en la que habla de que “No se sabe de donde hubiese salido él"

Conquista incaica

En el libro VI de los Comentarios reales de los incas, del Inca Garcilaso de la Vega, se narra la conquista incaica del reino Chimú (Capítulo XXXII: «Van a conquistar al rey Chimú, y la guerra cruel que se hacen» y Capítulo XXXIII: «Penitencia y aflicciones del Gran Chimú, y como se rinde este».)

Garcilaso sitúa esta conquista bajo el reinado del Inca Pachacútec, con quien empezó la expansión imperial incaica. 

Gómez Suárez de Figueroa, renombrado como Inca Garcilaso de la Vega a partir de 1563 (Cuzco, Gobernación de Nueva Castilla, 12 de abril de 1539 - Córdoba, España, 23 de abril de 1616), fue un escritor e historiador de ascendencia hispano-incaica nacido en el territorio actual del Perú.

En su obra cumbre, los Comentarios Reales de los Incas, publicada en Lisboa en 1609, expuso la historia, cultura y costumbres de los Incas y otros pueblos del antiguo Perú, libro que luego del levantamiento de Túpac Amaru II sería prohibido por la Corona española en todas sus provincias en América, al considerarla sediciosa y peligrosa para sus intereses, pues alentaba el recuerdo de los Incas.​ Esta prohibición rigió desde 1781, aunque la obra se siguió imprimiendo en España.

Chan Chan es una ciudad precolombina de adobe, construida en la costa norte del Perú por los chimúes. Es la ciudad construida en adobe más grande de América​ y la segunda en el mundo. Se ubica al noroeste del área metropolitana de Trujillo entre los distritos de Trujillo y Huanchaco. Fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986 e incluida en la Lista del Patrimonio de la Humanidad en peligro en el mismo año.

"En las construcciones chimúes, los problemas mayores a los que tuvieron que responder, eran derivados del uso del barro, al tener que cubrir espacios de 2 a 3 metros de luz. Hicieron dinteles y arcos adintelados, inventando una serie de soluciones ingeniosas. Sólo así pudieron lograr con materiales inestables construcciones tan estables y consistentes.
Para construir cubiertas adinteladas con barro y hormigón, primero se hacían los recintos o cubículos muy resistentes. Luego se les llenaba de arena seca, piedras medianas y una capa superior de arena gruesa, conformando un relleno que al sufrir las fuerzas de gravedad, creaba empujes hacia los muros, evitando la deformación de éstos" (Campana - 2000).

Chan Chan está formado por nueve ciudades ciudadelas o pequeñas ciudades amuralladas. Todo el conjunto fue la capital del reino Chimor, organización estatal de la cultura Chimú.


La ciudad de Chan Chan, la capital de Chimú, localizada a 5 km de la actual ciudad de Trujillo, está cruzada por calles y avenidas, perfectamente delineadas, que separan depósitos, pozos de agua, talleres, palacios de la nobleza y barrios de trabajadores. Poseía una red de caminos que la conectaban con los centros administrativos de los valles circundantes.


Por su gran volumen y su antiguo prestigio de haber sido la capital de un importante y rico reino, Chan Chan ha estado presente en el interés de los viajeros e investigadores desde hace siglos.


Tacaynamo fue el primer soberano de Chan Chan. Tuvo un hijo llamado Guacricaur, y este uno al que llamó Ñancempinco. Fueron diez los reyes de esta dinastía. El último, Minchancaman fue derrotado por los incas.

Estimaciones actuales indican que tuvo de 20 000 a 30 000 habitantes en su fundación, pero cuando el reino se expandió (desde 1300 aprox.) la población aumentó de 60 000 a 100 000 habitantes. Cuando Túpac Yupanqui sitió la ciudad en 1470 y destruyó los acueductos que le suministraban agua, la población se redujo a unas 5000 o 10 000 personas. Finalmente hacia 1500 los chimúes se rebelaron y Huayna Cápac la saqueó y quemó parcialmente. La población total del reino chimú era de 500 000 personas. Tras la conquista se redujo a 40 000 en un siglo.

"Todas las inmensas construcciones se hicieron en base a la fuerza de trabajo de artesanos, constructores, campesinos, ranas, quienes preparaban el barro, adobes, adobones o dinteles, elaborado a manera de una "loza" prensada "in situ" para cubrir una luz de 2.40 m.
Durante la época del Virreinato del Perú (1532 - 1821), Chan Chan fue objeto de múltiples saqueos y destrucciones, pues existía la creencia que entre sus muros y pirámides estaba escondido un gran tesoro en piezas de oro y plata.

El 27 de julio de 1932 durante la Revolución Aprista de Trujillo un número indeterminado de ciudadanos fueron fusilados en las ruinas de Chan Chan por miembros del Ejército del Perú, esto debido a que guerrilleros del APRA que habían asaltado el cuartel O’Donovan asesinaron a varios militares urristas durante el caótico gobierno del general Luis Miguel Sánchez Cerro.

El sitio arqueológico cubre un área de aproximadamente unos 20 kilómetros cuadrados, siendo considerada la ciudad de barro más grande del planeta.

El Ministerio de Cultura de Perú anunció nuevos hallazgos en la enorme ciudad de barro del Reino Chimú: 20 ídolos de madera antropomorfas y un corredor decorado con relieves de barro. (2018)
Arqueólogos limpian las máscaras de arcilla de los ídolos de madera que protegen la entrada de un centro ceremonial en la ciudad de Chan Chan, en el precolombino de Chan Chan, cerca de Trujillo, Perú. (Foto AP / Martín Mejía)

La forma arquitectónica en la que está organizada Chan Chan refleja que existió una fuerte estratificación, con clases sociales distintas ocupando diferentes áreas y edificios propios a su condición económica. Las ciudadelas, por ejemplo, están protegidas por altas murallas y tienen un solo acceso, facilitando el control de los que ingresaban y salían.


Los chimúes tuvieron como principal divinidad a la Luna, denominada Si, a quien sacrificaban niños menores de 5 años. La luna, encabezaba las divinidades chimúes y tenía un templo. En orden de importancia seguía el sol, las constelaciones y el mar, llamado ni. Los diferentes santuarios que se encontraban tanto en los centros urbanos como en las zonas rurales también completaban el universo de dioses. El soberano fue considerado una deidad. El culto al antepasado estuvo generalizado en toda la población.

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LOS MURALES DE JUAN O’GORMAN EN LA BIBLIOTECA CENTRAL DE LA UNAM

Esta biblioteca de la UNAM es uno de los acervos bibliográficos más importantes de nuestro país y una espectacular pieza de arte.
"Desde el principio, tuve la idea de hacer mosaicos de piedras de colores en los muros ciegos de los acervos, con la técnica que ya tenía bien experimentada. Con estos mosaicos la biblioteca sería diferente al resto de los edificios de la Ciudad Universitaria, y con esto se le dio carácter mexicano.", dijo O'Gorman sobre éste, uno de los mosaicos más grandes del mundo.

La Biblioteca Central de la UNAM comenzó a construirse en 1950 y abrió sus puertas en 1956. Fue diseñada por el arquitecto y pintor Juan O?Gorman, y es clasificada como una obra maestra de la arquitectura funcionalista. Se trata, no solamente de una de las colecciones bibliográficas más importantes de nuestro país, sino también de una espectacular pieza de arte.

Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO, la Biblioteca Central resguarda 428,000 volúmenes de la colección general y 70,000 en su colección histórica. Además cuenta con un fondo antiguo con ejemplares impresos previos a 1800, y una considerable hemeroteca.

La base de la edificación está hecha con piedra volcánica (proveniente del pedregal donde se encuentra) y está labrada con motivos de las culturas prehispánicas mexicanas. La entrada norte del edificio está adornada con una fuente en forma de Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad, un motivo que se repite en distintos lugares del edificio. Además, en las bardas del jardín de la planta principal se encuentran labradas las siluetas del dios Quetzalcóatl, de Ehecátl (deidad del viento) y una máscara rodeada de serpientes.

Realizado con piedras de colores y titulado Representación histórica de la cultura, el mural que cubre el cuerpo entero del edificio funciona como un códice, es decir, supone una narración de la historia de nuestro país en diversas etapas, y de la importancia de la Universidad Nacional.

El muro sur retrata la llegada de los españoles a México y la Conquista, así como la dualidad Dios-Diablo. Además presenta la parafernalia de dicha etapa de la historia, como iglesias, cañones, mapas, monjes y códices.

El muro norte del edificio representa imágenes de las culturas prehispánicas mesoamericanas y sus deidades. Su temática gira en torno a la dualidad vida-muerte. El lado norte está ilustrado con el rostro de Tláloc, enmarcado con un par de manos abiertas y retrata diferentes escenas del pasado prehispánico de México, como la fundación de Tenochtitlán.

El muro oriente retrata la modernidad mexicana, siendo la Revolución uno de sus ejes temáticos. En el centro hay un modelo del átomo, principio generador de la vida. Hay también una Luna y un Sol, una representación más de la dualidad.

El muro poniente habla de la Universidad Nacional y su importancia, siendo el escudo de ésta uno de los temas principales. También hay distintas alegorías y representaciones de todo eso que esta magna casa de estudios representa: la ciencia, la cultura, el deporte, etcétera.

Juan O'Gorman (6 de julio de 1905 – 18 de enero de 1982)​ fue un destacado pintor y arquitecto mexicano, hermano del historiador Edmundo O'Gorman.

Autorretrato 1950

Se convirtió en un arquitecto destacado bajo la influencia de Le Corbusier y ayudó a introducir a México la arquitectura funcionalista. En una etapa posterior, se percibe la influencia de Frank Lloyd Wright y de su arquitectura orgánica. A lo largo de su carrera, fue profesor en el Instituto Politécnico Nacional, donde creó la carrera de ingeniero arquitecto.

En su carrera como arquitecto, trabajó en grandes proyectos tales como el nuevo edificio del Banco de México y diseñó/construyó 26 escuelas primarias en la Ciudad de México. En Jardines del Pedregal de San Ángel, edificó, a principios de los años cincuenta, su propia casa, una verdadera obra de arte que, lamentablemente, fue demolida posteriormente. En la zona de San Ángel, O'Gorman diseñó y construyó en 1931–1932 el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo para ambos artistas.

Su obra fue un parteaguas en la arquitectura moderna. Las casas construidas por Juan O’Gorman para Diego y Frida Kahlo son un ejemplo de su arquitectura funcionalismo, en ellas el arquitecto juega de manera innovadora con dobles alturas, volúmenes y materiales que imprimen un sello particular en la manera de habitar el espacio; “El mínimo de gasto y esfuerzo por el máximo de utilidad.”, es la premisa que sintetiza su obra ya clásica dentro de la historia de la arquitectura. Esta nueva propuesta resalta la simplicidad de las formas y concede gran pureza a la construcción. 

Azoteas que conectan la casa de Diego Rivera y Frida Kahlo
El Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo se encuentra en el sur de la Ciudad de México y está dedicado a preservar la memoria del muralista y su esposa; así como al estudio y análisis de su generación artística.
Por encargo de Diego Rivera, en 1931 Juan O'Gorman diseñó una de las primeras construcciones funcionalistas de Latinoamérica: una casa para el pintor y otra para su esposa Frida Kahlo, donde cada uno tendría su propio estudio.​ Se trata de dos bloques de hormigón liso que albergan cada uno una casa, una roja con blanco (el pintor) y otra azul (para la artista), independientes una de la otra y unidas solamente por un pequeño puente en su parte superior.


Víctima de la censura

En 1936, O'Gorman realizaría tres tablas sobre la conquista del espacio para el Aeropuerto Nacional. Dos de ellas fueron destruidas porque incluían, en una exagerada representación caricaturesca, las figuras de Adolfo Hitler y Benito Mussolini, hecho que, al producirse en plena Segunda Guerra Mundial, hizo temer que pudiera provocar tensiones. Las dos tablas pasaron, pues, a engrosar la larga lista de las obras de arte víctimas de la política. La tercera de ellas se conserva hoy en el Museo de Historia de Chapultepec.

Los mitos paganos (1947)

Por lo que respecta a la pintura de caballete, O'Gorman aborda temas complejos de intención y características diversas, que, con un predomino del sarcasmo macabro, oscilan entre el detallismo cargado de fantasía de sus Mitos y la lineal geometría de Recuerdos de Guanajuato, pasando por la sátira cruel de los Enemigos del pueblo.

La ciudad de México, óleo de O'Gorman

Miembro de la Academia de Artes, recibió en 1972 el Premio Nacional de Artes, por su aportación a los campos artísticos pictórico y arquitectónico, y se mantuvo activo hasta que, en 1982, le sorprendió la muerte cuando se hallaba trabajando (apoyado por un equipo de colaboradores reclutados entre sus discípulos y seguidores de la Universidad de México) en unos frescos para el Museo Nacional de Historia y para el castillo de Chapultepec.

Fuente: Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004)

(III) El imperio Mexica (Los aztecas) - El sacrificio humano entre los mexicas - Códice Tudela - Las guerras floridas o Xochiyáoyotl - Canibalismo - Recinto de las águilas - Penacho de Moctezuma - Iglesia de Santiago Tlatelolco

(II) El imperio Mexica (Los aztecas) - El Templo Mayor de Tenochtitlan - La pirámide majestuosa - El Códice Mendoza - Códex Tovar - Bernardino de Sahagún - Monolito de Coyolxauhqui, pincha aqui 

El sacrificio humano entre los mexicas

El sacrificio humano en el mundo precolombino fue una práctica religiosa que se realizaba en el contexto de ciertos cultos de los pueblos indígenas de América. Esta práctica fue prohibida por los españoles a los pocos años de su llegada al continente americano. Gran diversidad de documentos y relatos son corroborados con abundante evidencia arqueológica e histórica dando cuenta de ello. La arqueología desde el siglo XX da clara muestra de su extendida práctica en Mesoamérica. El sacrificio humano debe ser entendido en su contexto histórico y cultural.

Sacrificios humanos mostrados en el Códice Magliabechiano
El Códice Magliabecchiano, algunos lo escriben Magliabechiano, es uno de los códices coloniales de México, creado durante el siglo XVI en el periodo colonial temprano. Forma parte de un conjunto de códices que incluyen el Códice Tudela y el Códice Ixtlilxóchitl.
El Códice Magliabecchiano es fundamentalmente un documento religioso. Contiene 92 páginas que son propiamente un glosario de elementos religiosos y cosmológicos. Muestra los nombres de los 20 días del tonalpohualli, calendario religioso de 18 meses que forma parte del ciclo de 52 años mexica. Muestra también algunas deidades, ciertos ritos y vestidos, así como creencias cosmológicas.

Facsímil del Códice Tudela expuesto en el Museo de América de Madrid.
El Códice Tudela o Códice del Museo de América es un códice azteca del siglo XVI. Está considerado el segundo libro más importante de la colección del museo tras el Códice Tro-Cortesiano o Códice de Madrid (maya). Por necesidades de conservación lo que se expone al público es un facsímil y el original permanece guardado en la cámara acorazada del Museo. Forma parte de un grupo de códices coloniales de México conocido como Grupo Magliabechiano, junto con el Códice Magliabechiano (Biblioteca Nacional Central de Florencia), el Códice Ixtlilxóchitl I (la primera parte del Códice Ixtlilxóchitl) (Biblioteca nacional de Francia, París), el Códice Fiestas y el Códice Veitia (los dos últimos en la Real Biblioteca de Madrid), entre otros.

El objeto de análisis del libro Sacrificio humano y tratamientos postsacrificiales en el Templo Mayor de Tenochtitlan, editado por el INAH, son 99 individuos decapitados y dos infantes recuperados en 26 ofrendas y en el relleno constructivo de esta edificación, principalmente en la plataforma que correspondía al adoratorio del dios de la guerra, Huitzilopochtli, y algunos procedentes de la plaza principal frente a éste.

Este centenar de individuos fue recuperado de las etapas constructivas del Templo Mayor que datan de los periodos de mayor expansión del imperio mexica, los de Axayácatl, Tízoc y Ahuízotl, entre 1469 y 1502. La mayoría de estos contextos arqueológicos salieron al descubierto en la segunda mitad del siglo XX, y se intensificaron a partir de 1978 con la instauración del Proyecto Templo Mayor.

La arqueología ha confirmado lo mencionado en fuentes escritas. Luego del sacrificio, mientras los cuerpos de los inmolados iban a parar probablemente al remolino de Pantitlán o al calpulli (barrio), sus cabezas permanecían en el recinto sagrado de Tenochtitlan. Este segmento anatómico se convertía entonces en un elemento transmutable en significados, como explica la maestra Ximena Chávez Balderas.

Representación ilustrativa de sacerdotes y un cautivo español de la expedición de Hernán Cortés a punto de ser sacrificado, este se encuentra despojado de su vestimenta, vestido solo con un maxtlatl, sandalias y tiene pintado y adornado su cuerpo para ser sacrificado. Ilustración del libro The conquest of México de William Hickling, 1796-1859.

“En realidad tenemos los restos de pocas victimas sacrificiales porque el Templo Mayor no fue concebido como el lugar de enterramiento para todas las víctimas, sólo algunas eran llevadas al edificio durante ceremonias específicas; por ejemplo, para consagrarlo durante su inauguración o alguna ampliación. Las cabezas cercenadas se enterraban casi de inmediato a la decapitación, aún con las vértebras cervicales articuladas.

Sacrificios aztecas (mexicas)

En Xochimilco, al sur de la actual Ciudad de México se encontraron los restos de un niño de tres a cuatro años cuyos huesos presentaban una coloración naranja o amarilla traslúcida; texturas tersas o vítreas, y compactación del tejido esponjoso, además de estallamiento del cráneo debido a elevadas temperaturas. Dado que después de sacrificarlos los mexicas solían hervir algunas de las cabezas, brazos y piernas para banquetes caníbales los arqueólogos concluyeron que el cráneo fue hervido y estalló debido a la ebullición de la masa encefálica. Fotografías del cráneo han sido publicadas en revistas especializadas.

En Tula, los toltecas asociaban la práctica de sacrificios humanos a la veneración de Tezcatlipoca. En la mitología mexica, a partir de las reformas de Tlacaélel el sacrificio era el recurso humano para salvar al universo de su destrucción, asegurando la supervivencia del sol, y con ello la vida misma. Un ciclo de 18,980 días se repetía cada 52 años, al término del cual el «Quinto Sol» (Nahui Ollin) corría el riesgo de extinguirse para siempre, y la tierra de ser dominada por los seres de la noche. Un enemigo debía entonces ser sacrificado en el monte Huixachtépetl para hacer brotar el fuego nuevo, después de lo cual sangre y corazones humanos debían, periódicamente, nutrir al dios durante los siguientes 52 años. La práctica servía también a una estrategia de dominación: garantizar los privilegios de las clases dominantes.

Las guerras floridas o Xochiyáoyotl eran un tipo de guerra ritual propio de los Aztecas en los siglos anteriores a la Conquista consistente en el acuerdo entre varias ciudades de organizar combates en los que se capturaban prisioneros de ambos bandos que eran sacrificados ritualmente; con frecuencia, se realizaban en condiciones de sequía extrema.
Algunos autores como Román Piña Chan aseveran que su única función era obtener víctimas para los sacrificios humanos, forma de pacificar los dioses en momentos de intensas hambrunas.

Las ceremonias ligadas a la Guerra Florida o Xochiyáoyotl también fueron formas sacrificiales. Los prisioneros capturados podían ser guerreros enemigos de poblaciones aledañas a Tenochtitlan.
Los sacrificados a Xipe Tótec eran desollados después de muertos. Su piel era utilizada por los sacerdotes que, poniéndosela encima, personificaban al dios.
Bernardino de Sahagún, autor de documentos valiosos para la reconstrucción de la historia del México precolombino, cuenta que los sacrificadores se extraían sangre a ellos mismos durante los cinco días anteriores al rito. En la víspera se organizaba la solemne «danza de los cautivos», donde la víctima era forzada a bailar. Las personas condenadas a morir y sus sacrificadores pasaban la noche en vela juntos. Estos cortaban a aquellos un mechón de cabellos para conservarlos como trofeo y objeto mágico portador del «tleyotl» (fuego interior de la víctima). Al amanecer, el sacrificador llevaba a la víctima al templo. Antes de subir, se le retiraba parte de la vestimenta para descubrirle el pecho y, acto seguido, los sacerdotes la subían a la pirámide truncada, donde se la colocaba de espaldas sobre la piedra de sacrificio, sujetada de las extremidades por cuatro sacerdotes ayudantes, tirando hacia abajo para combar la espalda y exponer más el pecho; mediante un corte a la altura del diafragma, el sumo sacerdote le extirpaba el corazón.
Anualmente se acostumbraba realizar el sacrificio de un músico, por lo que se debía elegir a un prisionero joven para educarlo en las artes musicales, principalmente en tocar una especie de flauta cerámica. Era cuidadosamente alimentado y ricamente vestido como si se tratara del propio dios Tezcatlipoca. Un mes antes del sacrificio era casado con cuatro doncellas las cuales lo acompañaban hasta el día de su inmolación cuando era llevado en barca por el lago hasta llegar a una isla donde había un teocalli, donde éstas lo abandonaban. El músico se dirigía al templo y subía cada peldaño (rompiendo las flautas que había tocado durante su consagración) y al llegar a la parte superior era tomado por sus victimarios que lo sujetaban de sus extremidades y uno de ellos, que era el sacerdote, le abría el pecho con un cuchillo de obsidiana o sílex llamado técpatl, le arrancaba el corazón y lo decapitaba. Su sangre era recogida en un cuauhxicalli, su cabeza clavada en un tzompantli, su corazón quemado como ofrenda a los dioses y el resto de su cuerpo era despeñado por la escalinata del templo.
Códice Tudela

Además de la extracción del corazón, había otras formas de sacrificio que se aplicaban en rigurosa conformidad al calendario azteca: decapitación, despeñamiento desde un templo, flechamiento, encerramiento en cuevas, ahogamiento, asamiento y «rayamiento» (lucha ritual).

PIEDRA DEL SACRIFICIO. Del sacrificio por extracción de corazón se tiene evidencia tanto en los códices prehispánicos como en las crónicas de los misioneros. En el folio 255r. del Códice Matritense del Gran Palacio, los informantes indígeneas de fray Bernardino de Sahagún asentaron en náhuatl la forma en que este sacrificio, llamado tlacamictiliztli, se llevaba a cabo. En la actualidad se cuenta con una traducción al español del texto náhuatl elaborada por el doctor Miguel León-Portilla: “Tlacamictiliztli. Muerte sacrificial. así se hacía la muerte sacrificial: con ella muere el cautivo y el esclavo, se llamaba ‘muerto divino’. Así lo subían delante del dios, lo van cogiendo con sus manos y el que se llamaba colocador de la gente, lo acostaba sobre la piedra del sacrificio. Y habiendo sido echado en ella, cuatro hombres lo estiraban de sus manos y pies. Y luego, estando tendido, se ponía allí el sacerdote que ofrecía el fuego, con el cuchillo con el que abrirá el pecho al sacrificado. Después de haberle abierto el pecho, le quitaba primero su corazón, cuando aún estaba vivo, al que le había abierto el pecho. Y tomando su corazón, se lo presentaba al sol”.
A menudo, a la extracción de corazón le seguían prácticas como desollar el cuerpo y vestir la piel de la víctima durante más de veinte días en honor al dios Xipe Tótec. Entre los aztecas hubo una especie de comunión con los dioses. En muchas de las fiestas que tenían lugar cada veinte días, en particular durante la llamada tlacaxipehualiztli, “desollamiento de hombres”, el cuerpo de la víctima que hacía las veces del dios era desmembrado y repartido entre los participantes del rito para elaborar una comida a base de granos de maíz y carne humana llamada “tlacatlaolli, maíz desgranado de hombres”. Esta comida era sumamente apreciada, pues guardaba la fuerza del dios y permitía que los humanos se pusieran en contacto con su esencia.

Sacrificios humanos aztecas, documental, PINCHA AQUI


Canibalismo
El sacrificio y posterior canibalismo rituales se iniciaron en Mesoamérica hace 2500 años o tal vez antes. El Conquistador Anónimo dice que los prisioneros de guerra a quienes los mexicas no canibalizaban los esclavizaban.
Bernal Díaz del Castillo dice que el tlatoani mismo compartía el canibalismo de su época. «Oí decir que le solían guisar carnes de muchachos de poca edad» para Moctezuma, y en esa misma página se lee que «nuestro capitán le reprendía el sacrificio y comer carne humana, que desde entonces mandó que no le guisasen tal manjar».
En Historia de Tlaxcala Diego Muñoz escribió: «Ansí había carnicerías públicas de carne humana, como si fueran de vaca y carnero como en día de hoy las hay»


RECINTO DE LAS ÁGUILAS O CASA DE LAS ÁGUILAS, TEMPLO MAYOR DE TENOCHTITLAN

Arriba: Flores de Cuatro Pétalos y Banqueta con Relieves de Guerreros. Templo Mayor. Abajo: Detalle de una banqueta con relieves de guerreros. Templo Mayor. Fotos: Oliver Santana / Raíces; Jorge Pérez de Lara / Raíces

El edificio fue construido hacia la etapa V del Templo Mayor (1480 d.C.) y sobre él se colocó una nueva etapa constructiva, de la que vemos el basamento y dos escaleras que permitían llegar a su interior.
Los estudios sobre la Casa de las Águilas parecen indicar que se trata de un conjunto destinado a ciertas ceremonias, pues en su interior se han detectado, mediante técnicas de arqueometría y otras, acumulación en determinadas áreas de restos de componentes de la sangre, como en las grandes esculturas de barro, y la presencia de productos que contenían grasas vegetales y animales, así como carbohidratos de una sustancia rica en azúcares y almidones, posiblemente pulque.


Al parecer, el tlatoani o gobernante llevaba a cabo un ritual en el cual salía por la puerta que da al poniente –donde se encontraron los guerreros águila–, para seguir el camino del Sol hacia el poniente. El vestíbulo lo llevaría hacia la puerta que da al norte, donde están las figuras de Mictlantecuhtli, hacia el lugar de los muertos o Mictlan. Hay que recordar que al norte se le consideraba el rumbo de los muertos, el mictlampa. Así, el recorrido se hacía desde el nacimiento del Sol hasta su ocaso.

La Triple Alianza fue la última confederación de estados indígenas ubicados en el valle de México, durante el período posclásico mesoamericano, conformada por México-Tenochtitlan, de filiación étnica nahua-mexica, Tetzcoco (alternativamente escrito como Texcoco) de filiación étnica acolhua y Tlacopan (hispanizado Tacuba) de tradición otomiana y tepaneca, luego de la derrota de Azcapotzalco por parte de estos tres señoríos en 1427. Dicha formación política tenía repercusiones en el tributo, la impartición de justicia y las campañas militares. La existencia de alianzas de este tipo en Mesoamérica no se limita al altiplano mexicano, pues es conocido que otras etnias las conformaban, como los Purépechas (o Tarascos) con Tzintzuntzán-Ihuatzio-Pátzcuaro, los mayas con Uxmal-Chichen Itzá-Mayapán (Liga de Mayapán) o los mixtecos con Tilantongo-Teozacoalco-Zaachila.
La conformación tenía una función esencialmente económica (con la consiguiente repartición y distribución de los tributos obtenidos de otros pueblos, que en el caso de la última Triple Alianza correspondía a 3/6 partes para México-Tenochtitlan, 2/6 para Texcoco y 1/6 para Tlacopan); jurídica (el triple lugar de los tribunales) y militar (para unir tropas y derrotar a enemigos poderosos).


Moctezuma II, Emperador azteca (1467-1520)
Monarca azteca que se enfrentó a la conquista española, nacido en Tenochtitlan en 1466 y muerto en 1520, cuyo título fue el de Huey Tlatoani o 'Gran Orador'. Su figura es muy controvertida, no solo por las drásticas decisiones que tomó frente a los invasores, sino también por su forma personalista de gobernar. Vida Motecuhzoma Xocoyozin ('Señor que se enoja', 'el joven'), fue el segundo Huey Tlatoani azteca de este nombre, ya que su antecesor fue Motecuhzoma Ilhuicamina, quien gobernó de 1440 a 1469. 


El conocido por los españoles como Motecuhzoma, fue hijo de Axayácatl y tuvo una educación propia de su condición nobiliaria. Fue elegido Huey Tlatoani o Jefe de la Confederación Azteca por el Tlalocan o Consejo en 1502, en sucesión de su tío Ahuitzotl. Sus grandes dotes militares le caracterizaban como un gran conquistador y durante su reinado afrontó varias guerras importantes, como la realizada contra Huexotzinco (1505-15 y 1518), la Guerra Florida contra Cholula (1508), así como las que dirigió contra Tlaxcala (1504, 1515 y 1518), a las que sucedieron varios fracasos contra los tarascos.
El nuevo Tlatoani realizó una verdadera revolución aristocrática, ya que robusteció la clase nobiliaria y eliminó los viejos vestigios igualitaristas que existían desde los primeros años de existencia de la Confederación azteca.


El 8 de noviembre de 1519 Cortés y su hueste entraron en la capital mexicana, con lo que se inició la conquista de México. Motecuhzoma cometió el error de no enfrentarse a los españoles desde el primer momento. Cuando regresó a Tenochtitlán de San Juan de Ulúa, los españoles fueron atacados por los guerreros aztecas dirigidos por Cuauhtémoc, sobrino de Motecuhzoma. Cortés pidió entonces al tlatoani prisionero que se dirigiera a su pueblo desde un balcón de palacio y les ordenara deponer su actitud hostil. Cuando lo hizo, el 30 de junio de 1520, Motecuhzoma supo también que había sido depuesto, pues el Consejo había nombrado en su lugar a su primo Cuitláhuac, señor de Iztapalapa, para dirigir la resistencia contra los invasores. Los aztecas tiraron piedras al grupo, y una de ellas dio a Motecuhzoma, que murió por las heridas sufridas, aunque otra versión indica que falleció de inanición al negarse a ingerir alimentos.
(Fuente: MCNbiografias)

Penacho de Moctezuma: cómo terminó en Austria este tesoro prehispánico (y otras piezas emblemáticas que están fuera de México)

Marcos González Díaz
Corresponsal de BBC News Mundo en México

2021 es el año que México ha elegido para mostrar al mundo con orgullo algunos de sus más preciados y fascinantes tesoros prehispánicos.

El gobierno de México conmemorará los 200 años de su independencia, los 500 de la conquista por parte de España y los 700 de la fundación de Tenochtitlán, capital del imperio mexica.

"Por estos acontecimientos, queremos mostrar a los mexicanos la grandeza cultural de nuestro pueblo que, por los intereses de quienes nos invadieron y colonizaron, fue distorsionada", expuso el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

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El problema es que muchas de estas obras se encuentran en otros países como consecuencia del "saqueo" de patrimonio histórico sufrido en el pasado.

Entre las obras más ansiadas y reclamadas por México sobresale una que permanece desde hace siglos en Austria: el penacho del México Antiguo, más conocido como penacho de Moctezuma.

Su sobrenombre se debe a la teoría más extendida sobre su origen: que el penacho fue un regalo de Moctezuma a Hernán Cortés a la llegada del español a las costas del golfo de México a inicios del siglo XVI.

Esto, según expertos, descarta la idea de que esta pieza concreta -compuesta por plumas de quetzal y otras aves montadas sobre una base de oro y piedras preciosas- fuera víctima de pillaje por parte de las tropas del conquistador español.

Aunque Moctezuma le hubiera obsequiado el penacho a Cortés para entablar relaciones, no está comprobado que hubiese sido realmente utilizado por el líder azteca.

Expertos sostienen que es más probable que este tipo de objeto fuera utilizado por sacerdotes en ceremonias en lugar de por emperadores, quienes solían usar diademas de oro con una pieza triangular al frente.

Pero la mayor incógnita sobre la historia del penacho es, sin duda, saber cómo y cuándo exactamente llegó hasta Austria.

Una de las principales hipótesis destaca el origen austríaco de la familia Habsburgo a la que pertenecía el rey Carlos I de España y V de Alemania, a quien Cortés le hizo llegar el penacho. Esto podría ser uno de los factores para que la pieza acabara en ese país europeo.

Tras llegar a manos de la Corona española, Escamilla admite que hay "un hueco en la historia del penacho", hasta que a finales del siglo XVI la pieza fue localizada como parte de la colección propiedad del archiduque Fernando II de Habsburgo, quien era pariente de Carlos I.

Desde hace años, está considerada la pieza más relevante y estudiada en el Museo del Mundo de Viena, la capital austríaca.

En la actualidad, la opción más cercana y accesible para los mexicanos que quieren conocer el emblemático penacho es gracias a la réplica que se exhibe en el Museo de Antropología de Ciudad de México. El artista que creó la copia en 1940 tuvo que recurrir a imágenes de archivo, ya que no tuvo acceso a la obra original. Pero México no se rindió y siguió tratando de conseguirla.

En 1991, el gobierno mexicano reclamó a Austria su devolución. Veinte años más tarde, matizó su oferta y le ofreció intercambiarlo temporalmente por la carroza del emperador Maximiliano de Habsburgo y segundo emperador de México que se exhibe en la capital del país.

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Sin embargo, una restauración del penacho a cargo de especialistas mexicanos y austríacos entre 2010 y 2012 concluyó que el frágil estado de la pieza no permitía su traslado de ninguna manera.

Iglesia de Santiago Tlatelolco

Tlatelolco, ubicada al norte de la isla de la gran Tenochtitlán, compartía su organización dual con la sección central citad in a que estaba en lo que ahora es el Zócalo. Por ello, Tlatelolco siguió siendo muy importante en los inicios del virreinato. Allí fundaron los franciscanos el colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco en 1543, destinado a la enseñanza superior de indios. Su iglesia fue reedificada a fines del siglo XVI y el colegio en el XVII bajo la advocación de San Buenaventura. La iglesia fue concluida en 1610 y está clasificada dentro del barroco sobrio. Tiene amplias dimensiones y planta de cruz latina con crucero y cúpula. Se conserva el relieve de Santiago y las pechinas de las cúpulas con los cuatro evangelistas. Asentada sobre plataformas prehispánicas y rodeada por construcciones de mediado del siglo XX, representa la época del virreinato dentro de la Plaza de las Tres Culturas, de triste memoria por los sucesos de 1968. 

Estela conmemorativa dedicada a las víctimas de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas en Ciudad de México.

La Masacre de Tlatelolco o Matanza del 2 de octubre es como se les conoce a los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968 durante un mitin llevado a cabo por estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, ubicada en la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, en Ciudad de México. Dicha concentración se llevaba a cabo en el contexto del movimiento estudiantil que había estallado el 22 de julio de 1968 debido a la represión de estudiantes por parte de las fuerzas policiacas del Distrito Federal y de elementos militares del ejército mexicano, tras una riña entre alumnos de las Vocacionales 2 y 5 del IPN y de la preparatoria Isaac Ochoterena, incorporada a la UNAM.

En 1968 Fernando Gutiérrez Barrios, jefe la Dirección Federal de Seguridad (DFS), informó que 1345 personas fueron arrestadas.

Las estimaciones de víctimas durante el movimiento estudiantil han variado conforme a las nuevas investigaciones y el acceso a los documentos históricos de la época, por lo que aún no es posible contar con una cantidad definitiva, aunque algunas fuentes señalan que la cantidad real de muertos, solo el 2 de octubre, oscila entre 300 y 400, con testigos presenciales informando cientos de muertos.

(II) El imperio Mexica (Los aztecas) - El Templo Mayor de Tenochtitlan - La pirámide majestuosa - El Códice Mendoza - Códex Tovar - Bernardino de Sahagún - Monolito de Coyolxauhqui

El imperio Mexica (Los aztecas) - Leyenda del origen de la cultura azteca - Diego Durán - Moctezuma II - El Palacio de Moctezuma - Hernán Cortés - Ciudad de Tenochtitlán “La Venecia del Nuevo Mundo” - Las chinampas, pincha aqui

El Templo Mayor de Tenochtitlan

Ilustración del Códex Tovar con un templo con dos adoratorios como en el Templo Mayor de Tenochtitlan. El templo mayor de Tenochtitlan
A la izquierda, los dos adoratorios con sus dioses representados, y a la derecha, el Tzompantli, altar recubierto de calaveras humanas.
El Códice Ramírez (o códice Tovar) es el nombre que se le da a dos manuscritos independientes de México central posteriores a la conquista. En realidad son dos versiones manuscritas de un mismo texto: una se conserva en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia; la otra, en la Biblioteca John Carter Brown, de Rhode Island, y contiene algunas láminas ilustradas.
En general, cuando se habla del «Códice Ramírez» la referencia es el manuscrito de 1587 de Juan de Tovar. 
Juan de Tovar (1543 - 1623) fue un sacerdote jesuita y escritor novohispano.

Aunque existen diversas versiones sobre su lugar de origen, los mexicas –englobados en el término historiográfico aztecas– fundaron uno de los estados más extensos y poderosos de Mesoamérica (parte de México y Centroamérica). Su diversidad étnica propició migraciones que alimentarían diversas ciudades-estado por el territorio. Una de las más importantes fue Tenochtitlan, que fundaron en 1318 o 1325, según las crónicas. Sobre ella se asentaría Ciudad de México.

La leyenda cuenta que se establecieron en esta pequeña isla del lago Texcoco al encontrar allí un águila posada sobre un nopal, con las alas extendidas al sol, devorando una serpiente. Los símbolos indicaban el lugar de la tierra prometida.

Primera página del códice, donde se muestra la alegoría fundacional de México-Tenochtitlan
Representación alegórica de Tenochtitlan en el Códex Mendoza. TERCEROS
El Códice Mendoza (o Mendocino) es un códice de manufactura mexica, hecho en los años 1540 en papel europeo. Posterior a la Conquista de México, fue elaborado por tlacuilos (escribas pintores) mexicas, quienes usaron el sistema pictoglífico antiguo sobre un formato de tipo biombo. Después, un escriba español añadió glosas en escritura alfabética y en español interpretando lo plasmado por los tlacuilos con ayuda de intérpretes indígenas.
Debe su nombre al hecho de que fue encargado por el primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, que desempeñó su cargo de 1535 a 1550, para enviar a Carlos V informes sobre los mexicas.

Eran unos grandes estrategas, destacaron en el arte de la guerra y celebraron importantes alianzas matrimoniales. También seguían una compleja vida ritual. Creían que los seres estaban hechos en parte con materia sagrada y que, mediante cultos, podrían entrar en contacto con el ámbito divino.

La pirámide majestuosa

Así que erigieron un templo para engrandecer a su dios patrono, Hutzilopochtli. Al principio, el monumento no era más que un pequeño adoratorio hecho con materiales sencillos (paja y hierba). Pero, debido a que cada gobernante acometía una nueva etapa constructiva, acabó convirtiéndose en una majestuosa pirámide.

El Recinto del Templo Mayor (maqueta del MNA)

El Templo Mayor se alzó dentro de un complejo político-sagrado formado por cerca de ochenta construcciones más. La fachada de aquella gran pirámide se orientaba hacia poniente, donde cae el sol. Se asentaba sobre una plataforma que representaba el nivel terrestre. En ella nacían unas escalinatas que conducían a la parte superior del templo, el nivel celestial, que solo podían pisar los sacerdotes y las víctimas de los sacrificios.

La parte superior del templo solo podía ser pisada por los sacerdotes y las víctimas de los sacrificios.


El Templo Mayor fue reconstruido siete veces, poniendo una capa sobre la anterior, como una cebolla.
El Recinto del Templo Mayor era un cuadrado aproximado de 500 metros de lado (250,000 m²) que se situaba en el centro de la isla de Tenochtitlán y en él confluían las tres calzadas principales hacia los puntos cardinales: la de Ixtapalapa que iba al Sur y tenía una bifurcación que dirigía a Coyoacán; la de Tacuba que iba al Oeste y la de Tepeyac que dirigía al Norte, una de sus bifurcaciones dirigía a la ciudad de Tlatelolco que sería posteriormente absorbida por Tenochtitlán. En la actualidad, el área que ocupaba recinto ceremonial colindaría hacia el este con la calle de Correo Mayor, al norte con Luis González Obregón, al oeste con la calle de Palma y al sur con el circuito vehicular que divide la Catedral Metropolitana del Zócalo.

Como, según la creencia azteca, todos los dioses favorecen la existencia armónica del universo, la pirámide no solo rendía culto a Huitzilopochtli, dios del Sol y de la guerra, sino también a Tláloc, divinidad de la lluvia y patrono de los agricultores. Por eso, en la parte alta se diferenciaron dos adoratorios, uno para cada uno.

El Templo Mayor o Gran Templo de México (denominación empleada por fray Bernardino de Sahagún) es un recinto que comprende una serie de construcciones, edificios, torres (a cada una de estas construcciones piramidales la denomina él torre​ o cu —éste sería el adoratorio indígena, pudiendo haber varios adoratorios por torre— y fray Toribio de Benavente las describe como una gran cepa cuadrada y esquinada coronada por uno o dos altares) y un patio, el espacio físico donde se ubicaban las mismas, cercado por una pared que contaba con unas puertas que daban acceso a las calzadas principales de la ciudad.
El Templo Mayor era la mayor estructura de la ciudad, ubicado en el centro ceremonial de la capital del imperio, en lo que fue el islote original de su fundación. En realidad era un templo doble, formado por la típica pirámide trunca, pero de doble escalinata y con un templete anexo en cada esquina frontal de su base, que tenía unos 42-45 metros de alto, y en su cima los dos templos, dedicado uno al culto de Tláloc, dios de la lluvia (al norte, con pintura azul), y el otro a Huitzilopochtli, dios de la guerra (al sur, con pintura roja).

Bernardino de Sahagún (Sahagún, España, c. 1499 - Tlatelolco, México, 5 de febrero de 1590)1​ fue un misionero franciscano, autor de varias obras en náhuatl y en castellano, consideradas hoy entre los documentos más valiosos para la reconstrucción de la historia del México antiguo antes de la llegada de los españoles. De entre sus escritos destaca la Historia general de las cosas de la Nueva España, verdadero monumento etnográfico, compuesto de doce libros, que apenas tiene precedentes comparables en ninguna lengua. Sahagún fue, a juicio de Jerónimo de Mendieta, el más experto de todos en náhuatl.

En el meridional, perteneciente a Huitzilopochtli, las estancias se pintaron de color rojo y negro, y en el septentrional, correspondiente a Tláloc, de azul y blanco. Frente al acceso a la capilla del primero había una piedra de sacrificios, y a sus pies, la gran escultura de la diosa lunar Coyolxauhqui; frente a la del otro, un chac mool (figura escultórica reclinada de piedra típica de Mesoamérica) policromado. Diversas serpientes descansaban sobre la plataforma del templo.

Monolito de Coyolxauhqui

Se trata de un monolito de cantera, de 320 cm de diámetro, con forma de escudo, y se piensa que por la forma redonda de la piedra, similar a la luna llena, esta encarna a la diosa lunar.

En la gran piedra se observa a la diosa descuartizada, con la cabeza, brazos y piernas separadas alrededor de su cuerpo. En ella se distinguen pequeñas bolas de plumas de águila en el cabello, un símbolo en forma de campana sobre su mejilla, y una pestaña, con el símbolo mexica para año, en su oreja. Como en las imágenes de su madre, se le muestra con unos cráneos atados a su cinturón.

Los estudiosos también opinan que la decapitación y el desmembramiento de Coyolxauhqui se reflejan en el patrón de los sacrificios rituales de los guerreros. Estos constaban, en primer lugar, en extraer los corazones de los cautivos del pecho. En segunda, en ser decapitados y desmembrados. Finalmente, en que sus cuerpos eran arrojados desde el templo, por las escalinatas de la pirámide, quizás sobre la gran piedra de Coyolxauhqui.

Su ubicación original recrea el mito, pues se situaba en la parte frontal del Templo Mayor, en el edificio dedicado a Huitzilopochtli, de la antigua Tenochtitlan, igual que en el cerro de Coatepec.

Relieve de Coyolxauhqui descuartizada por su hermano, encontrado en el Templo Mayor

El mito sobre el nacimiento de Huitzilopochtli, narra que Coyolxauhqui, furiosa al sospechar que su madre, Coatlicue, estaba embarazada de un desconocido (la cual en realidad fue embarazada por una bola de plumas que cayó desde el cielo y guardó en su vientre), guio a sus hermanos (los cuatrocientos surianos) hacia Coatepec, donde se encontraba su progenitora, para matarla, y así redimir la ofensa.

Al llegar los hijos a Coatepec, Coatlicue dio a luz a Huitzilopochtli, quien vestido de guerrero y armado, nació listo para defender a su madre. El dios venció a sus hermanos, decapitó a su hermana, mandó su cabeza al cielo para que su madre pudiera verla cada noche y arrojó su cuerpo montaña abajo, por lo que este quedó desmembrado.

Así fue como Coyolxauhqui se convirtió en la representación de la Luna y sus hermanos pasaron a representar a la estrellas; así como el propio Huitzilopochtli se convirtió en una representación del Sol, que cada día vence a la Luna.

Entre las salas del Museo se encuentra la de los Dioses Huitzilopochtli y Tláloc. Aquí se muestran las 8 salas que pertenecen al Museo del Templo Mayor:

  • Antecedentes Arqueológicos
  • Ritual y Sacrificio
  • Tributo y Comercio
  • Huitzilopochtli
  • Tláloc
  • Flora y Fauna
  • Agricultura
  • Periodos colonial y moderno
Tlaltecuhtli se describe como un monstruo marino que vivió en el océano después del cuarto diluvio; es una encarnación del caos que asolaba antes de su creación.3​ Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, en su forma de serpientes, lo partieron a la mitad: arrojaron una mitad hacia arriba para crear el cielo y las estrellas y tiraron la otra mitad para que se convirtiera en la tierra. Sin embargo, sobrevivió y exigió sangre humana. Aunque el nombre de la deidad es una forma masculina en la lengua náhuatl, la mayoría de las representaciones de Tlaltecuhtli exponen claramente las características femeninas, y se representa a menudo en la posición de parto característica de una mujer al dar a luz.

Tlaltecuhtli (el señor o señora de la tierra)
Este impresionante relieve monolítico fue localizado el 2 de octubre de 2006, en el área del predio que ocupa la esquina de Guatemala y Argentina, frente al Templo Mayor. Se trata de una pieza tallada en andesita de lamprobolita, roca volcánica extrusiva de tonalidades rosáceas y violáceas. Sus grandes dimensiones hacen de ella una pieza espectacular, ya que mide 4,17 por 3,62 m Y alcanza un peso de 12 toneladas.
La calidad de la talla es sumamente refinada. Pueden notarse detalles como el cabello rizado, propio de las divinidades de la oscuridad, la tierra y el inframundo. En su rostro se observan ojos en forma de media luna, nariz ancha, y círculos en sus mejillas, boca descarnada y orejas prominentes adornadas con joyas circulares de las que penden paneles de tala, todos ellos distintivos de la deidad de la tierra.

Tláloc
En este punto nos encontramos a la mitad de nuestro recorrido por el Museo del Templo Mayor: en el mundo agrícola, de la fertilidad de la tierra junto con sus implicaciones económicas que permitía al hombre alimentarse y en el que intervenían muchas deidades presididas por Tláloc.
El dios Tláloc, "el que hace brotar", era la representación del agua divinizada y de la fecundadora de la tierra, que residía en las más altas montañas donde se forman las nubes. Era una deidad benéfica que tenía también su lado negativo al enviar rayos, heladas, inundaciones y granizo, todo lo cual podía destruir las cosechas. Su más importante adoratorio se ubicaba en el Templo Mayor de Tenochtitlán, al lado de Huitzilopochtli y su culto era muy importante ya que de él dependía el sustento de las sociedades agrícolas. A Tláloc generalmente se le dedicaba el sacrificio de niños (en su mayoría, enfermos), por su similitud física con los tlaloque, diosecillos de cuerpo pequeño, ayudantes de este numen.

Huitzilopochtli o "Colibrí Zurdo" es el dios de la guerra, advocación solar y patrono de los mexicas. Bajo su tutela, este pueblo se convirtió en el más poderoso del ámbito mesoamericano durante el periodo Posclásico. Era hijo de Coatlicue, hermano de Coyolxauhqui, la Luna, y de las estrellas, los Centzonhuitznahua, todos ellos dioses de inspiración mexica. Su sitio tan relevante en el Templo Mayor, da cuenta de la importancia que Huitzilopochtli representaba para los mexicas: la guerra y el tributo como parte del sustento económico.
En esta sala se exhiben diversos objetos relacionados con Huitzilopochtli. Destaca entre ellos la escultura conocida como el “Guerrero Águila” encontrada en La Casa de las Águilas, edificio religioso ubicado al norte del Templo Mayor. Los estudios del doctor Leonardo López Luján dan otra interpretación a estas figuras, llamándolos Hombre Águila, que representan al sol ascendente, o al Tlatoani que nace después de su elección como gobernante. Asimismo, la representación del dios de la muerte, Mictlantecuhtli, destaca entre las piezas exhibidas.

El asedio fue imparable, hasta que, el 13 de agosto de 1521, la ciudad al fin se rindió. Hernán Cortés ordenó la completa demolición de los pocos edificios que aún se mantenían en pie. Sobre sus ruinas se construirían los cimientos de la capital de la futura Nueva España.

La zona arqueológica capa a capa

Los restos arqueológicos del Templo Mayor, así como los de los otros complejos del recinto sagrado, permanecieron ocultos durante siglos. En 1900, el arqueólogo Leopoldo Batres dio con una escalinata, pero no la relacionó con el templo. Trece años después, el antropólogo Manuel Gamio la identificó como parte de la fachada de poniente del monumento precolonial, estableciéndose así su verdadera ubicación.

Chac Mool, restos de la Etapa II
Este tipo de estatuas hizo su aparición en Mesoamérica al inicio del posclásico, y es asociada a los toltecas. Varios ejemplares se han encontrado en Tollan-Xicocotitlan (Tula) y Chichén Itzá, y este hecho es uno de los argumentos utilizados en los debates sobre las relaciones entre estos dos sitios.

Las excavaciones iniciadas por el arquitecto Emilio Cuevas en 1933 culminaron con el hallazgo de varias piezas. Pese a los hallazgos, el gobierno prefería no intervenir arqueológicamente en el sitio. No obstante, el descubrimiento de 1978 dio un giro a la situación. El multidisciplinar Proyecto Templo Mayor, puesto en marcha aquel mismo año, se marcó el ambicioso propósito de reconstruir la cultura de la capital del Imperio azteca.

El proyecto ha logrado ubicar una quinta parte de los 78 edificios que probablemente albergaba el recinto sagrado. Ciudad de México ha ido desempolvando tantos tesoros de su centro histórico (más de siete mil) que, en 1987, la Unesco declaró el sitio Patrimonio de la Humanidad. Ese mismo año, el Museo del Templo Mayor abría sus puertas como guardián de esos valiosos bienes.

Este texto se basa en un artículo publicado en el número 540 de la revista Historia y Vida.

El Tzompantli, altar recubierto de calaveras humanas. Como puede verse en la imagen, estos restos óseos en la actualidad se encuentran completamente petrificados.

En 1545, décadas después de la llegada de Hernán Cortés a las costas mexicanas, los nativos de aquel lugar comenzaron a sufrir de fiebres altas y a sangrar por la boca, nariz y ojos. Muchos presentaban manchas rojas en la piel y, por lo general, fallecían al cabo de tres o cuatro días. “Desde la mañana hasta el atardecer, los sacerdotes no hicieron otra cosa que cargar los cadáveres y arrojarlos a las fosas comunes”, describió el historiador y misionero español Juan de Torquemada. Fue una de las epidemias más devastadoras de la historia humana. Aquel brote y la segunda oleada de 1576 redujeron el número de personas que vivían en México y Guatemala de 20 millones a tan solo 2 y contribuyeron a la desaparición del Imperio Azteca.

La antropóloga Íngrid Trejo en el yacimiento de Templo Mayor (Tenochtitlán). (Reuters/Henry Romero)
Después de dos años de excavaciones, arqueólogos mexicanos han dado con restos humanos que desvelan que la función de estos sacrificios puede no ser la que se pensaba.
Han tenido que pasar casi 500 años para que un grupo de investigadores por fin haya dado con lo que puede ser el gigantesco osario del que López de Gómara hablaba en su libro. Durante todo este tiempo muchas teorías defendieron que se trataba únicamente de las cabezas de los guerreros enemigos de los aztecas, colocadas a la vista de todos para amedrentar a los invasores y enemigos. Los nuevos hallazgos, como ha informado 'Reuters', matizan dicha teoría, ya que entre los 676 cráneos recién encontrados (un número que probablemente aumentará en el futuro) hay también restos de niños y mujeres.
Lo más probable, dados los últimos hallazgos, es que los cráneos tuviesen una función religiosa, relacionada con el proceso de la vida y la muerte. Como explica Raúl Barrera Rodríguez, arqueólogo de dicho instituto en 'El Economista', “es el elemento que reivindica la identidad guerra del pueblo mexica y su centro de poder político, religioso y económico, y su descubrimiento puede considerarse como uno de los más importantes que han ocurrido en el Templo Mayor”. Se trata, por lo tanto, “de un culto a la vida, no un rito de muerte”. El hecho de que los cráneos expuestos se colocasen mirando hacia el templo de Huitzilopochtli probablemente significaba que se trataba de una ofrenda al Sol.
Por Héctor G. Barnés