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Fachada principal y entrada al edificio original del Museo de Bellas Artes de Bilbao
El Museo de Bellas Artes de Bilbao está situado en la ciudad de Bilbao, en el norte de España. Está caracterizado por su amplitud cronológica, ya que cubre desde el siglo XIII hasta nuestros días, y por la gran diversidad de manifestaciones artísticas que contiene.
Por RicardoMendi - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=174305375 Atrio del museo
Durante sus más de 100 años de historia, la colaboración entre la sociedad civil, los artistas locales y las instituciones públicas ha determinado su configuración y crecimiento y ha permitido al museo reunir una extensa colección, considerada como una de las más importantes y variadas de toda España. Su formación resulta singular por la importancia de los legados y donaciones recibidas de patronos y benefactores, así como por el esfuerzo continuo por parte del propio museo para ampliarla a través de importantes adquisiciones. Desde su creación, el interés por establecer un compendio artístico representativo ha permitido afinar un criterio de selección cuyo resultado final es la posibilidad de presentar al público una dilatada panorámica por la historia del arte.
Más de 10 000 objetos conforman la colección del museo distribuidos en cinco grandes secciones: Arte antiguo, Arte moderno y contemporáneo, Arte vasco, Obra sobre papel y Artes aplicadas.
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Primera ampliación. Vista del edificio moderno, c. 1971
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Monumento a Juan Crisóstomo Arriaga, de Francisco Durrio de Madrón (1933)
Monumento a Arriaga ante el Museo de Bellas Artes de Bilbao
El monumento original, con la musa desnuda, se desmontó por las obras de ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, y ya en junio de 2026 se repuso (sin estanque, pero con su circuito de agua activo) en el nuevo espacio cubierto (Atrio Arriaga) de la pinacoteca.[
Juan Crisóstomo de Arriaga (Bilbao, 27 de enero de 1806 - París, 17 de enero de 1826) fue un compositor español de música clásica, apodado el “Mozart español” debido a las grandes dotes musicales que presentaba ya desde niño, al igual que Wolfgang Amadeus Mozart, así como a su prematura muerte a los diecinueve años de edad.
En 1905, y con motivo del aniversario de Crisóstomo de Arriaga (1806-1826), se convocó en Bilbao un concurso para erigirle monumento al ilustre músico vasco.
El jurado aceptó el proyecto de Durrio, a pesar de haber sido presentado fuera de plazo, y le dio el primer premio, con un plazo de presentación de quince meses, hasta marzo de 1906. Durrio se había ido a París, y en 1909 y, ante el retraso, el alcalde de Bilbao le dio como fecha límite de entrega, 1910. En 1911 llegó el pedestal y el modelo, aunque no el definitivo. En 1912 recibió otro ultimátum del alcalde, al que Durrio contestaría en 1913 diciendo que solo le había dado 3500 pesetas y ya se había gastado quince mil en el proyecto .
En 1931 el Ayuntamiento bilbaíno encargó a la Comisión de Jardines que instalaran cualquier monumento. La Asociación de Artistas Vascos se indigna ante lo que juzgan un atropello hacia el artista, que llevaba años trabajando en el monumento, y el Ayuntamiento accede a dar a Durrio 15.000 pesetas y un nuevo plazo.
En 1940, durante la dictadura de Francisco Franco, la obra fue retirada por considerarse desnudo inmoral, aunque la verdadera razón era la ideología del artista. En su lugar se instaló una mujer vestida, obra del escultor Enrique Barros, que permaneció en este lugar hasta 1975.
Euterpe, segunda versión vestida de la escultura, obra de Enrique Barros, en paseo de Uribitarte de BilbaoEnrique Barros Fernández (Oímbra, 11 de julio de 1905-Bilbao, 1990) fue un escultor y pintor español.
El guitarrista, retrato de Paco Durrio, pintado por Gauguin hacia 1900 (Londres, colección privada; expuesto en depósito en la National Gallery de Londres).
Francisco "Paco" Durrio de Madrón (Valladolid, 1868-París, 1940) fue un escultor, diseñador de joyas y ceramista español. Su obra participa de las corrientes simbolistas y está encuadrada en el modernismo.
Trasladado muy joven a Bilbao, estudió en la Escuela de Artes y Oficios del barrio de Atxuri y en el taller de Antonio Lecuona hasta que, en 1881 viajó a Madrid para trabajar en el taller del escultor Justo de Gandarias en la Ronda de Atocha.
Tras concluir sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1888 se estableció en París uniéndose al grupo de artistas de vanguardia liderados por Paul Gauguin. De su amistad con Gauguin, da prueba el hecho de que el francés le dejara sus obras cuando se fue a Martinica. También fue amigo de Picasso que llegaría a regalarle la Holandesa con cofia y el Muchacho con jarro, antes de que una discusión sobre cubismo les separara para siempre.
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Fachada del edificio moderno; ha sido la entrada principal del museo entre 2001 y 2022
Ampliación de Norman Foster
El 9 de noviembre de 2018, el Gobierno vasco abrió la puerta a la ampliación del Bellas Artes en 2019 dado que el consejero de Cultura presentó los presupuestos para dicho año que incluían 222.000 euros para inversiones en el museo y una subida del 20% para su funcionamiento.
La Plaza de Euskadi, que conecta el Ensanche y Abandoibarra y cuenta con zonas de estancia y paseo, se conforma como un gran espacio verde de transición entre el parque de Doña Casilda y el parque de la Campa de los Ingleses.
El martes 23 de julio se dio a conocer como ganador al equipo de Norman Foster. El 16 de diciembre de 2019, Foster presentó la maqueta actualizada de su proyecto de ampliación denominado Agravitas, en el que se incluía la prolongación tanto del museo como del parque Casilda Iturrizar adyacentes con la plaza Euskadi, conllevando la eliminación de la rotonda circundante, lo cual no estuvo exento de crítica. El 12 de marzo de 2020 se indicó que Foster y Balmori pactarían el nuevo diseño de la plaza Euskadi.
El 23 de junio de 2021, Norman Foster presentó la reforma del edificio, que contará con una nueva sala de exposiciones de 1.500 metros cuadrados que se abrirá a una terraza al aire libre de 700 metros cuadrados adicionales para exponer esculturas. Las obras terminarían inicialmente a finales de 2023 con un presupuesto de 23 millones de euros. El 30 de marzo de 2022, el Museo de Bellas Artes de Bilbao licitó su ampliación, incrementándose un 9,5 % y extendiendo su finalización al verano de 2024.
El 14 de junio de 2022 se informó que el Museo se vio obligado a elevar 4,6 millones el presupuesto de su ampliación ante la falta de ofertas de empresas capaces de asumir la obra. El inicio de los trabajos se retrasó de julio a octubre debido a la apertura de un nuevo plazo de licitación en busca de constructoras que confirmasen su interés. El aumento presupuestario se atribuyó al encarecimiento de materias primas afectadas por la invasión rusa de Ucrania y por la inflación.
El 16 de junio de 2026 se detalló que el Bellas Artes abriría de forma excepcional su nuevo atrio el 24 de junio con una jornada de puertas abiertas, permitiendo así conocer el corazón de la ampliación antes de la reapertura total del museo el 5 de octubre.
Un recuerdo (1864) - Eduardo Zamacois - Óleo sobre tabla 21,5 x 16,5 cm
Eduardo Zamacois (Bilbao, 1841–Madrid, 1871) fue un pintor español reconocido por la minuciosidad de sus escenas costumbristas y por la precisión con que abordaba los pequeños formatos. Tras recibir su primera formación en Madrid junto a Federico de Madrazo, amplió estudios en Bruselas y en París, donde entró en contacto con artistas que le inspiraron para explorar la escena histórica y el costumbrismo. Aunque su carrera fue breve —falleció a los treinta años—, dejó un conjunto de obras que destacan por el detalle y la delicadeza en la representación de personajes y ambientes.
Un recuerdo, es un claro ejemplo de la predilección de Zamacois por las escenas íntimas y la ambientación de las mismas. La pintura muestra a un joven vestido con ropas de inspiración dieciochesca que, probablemente en un jardín o una finca, junto a una tapia, graba el nombre “Louise” en el tronco de un árbol. El personaje va ataviado con botas, calzas y espada al cinto, evocando un aire romántico. A sus pies, un jubón o una capa descansa en el suelo, aportando un tono narrativo a la escena. El artista logra una atmósfera cercana gracias a la pincelada fina y al empleo de una paleta muy matizada, donde predominan los verdes y ocres del follaje. La suavidad de la luz resalta la naturalidad de la vegetación y confiere un aspecto casi teatral a la composición. El reducido tamaño de la tabla potencia la sensación de intimidad, intensificando la relación entre el espectador y la escena representada.
Pese a su corta vida, Zamacois participó en certámenes internacionales y obtuvo el reconocimiento de la crítica de su época, llegando a exponer en el Salón de París donde recibiría la medalla de oro en 1870. Tras este galardón, la fama del pintor se extendió entre los círculos culturales europeos, cosechando gran éxito comercial. La obra de Zamacois se encuentra en el Museo Nacional del Prado, el Thyssen de Málaga y el Museo de Bellas Artes de Bilbao, además de en colecciones públicas y privadas de todo el mundo.
PARALELOS Y MERIDIANOS - COLECCIÓN IBERDROLA
Paralelos y meridianos celebra el 125 aniversario del nacimiento, en Bilbao, de Iberdrola a través de una selección del arte que conserva la compañía: una extraordinaria reunión de pinturas, esculturas, dibujos, fotografías, vídeos, instalaciones y arte digital que configura un recorrido por las principales corrientes del arte actual.
Con ‘Paralelos y meridianos’, Iberdrola refuerza su compromiso con el arte y la cultura y con Bilbao. La exhibición, formada por una selección de piezas de arte moderno y contemporáneo, propone un recorrido por la Colección Iberdrola articulado en torno a dos ejes conceptuales:
- Por su parte, los ‘meridianos’ estructuran los grandes temas que vertebran la colección en tres ámbitos fundamentales: la luz, la naturaleza y el ingenio.
- Los ‘paralelos’ reflejan un arco cronológico y geográfico, desde los inicios de la modernidad artística en el País Vasco a finales del siglo XIX, pasando por el desarrollo de las vanguardias a partir de la década de 1950, hasta llegar a los lenguajes más globales del siglo XXI.
No es una pintura paisajística cualquiera.
Es uno de los mejores documentos gráficos para conocer el Bilbao de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, porque refleja con notable fidelidad:
- La forma de la villa medieval;
- El trazado de la ría;
- Las murallas;
- El puente de San Antón;
- Las iglesias y conventos;
- El paisaje agrícola circundante;
- La intensa actividad portuaria.
John Seale (1667–1714), el comerciante inglés detrás del cuadro
La gran vista de Bilbao conservada en el hall del Museo de Bellas Artes de Bilbao está estrechamente vinculada al comerciante inglés John Seale. Aunque no fue el autor de la pintura, sí fue quien la encargó, convirtiéndose en el principal impulsor de esta excepcional representación de la villa hacia 1700.
Nacido en la isla de Jersey en 1667, Seale se estableció en Bilbao a finales del siglo XVII, donde desarrolló una intensa actividad mercantil. Se dedicó principalmente al comercio del bacalao procedente de Terranova y Nueva Inglaterra, uno de los productos más importantes del intercambio entre Inglaterra y el puerto bilbaíno. También participó en otras operaciones comerciales relacionadas con el tráfico marítimo del Cantábrico.
El cuadro refleja precisamente ese mundo comercial. La presencia de una falúa con la bandera inglesa de San Jorge no es casual: simboliza la intensa relación económica entre Bilbao e Inglaterra y constituye un discreto homenaje a la nacionalidad de su promotor.
La estabilidad de estos negocios se vio alterada por el estallido de la Guerra de Sucesión Española (1701–1714). La ruptura de las relaciones entre España e Inglaterra dificultó enormemente el comercio y obligó a muchos mercaderes británicos a abandonar Bilbao. John Seale regresó entonces a Inglaterra, donde falleció en 1714.
Gracias a su iniciativa se conserva hoy uno de los documentos gráficos más valiosos para conocer el aspecto de Bilbao a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, una obra que testimonia tanto la fisonomía de la villa como la importancia de su actividad portuaria y de sus vínculos comerciales con el mundo atlántico.
La falúa con la bandera de San Jorge es mucho más que un detalle decorativo. Su presencia confirma visualmente la estrecha relación comercial entre Bilbao e Inglaterra a finales del siglo XVII. En esa época, los comerciantes ingleses importaban grandes cantidades de hierro vizcaíno y lana castellana, mientras que introducían en Bilbao productos como bacalao de Terranova, tejidos, manufacturas y artículos coloniales. La inclusión de una embarcación inglesa en un lugar tan visible del cuadro refleja la relevancia que tenía este comercio internacional para la prosperidad de la villa.
En 1702, durante la Guerra de Sucesión Española, se suspendió el comercio con Inglaterra y los súbditos ingleses fueron obligados a marcharse. Por eso Seale tuvo que abandonar Bilbao y regresar a su país.
Su epitafio en Londres (1714) recuerda que vivió muchos años en Bilbao, lo que confirma su fuerte vínculo con la ciudad.

Los dos óleos inacabados sobre BIlbao de Antonio López se muestran por vez primera. (Maika Salguero)
Si hay un cuadro realmente famoso sobre una calle es ‘Gran Vía’ (1974-1981) de Madrid, pintado por el referente del hiperrealismo español, Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936), y colgado en el Museo Thyssen.
En 2011, viajó a Bilbao y subió a la azotea de la Torre Iberdrola, que cuenta con un helipuerto a 165 metros de altura, cinco más que la anchura de la ría entre Portugalete y Las Arenas. Dijo que quería pintar la villa y eligió las dos vistas que está acometiendo desde el piso 29 y que se muestran por vez primera, inacabadas como están. Son la pieza central de la Colección Iberdrola, abierta hasta el 30 de agosto con 138 obras exhibidas mayoritariamente en el Museo de Bellas Artes.
Tiene pendiente regresar para finalizar las obras, pero, como ya demostró en el documental ‘El sol del membrillo’, permanece a la espera de la luz adecuada.
Antonio López ha permitido que se vean sus inacabados lienzos, uno orientado al oeste, hacia el mar, y el otro al este, hacia el interior. Aún se asemejan más a campos de su Castilla natal, pero muestran elementos, puentes, la ría, edificios, bastante reconocibles ya. Para los curiosos, uno de los lienzos incluye indicaciones a lápiz en una esquina (José, jefe de seguridad, 11 plantas más-en la terraza, 12, 30 de septiembre 2015). Ambos están colocados estratégicamente en la entrada junto a la espléndida Vista de Bilbao de 1700 adquirida recientemente por el museo bilbaíno.
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