(VII) El encanto de la cocina sevillana - Plaza de toros de Sevilla - Mariano Benlliure - Julián Gayarre, pincha aqui
La canción dice que Sevilla tiene algo especial, y si conoces la capital andaluza, estarás de acuerdo conmigo en que ese algo especial se encuentra en el Barrio de Santa Cruz.
Tu paseo por el Barrio de Santa Cruz va a ser sin duda uno de los momentos más gratificantes de tu visita de Sevilla. Un paseo por el día, pero también por la noche disfrutando del tapeo en las calles más concurridas de bares.
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Santa Cruz es uno de los barrios más importantes y populares de Sevilla (España), correspondiente con una parte de la antigua judería medieval de Sevilla, junto al barrio de San Bartolomé. |
Al igual que la ciudad hermana de Córdoba tiene su Barrio de la Judería que se extiende desde la Mezquita, donde se concentra toda la actividad turística, en Sevilla sucede algo parecido con el Barrio de Santa Cruz.
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Casa de estilo arquitectónico sevillano en el Barrio de Santa Cruz de Sevilla |
De hecho el Barrio de Santa Cruz es en realidad el antiguo barrio judío de Sevilla, donde en la época de Fernando III de Castilla se concentraba la segunda comunidad judía más importante de España tras la de Toledo.
Ahora cuando paseas por el Barrio de Santa Cruz te vas a encontrar un entramado de pequeñas y recoletas plazas, estrechas callejuelas y pasajes, en realidad, un lugar donde perderse.
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Vista general del Patio de Banderas. |
Tu paseo, que bien puedes iniciar desde la plaza del Triunfo, donde se encuentra la catedral, entrando a la plaza conocida como Patio de Banderas, junto a los Reales Alcázares, debe ser una búsqueda de rincones.
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Vista general del Patio de Banderas, con la torre de la Giralda. |
En la actual Plaza de Santa Cruz estuvo antaño ubicada la parroquia de la Santa Cruz, que dio originalmente su nombre a este barrio. La iglesia, de estilo mudéjar, había sido construida sobre los restos de una sinagoga que se ubicaba en el mismo solar. Durante el gobierno de ocupación francés (1811) la iglesia fue derribada dentro de un plan de reurbanización de la ciudad y en el solar resultante se estableció la Plaza de Santa Cruz. La parroquia allí ubicada se trasladó al antiguo convento de los Clérigos del Espíritu Santo, que es actualmente la Iglesia de Santa Cruz, ubicada en la calle Mateos Gago.
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Iglesia de Santa Cruz vista desde la torre de la Giralda. |
En la plaza de los Refinadores podrás ver una escultura dedicada a la figura literaria de don Juan Tenorio, la cual tenía una especial vinculación con el Barrio de Santa Cruz.
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Washington Irving (Manhattan, Nueva York, 3 de abril de 1783 – Tarrytown, Wetschester, Estado de Nueva York, 28 de noviembre de 1859) fue un escritor estadounidense del Romanticismo. |
Durante tu paseo por este barrio tan popular pasarás por la que fue casa del poeta Luis Celaya. Y pasarás por el denominado Callejón del Agua, que se prolonga junto a la muralla de los Reales Alcázares, y por donde sin duda te llamará la atención el precioso patio de la casa de Washington Irving.
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Casco antiguo-Barrio de Santa Cruz (Por aqui baja la procesión del Cristo) |
Año de 1481... un siglo largo de persecución sin tregua a los judíos, miles y miles de muertos, y miles de conversos... Así las cosas, la colonia de judíos de Sevilla fraguaba un complot para hacerse con el poder de la villa y vengarse, con el apoyo de musulmanes, en justa represalia por la represión que los judíos venían padeciendo a mano de los cristianos in illo tempore. La conspiración estaba encabezada por el banquero Diego Susón, a la sazón padre de Suona Ben Susón, conocida como Susona, una joven a la que los lugareños decían también, “la fermosa hembra”.
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Balcón de la casa de Diego Susón y azulejo de la calavera. |
Susona mantenía relaciones amorosas con un chaval de noble y cristiana familia. Un día supo, por azar, de las andanzas de su padre y compañía. Así, temiendo por la vida de su enamorado, le puso al corriente de la cosa rogándole que se pusiera a salvo. Pero el muchacho lo que hizo fue informar a don Diego de Merlo, capitán de Sevilla, quien ordenó detener a los cabecillas de la conspiración. Fueron juzgados, condenados a muerte y seguidamente ajusticiados en Tablada, lugar de ejecución de los peores criminales, cuyos cadáveres permanecían todo un año colgados a la intemperie. Una vez recogidos sus restos, se enterraban en el cementerio de ajusticiados en el Compás del Colegio de San Miguél, frente a la Catedral.
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La Bella Susona, en un azulejo de una glorieta del parque de María Luisa de Sevilla, en España |
Esta fue la suerte que corrieron Diego Susón; Pedro Fernández de Venedera, mayordomo de la Catedral; Juan Fernández de Albolasya, el Perfumado, letrado y alcalde de Justicia; Manuel Saulí; Bartolomé Torralba, los hermanos Adalde y así hasta veinte ricos y poderosos mercaderes, banqueros y escribanos de Sevilla, Carmona y Utrera.
A partir de aquí termina la historia y comienza la leyenda, de la que existen al menos dos versiones: según una de ellas, repudiada por la comunidad judía y también por su novio cristiano, una desesperada Susona busca ayuda en la Catedral, donde el arcipreste Reginaldo de Toledo, obispo de Tiberíades, la bautiza y le da la absolución, aconsejándole que se retire a hacer penitencia a un convento, como así hizo. Permaneciendo allí muchos años para, finalmente, volver a su casa donde llevó una vida ejemplar hasta su muerte. La otra versión, diametralmente opuesta, cuenta que el susodicho obispo la visitaba asiduamente en el convento donde se recluyó, terminando por enamorarse de ella. La sacó de allí y se la llevó con él, manteniendo una larga relación de la que nacieron dos hijos. Finalizada ésta comenzó otra con un pudiente especiero de la villa pero que tampoco llegó a buen puerto. Después de muchos tumbos, terminó sola, pobre y apartada de todos.
En cualquier caso, fuera cierta una o la otra versión, cuando Susona muríó y se abrió su testamento, encontraron el siguiente mandato... “y para que sirva de ejemplo a los jóvenes en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto separen mi cabeza de mi cuerpo y la pongan sujeta en un clavo sobre la puerta de mi casa familiar y quede allí para siempre jamás”.
Se respetó su voluntad. Y durante más de un siglo, hasta bien entrado el 1.600, allí permaneció la cabeza de Susona. Macabro motivo por el cual la calle fue conocida durante muchos años como de la Muerte. La cabeza terminó por pudrirse y fue sustituida por un candil, que se cambió, definitivamente, por un azulejo donde se muestra su calavera. Azulejo que, en la actualidad, se acompaña de otro nuevo y de gran tamaño donde se resume la historia de la fermosa hembra Suona Ben Susón, conocida que fue como Susona. Al igual que se conoce hoy a la que fuera, antaño, Calle de la Muerte, una callejuela que parte desde La plaza de Doña Elvira y desemboca en el Callejón del Agua, muy cerca, eso sí, de la Calle de la Vida.
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