sábado, 14 de enero de 2017

La alquimia en el Bosco - Ciríaco de Ancona

Nos situamos delante de un cuadro de El Bosco (Jeroen van Aeken - 1450/1460-1516) y tratamos de descifrarlo como un algoritmo. No solemos ver estilo, técnica, perspectiva o composición, sino que solemos quedar obnubilados por los monstruos, elementos oníricos, referencias apocalípticas y seres grotescos que plagan sus cuadros. Tratamos de psicoanalizarlos. Quizás pase algo parecido con Leonardo da Vinci y algún otro, pero apenas hay artista que encierre tantos enigmas como el pintor holandés.

El legado de El Bosco son sus pinturas, no sus pensamientos. Solo conservamos sus palabras en protocolos notariales, catastros y otros registros de la propiedad. Por eso, saber qué pensaba cuando pintaba lo que pintaba ha llevado a desarrollar tesis de todo tipo. Se le sitúa cercano a las corrientes heréticas, preso de la locura, iniciado en la alquimia y creyente de Dios de un modo exacerbado.

La coronación de espinas | El Escorial
Estas teorías -algunas más que estrafalarias- quedan relegadas por la mayoría de expertos en Historia del Arte, que inciden en que el acercamiento a su pintura se debe hacer desde la óptica del siglo XVI. Hijo y nieto de pintores, El Bosco escribió el epílogo del arte medieval y, de hecho, el grueso de su iconografía proviene de este periodo. Pero, además, construyó el puente hacia el mundo moderno.

"Es un intelectual de su tiempo, crítico con los usos y abusos de la sociedad que le rodea"

Mª Victoria Chico Picaza, doctora en Historia del Arte y profesora titular de la UCM, describe al holandés como "uno de los representantes más significativos de la espiritualidad del final de un mundo, la Edad Media, y el comienzo de otro, la Edad Moderna, en los años 1500" e insiste en que fue "un perfecto representante de su tiempo, de sus miedos y de sus frustraciones". "Recoge y recrea un repertorio muy rico de simbolismos consolidados a lo largo de toda la Edad Media, construyendo con ellos una visión del mundo que oscila entre la lección moralizante y la fantasía, con una técnica pictórica magnífica, que muchas veces se deja de lado ante lo sugerente de su temática". Chico niega con rotundidad el apelativo de hereje: "En absoluto, es un intelectual de su tiempo, crítico con los usos y abusos de la sociedad que le rodea y que, como queda patente en algunas de sus obras o de las de su entorno, remite al espectador a la reflexión 'cave, cave, Deus videt (Ten cuidado que Dios está mirando)'".

Inspiración sagrada
La inspiración fundamental de la obra de El Bosco se encuentra en las Sagradas Escrituras. Isabel Mateo Gómez, profesora de investigación del Departamento de Historia del Arte del CSIC, asegura en el libro El Bosco en España que los temas que trataba el holandés no eran más que aquellos que los "que interesaron a la sociedad del periodo que le toco vivir". Él, como pocos, "supo poner al alcance de ellos estas preocupaciones sociales y religiosas que parecían ser privativas de la literatura y sociedad culta". "Nunca hasta entonces ningún pintor había intentado fusionar lo cristiano con lo pagano sin que afectase a la intensidad de ambos", escribe.

Mateo cree que El Bosco no pensó que sus obras resultaran alguna vez enigmáticas: "Sus contemporáneos estaban familiarizados con toda esta simbología, no solo en los Países Bajos, sino en toda Europa hasta bien finalizado el siglo XVI". Así, por ejemplo, el cuadro La extracción de la piedra de la locura (Museo del Prado) no muestra más que los avances sobre enfermedades mentales que había en esa época.

La extracción de la piedra de la locura - 1501 - 1505. Óleo sobre tabla de madera de roble, 48,5 x 34,5 cm.
En el centro de una superficie rectangular el Bosco trazó un círculo en cuyo interior representó la escena de la Extracción de la piedra de la locura. El pintor creó un espejo en el que se pudiera ver la necedad y la locura humana y lo situó en el mundo rural, opuesto al de la nobleza y la vida urbana; de ahí que ambiente la escena en el campo, en medio de un paisaje. Como se hacía en las miniaturas, dispuso alrededor del círculo una decoración de lazos dorados sobre fondo negro y una inscripción en letras góticas, también doradas, en la parte superior: Meester snijt die keye ras (Maestro, quítame pronto esta piedra); y en la parte inferior: Myne name is lubbert das (Mi nombre es Lubbert Das)
La tradición popular asociaba la locura a una piedra alojada en el cerebro. Tomando la metáfora en sentido estricto, los más ingenuos trataban de librarse de esa supuesta piedra haciendo que se la extirparan. El Bosco representa la escena al aire libre, sobre un pequeño promontorio que se alza sobre una llanura con dos ciudades en la lejanía. Muestra al paciente, un campesino, viejo, gordo y desprovisto de sus zuecos, atado a un sillón. El charlatán o falso cirujano que hace la operación lleva un embudo invertido en la cabeza. Es el símbolo del engaño, que pone al descubierto que no es un sabio, sino un estafador. 
Su supuesta herejía, no es cosa de nuestro siglo. Francisco de Quevedo, que conoció su obra, comentó en El Sueño del Alguacil endemoniado o Diálogo Apologético la falta de fe del artista y le definió como un descreído que pinta escenas "lascivas". Hay historiadores, entre los que destaca el alemán Wilhelm Fraenger (1890-1964), que defienden que El Bosco perteneció a una secta herética del medievo, los Hermanos del Libre Espíritu, y su cuadro El jardín de las delicias es un encargo para ilustrar la Biblia Adamita -el libro sagrado de esta doctrina surgida entre el siglo II y el III en África-. Esta reflexión sigue vigente.

JOSE ANTONIO BERTRAND
La Alquimia en el Bosco, Durero y otros pintores del Renacimiento, publicado por SYMBOLOS en su colección Tradición Universal: Arte y Literatura (Barcelona 1989), hoy agotado.
Reproducción de su introducción y el primer capítulo, pincha aqui

Interpretación en clave alquímica
Son muchos los autores que han tratado de interpretar la obra de El Bosco en clave alquímica. Así encontramos la novela El alquimista holandés (Esfera de libros) de Isabel Abenia o La Alquimia en el Bosco, Durero y otros pintores del Renacimiento (Symbolos), de José Antonio Bertrand. Este escritor asegura que hay muchos elementos que atestiguan su iniciación, como "la Fuente de la Juventud que ofrece el elixir de larga vida, un símbolo típicamente alquímico" y que, según dice, se ve en El Jardín de las delicias.

El Jardín de las delicias | Museo del Prado
Nos permite suponer que el Bosco era un iniciado, o por lo menos, trabajaba para una escuela de alquimistas. Nos muestra por un lado las regiones infernales y por otro los jardines celestes. Ello expresa la melancolía del iniciado que lucha contra las tentaciones del mundo y su alegría en la iluminación final.

Fragmento de «El Jardín de las Delicias», del Bosco- MUSEO DEL PRADO
Además, insiste en que El Bosco "conocía perfectamente el simbolismo del bestiario alquímico" y lo ejemplariza con la presencia de un unicornio, "simbolismo alquímico del principio masculino".

El padre Sigüenza, primer analista de El Bosco
El más profuso defensor de su fe y su cordura fue el padre Sigüenza (1544-1606), consejero de Felipe II y bibliotecario del Monasterio de El Escorial. En Historia de la Orden de San Jerónimo (1605) inventarió los cuadros del monarca, ubicó las obras de El Bosco y alejó las acusaciones de herejía:
Más disparate cometemos nosotros al considerarlas como tales, pues los cuadros no son sino una sátira pintada de los pecados y desvaríos de los hombres.
El padre Sigüenza no podía permitir que sonase una acusación tan importante sobre uno de los pintores preferidos de Felipe II, algo que podía atraer la atención de la Inquisición.

Fragmento de «El Jardín de las Delicias», del Bosco- MUSEO DEL PRADO

Agustín Sánchez Vidal, Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza y autor de Felipe II y el Bosco: de la Leyenda Negra a la España Negra reitera a Libertad Digital la importancia de la religión en el periodo histórico del que hablamos. "Es que en su época todo pasaba por el tamiz de la religión. Y hoy nos cuesta meternos en la piel de un hombre perteneciente a lo que se ha llamado el otoño de la Edad Media. Si intentamos leer a un escritor en nuestro propio idioma de hace 4, 5 o 6 siglos, nos toparemos con un muro: el lenguaje, que no es el mismo, aunque la lengua sí lo sea. Es lo que le pasa a Cervantes, cuyo Quijote a pesar de que sus aventuras y desventuras sean harto conocidas, han sido traducidas al español actual. El Bosco nos interpela desde otro tiempo, otra tradición cultural y otro lenguaje", asegura Sánchez.

Admite que es uno de los artistas más enigmáticos y nos hace esta apreciación: "Lo curioso de El Bosco es que, a pesar de ser un artista difícil, es muy popular. Basta darse una vuelta por el Museo del Prado y ver los visitantes que se agolpan frente a El Jardín de las Delicias. Hay muchos otros pintores que son populares por distintos motivos, incluso por la pretensión de desencriptar sus obras -Leonardo da Vinci viene de inmediato a la memoria-, pero El Bosco es un caso aparte, ni siquiera sus mejores expertos se ponen de acuerdo en lo que 'quieren decir' sus imágenes, sus propósitos últimos. Y esto seguirá haciendo correr ríos de tinta".

Sánchez Vidal nos da otra clave sobre la sombra de El Bosco en las generaciones de artistas y pensadores posteriores: "En cierto modo, cuando sus cuadros hablan de nuestros pecados capitales, de la lujuria, la avaricia u otras pulsiones, está visualizando lo que luego explorará Freud y cartografiarán los pintores contemporáneos. Fue reivindicado por algunas de las vanguardias más exigentes, como el surrealismo. André Breton lo cita en su Manifiesto. Y no digamos ya Joan Miró, Salvador Dalí, Max Ernst y tantos otros".

Fuente: Libertada Digital - Laura Galdeano

Ancona es un municipio y puerto en Marcas (Marche), una región del centro de Italia, con una población de 102.521 habitantes (2009). Está situada en la costa oeste del mar Adriático en el golfo de Ancona. Es el centro de la provincia homónima y la capital de la región. La ciudad se localiza 210 km al noreste de Roma.
Las principales rutas y almacenes de la República de Ancona. Excepto Trípoli, Barcelona, Valencia y los puertos del Mar Negro, todos fueron atendidos por Ciriaco durante sus viajes.
Ciríaco de Ancona (Ancona c.1391 – Cremona c. 1455), fue un viajero y coleccionista de antigüedades italiano. Estuvo empleado por los otomanos durante el sitio de Constantinopla.
Fue de los primeros humanistas del Renacimiento que estudió personalmente los restos físicos del mundo antiguo, y por tal motivo es a veces recordado como el padre de la arqueología.
Nacido en el seno de una familia de mercaderes se dedicó al comercio, oficio que pronto abandonó para dedicarse a los estudios de la Antigüedad clásica, de la cual investigó la historia y aprendió las lenguas. En numerosos viajes por Italia, Dalmacia, Grecia y Egipto redactó detalladas descripciones de los antiguos monumentos acompañándolas de ilustraciones realizadas por él mismo.
 Comparison of giraffes in Cyriacus of Ancona's Egyptian Voyage (left) and Bosch's Garden of Earthly Delights (right)

Arco de Traiano de Ancona (cuadro pintado por Domenichino)
El Partenón (Atenas) dibujado por Cirìaco
La estatua ecuestre de la Columna de Justiniano (Constantinopla) dibujada por Cirìaco
Dotado de una gran curiosidad, descubrió varios relictos y adquirió documentos y códices, acumulando la suficiente cantidad de datos como para escribir sus "I commentarii" ("Los Comentarios"), obra en seis volúmenes que desafortunadamente fue destruida en 1514 por el incendio que se produjo en la biblioteca de Alessandro y Constanza Sforza en Pésaro; asimismo redactó una serie de manuscritos documentales que donó a la ciudad de Ancona pero que en 1532 se perdieron durante el incendio del archivo de esa ciudad.

jueves, 12 de enero de 2017

El Bosco - Hijo pródigo - Tríptico del carro de heno - Gótico flamenco

Hijo pródigo - El Bosco - 1510 h.Museo Boymans-van Beuningen (Rotterdam)

Esta tabla se interpretó en un primer momento como el Hijo Pródigo, que tras haber dilapidado la herencia de su padre cayó en la pobreza, sufrió terribles humillaciones y terminó por regresar a la casa paterna donde fue recibido con gran alborozo y restituido en su puesto. La interpretación se realizó sobre todo a partir del abandono de la casa llena de pecados: la pareja que se besa en la puerta, el labriego que orina en la esquina... y los cerdos que hay en el exterior (el último trabajo del hijo pródigo fue criar a una piara, y comía y dormía con los cerdos). Sin embargo, se ha analizado el vestido y los objetos del personaje principal y se ha llegado a la conclusión de que se trata de un buhonero. Es un vendedor ambulante, uno de los oficios más desprestigiados de la Europa medieval. Su talla moral era la de un canalla, lo cual invalida la posibilidad de identificarlo con el hijo pródigo. Otras interpretaciones han querido ver el tránsito del cristiano en el mundo, dejando atrás los vicios y placeres, pero aquí más bien parece que el perro que guarda la casa le gruñe para alejarlo a él, que constituye la verdadera amenaza para los habitantes.

Tríptico del carro de heno 1512 - 1515 
Con esta obra el Bosco demuestra que el hombre, con independencia de su clase social o su lugar de origen, está tan poseído por el deseo de gozar y adquirir riquezas materiales que se dejará engañar o seducir por el Demonio. La lección que propone el artista es que debemos alejarnos de los bienes terrenales y de los placeres de los sentidos para evitar la condenación eterna. Se trata por tanto de un ejemplo opuesto a los ejemplos al uso en la época, en el sentido de que lo importante no es tanto hacer el bien, como evitar el mal y seguir esta norma a lo largo de la vida. 


En el tríptico cerrado el Bosco representa el tema del camino de la vida en pintura, y no en grisalla o semigrisalla como en la versión de Róterdam. Muestra en él a un anciano pobremente vestido, inclinado por el peso del cesto que lleva sobre sus espaldas y defendiéndose con un bastón de un perro que le acecha. Pese al mal estado en el que se encuentra, ha podido dejar atrás el ataque de los bandidos y la danza de la pareja de pastores al son de la gaita, alusiva a la lujuria. En el peregrinar de su viaje sin destino, y cuya dirección ignora, ha ido sorteando los peligros del camino y sabe que debe continuar, pese a lo incierto que pueda ser lo que le espera al cruzar el puente. En el dibujo subyacente el Bosco había representado detrás de este puente una cruz que eliminó en la fase de color. La sustituyó por un crucifijo en el interior del pequeño altar colocado en el árbol bajo el que está sentado un pastor que toca la gaita, sin que nadie se percate de su presencia. Todos viven de espaldas a él, todos se olvidan de Dios, como en el Carro de heno.


El tríptico abierto está dedicado al pecado. En el panel izquierdo se muestra su origen, desde la caída de los ángeles rebeldes hasta la expulsión del Paraíso. Digno de destacar es el modo en que el pintor representó a esos seres angélicos que, al desobedecer a Dios, fueron arrojados del cielo y experimentaron una metamorfosis que acabó por convertirlos en monstruosas figuras híbridas. En primer plano, el Bosco hizo también hincapié en la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. El arcángel, con su espada levantada, les impide franquear la elevada puerta antropomorfa que separa el Paraíso -escenario de la creación de Eva y de su tentación por la serpiente- del mundo en el que transcurrirá la vida del hombre tras su pecado.

Escena que representa la expulsión de los ángeles rebeldes, liderados por Lucifer, del Cielo. El pintor nos muestra la figura de Cristo entronizado y en actitud de bendecir, a su alrededor los ángeles luchan y expulsan a los rebeldes hacia la Tierra. Estos últimos, al caer, abandonan su aspecto angelical y se convierten en seres monstruosos, reptiles, insectos, sapos...

Siguiendo la línea narrativa, al descender por el panel izquierdo nos encontramos en el Jardín del Edén, donde la figura de Dios, ataviada a semejanza de un gran sacerdote, crea a Eva a partir de la costilla de Adán.
La narración continúa con el Pecado Original, justo en el momento en el que el demonio, que ha adoptado una forma híbrida, mitad mujer y mitad serpiente, típica de la imaginación medieval, tienta a la pareja con una manzana del Árbol del Conocimiento.

El panel izquierdo se cierra con la expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal. Un ángel blande su espada de forma amenazadora desde la puerta del Edén. Adán y Eva tratan de cubrir sus cuerpos desnudos mostrando vergüenza pues al haber comido el fruto del árbol prohibido, comienzan a juzgar si los actos son buenos o malos y toman conciencia de su desnudez.
En el panel central el artista muestra a la humanidad arrastrada por el pecado, yendo tras ese carro de heno con el que se ilustra el versículo de Isaías. Toda carne es heno y toda gloria como las flores del campo, que alude a lo efímero y perecedero de las cosas terrenales. A la vez también se recrea un proverbio flamenco: El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que puede. Bajo la atenta mirada de Cristo Redentor, todos los estamentos quieren coger un puñado de ese heno, incluido el clero, que aparece aquí censurado por vicios como la avaricia y la lujuria. Para lograr su objetivo no dudan en cometer todo tipo de atropellos. Mientras, en el primer plano transcurre la vida cotidiana: desde las mujeres que cuidan de sus hijos y realizan sus tareas diarias hasta el sacamuelas. Por su parte, los que intentan por todos los medios subirse al carro no ven a los seres demoníacos que lo guían y los llevan directos al Infierno. Y menos aún los puede ver la multitud que sigue al carro, encabezada por los grandes de la tierra a caballo: el papa; el emperador, con una corona similar a la de Dios Padre; un rey, al que las flores de lis de su corona -añadidas en la fase de color- asocian con el rey francés; y un duque, con un tocado a la borgoñona. Entre la desesperación del ángel de la guarda que eleva su mirada hacia Cristo y el demonio que toca la trompeta, encima del carro triunfa la lujuria, favorecida por la música con la que se entretiene la rica pareja sentada sobre el heno, mientras sus dos sirvientes retozan entre los arbustos.

En su cima encontramos a una pareja de amantes que se besan (lujuria), junto a ellos hay un trío de músicos (los amantes han sucumbido a la música de la carne), un demonio azul se une al concierto tocando su nariz con forma de trompa, mientras un ángel reza pidiendo la intercesión de Jesús, que aparece en un claro entre las nubes. Curiosamente es la única figura que busca la mediación divina, el resto está ocupado con la mundanidad de la vida.

En primer lugar aparecen los más poderosos de la Tierra, el Papa, el Emperador y los Reyes, reconocibles fácilmente por sus ropas y atributos. Detrás de ellos nobles, alto clero, judíos... Sin embargo a sus pies vemos las disputas de la gente común, algunas intentan usar una escalera para llegar hasta el heno, otras discuten acaloradamente, algunas llegan incluso a amenazarse con un cuchillo. 

Sin embargo el mejor ejemplo de los actos de vileza que pueden llegar a cometer los humanos por la riqueza aparece a los pies del carro. Allí dos mujeres han llegado directamente a las manos mientras otras figuras hacen caso omiso y siguen sacando paja del carro. En algunos casos están a punto de ser atropellados por las ruedas. La escena más violenta la vemos en el suelo, donde un hombre está degollando a otro tras una pelea a cuchilladas.

El triunfo de la Muerte - 1562 - 1563. Óleo sobre tabla, 117 x 162 cm.
Obra moral que muestra el triunfo de la Muerte sobre las cosas mundanas, simbolizado a través de un gran ejército de esqueletos arrasando la Tierra. Al fondo aparece un paisaje yermo donde aún se desarrollan escenas de destrucción. En un primer plano, la Muerte al frente de sus ejércitos sobre un caballo rojizo, destruye el mundo de los vivos, quienes son conducidos a un enorme ataúd, sin esperanza de salvación. Todos los estamentos sociales están incluidos en la composición, sin que el poder o la devoción pueda salvarles. Algunos intentan luchar contra su funesto destino, otros se abandonan a su suerte. Sólo una pareja de amantes, en la parte inferior derecha, permanece ajena al futuro que ellos también han de padecer. La pintura reproduce un tema habitual en la literatura del medioevo como es la danza de la Muerte, que fue frecuentemente utilizado por los artistas nórdicos. Brueghel dotó a toda la obra de un tono pardo rojizo, que ayuda a dar un aspecto infernal a la escena, apropiado para el asunto representado. La profusión de escenas y el sentido moralizante utilizado por el autor, son parte de la influencia de El Bosco en su obra.
Pieter Brueghel llamado el Viejo,  (Bruegel cerca de Breda o Brée, h. 1525 - Bruselas, 5 o 9 de septiembre de 1569) fue un pintor y grabador brabanzón. Fundador de la dinastía de pintores Brueghel, es considerado uno de los grandes maestros del siglo XVI, y el más importante pintor holandés de ese siglo. Con Jan Van Eyck, el Bosco y Pedro Pablo Rubens, está considerado como una de las cuatro grandes figuras de la pintura flamenca.
La pintura perteneció a la reina Isabel Farnesio, quien la tenía en el Palacio de La Granja.

El tres de mayo de 1808 en Madrid o Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío o Los fusilamientos del 3 de mayo - Francisco de Goya, 1813-1814. (Similitud con el hombre muerto) 

Junto a la firma del autor, en la esquina inferior derecha del panel central, El Bosco coloca a un orondo monje, sentado tranquilamente en una especie de cátedra, bebiendo alegremente mientras un grupo de monjas se dedican laboriosamente a llenar una bolsa de heno. La sátira no perdona tampoco al clero, puesto que en aquella época estaba siendo muy criticado por su mundanidad, por la corrupción y la venta de cargos eclesiásticos que acabarían desembocando, ya en el siglo XVI, en la reforma protestante.
El carro de heno es conducido por un grupo de bestias y monstruos que tiran de él y parecen encaminarlo hacia el panel de la derecha, que representa el Infierno. Los avariciosos humanos, al igual que pasa con la figura de Jesucristo, parecen no percatarse de quiénes dirigen el carro ni hacia dónde va.
El panel de la derecha representa el Infierno donde se concentran las figuras más grotescas de El Bosco, dispuestas a castigar los pecados de la humanidad. Aquí encontramos las representaciones más violentas puesto que el fin último de la obra es moralizante y era necesario infundir el miedo al pecado. El alma de un hombre es conducido por dos figuras monstruosas, ante ellos se presentan varias escenas de tortura, un hombre es asaetado mientras monta sobre una vaca, otro es arrojado a una jauría de perros que lo devoran, mientras otro es desollado.

En el panel derecho el Bosco representa el Infierno de forma igualmente novedosa. A diferencia de sus otros Infiernos, este está construyéndose aún. Los demonios se afanan por concluir la torre circular como si fueran albañiles, transportando el material por la elevada escalera -situada en la misma posición que la que se apoya sobre el carro de heno- o preparando la argamasa para seguir levantando en altura sus muros. Atentos a su labor, están de espaldas a los demonios, que siguen trayendo a nuevos pecadores para sufrir su castigo.
El dibujo subyacente está realizado a pincel con un medio líquido muy fluido. Dada la delgadez y la transparencia de la capa pictórica, ha trepado hasta la superficie y resulta visible en muchos lugares. En general, en esta obra el Bosco dibuja rápido, con trazos simples y de forma esquemática, para situar los principales elementos de la composición. En algunos casos refuerza los contornos de las figuras y los pliegues de sus vestiduras. Los rostros adoptan formas casi caricaturescas y con frecuencia los traza con apenas unos puntos que indican sus rasgos -ojos, nariz y boca-. Son excepcionales las zonas dotadas de un amplio modelado, como vemos en el ángel que mira al cielo sobre el carro de heno y, sobre todo, en el arcángel que expulsa a Adán y Eva del Paraíso.

Gótico flamenco 

En el siglo XV los Países Bajos se habían convertido en un centro artístico de primer orden practicando un estilo pictórico denominado gótico flamenco que acabaría por clausurar la Edad Media, y que competía con el pujante Renacimiento que surgía en la Italia del Quattrocento. Entre sus principales figuras se encontraba Jan van Eyck, Roger van der Weyden, Hugo van der Goes, Hans Memling o el mismo El Bosco. Se trataba de un estilo innovador dentro del arte gótico puesto que trataba de romper con las formas planas y bidimensionales góticas para pasar a representar la realidad con mayor veracidad, buscando la perspectiva y la tridimensionalidad del espacio. Además introdujo una nueva técnica pictórica, el óleo, que permitía pintar con colores mucho más vivos y con mayor detalle, como no se habían visto nunca hasta el momento.

El gusto de Felipe II por El Bosco -La Biblia de los pobres

Adoración de los Magos (El Bosco), pincha aqui

Felipe II de España, llamado «el Prudente» (Valladolid, 21 de mayo de 1527-San Lorenzo de El Escorial, 13 de septiembre de 1598), fue rey de España desde el 15 de enero de 1556 hasta su muerte, de Nápoles y Sicilia desde 1554 y de Portugal y los Algarves —como Felipe I— desde 1580, realizando la tan ansiada unión dinástica que duró sesenta años. Fue asimismo rey de Inglaterra e Irlanda iure uxoris, por su matrimonio con María I, entre 1554 y 1558.
Hijo y heredero de Carlos I de España e Isabel de Portugal, hermano de María de Austria y Juana de Austria, nieto por vía paterna de Juana I de Castilla y Felipe I de Castilla y de Manuel I de Portugal y María de Aragón por vía materna; murió el 13 de septiembre de 1598 a los 71 años de edad, en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, para lo cual fue llevado desde Madrid en una silla-tumbona fabricada para tal fin.Su reinado se caracterizó por la exploración global y la expansión territorial a través de los océanos Atlántico y Pacífico, llevando a la Monarquía Hispánica a ser la primera potencia de Europa y alcanzando el Imperio español su apogeo, convirtiéndolo en el primer imperio mundial ya que, por primera vez en la historia, un imperio integraba territorios de todos los continentes habitados del planeta Tierra.
Felipe II fue uno de los coleccionistas más entusiastas de El Bosco. La admiración del rey por el pintor flamenco es bastante peculiar puesto que el artista reflejaba en sus pinturas los vicios de la época, criticaba abiertamente la religión o las altas jerarquías, e imaginaba un sinfín de formas fantásticas y de seres infernales. En sus obras sarcásticas y grotescas, se retrata el pecado que debía ser castigado con la eternidad en el infierno. Representó mundos irreales y paisajes oníricos con un fuerte carácter satírico y moralista. Dicen precisamente que el monarca, el Rey prudente, se entusiasmó por El Bosco porque pintaba al hombre como era, no como quería ser.

El hijo de Carlos V fue un gran mecenas de las artes y sintió una predilección especial por las escuelas italianas y flamencas. "La pintura italiana era la que mejor representaba el carácter oficial de la corte y por eso Tiziano fue su pintor favorito desde ese punto de vista. La flamenca era la que mejor se adscribía a los intereses piadosos de su dinastía". Por eso, Felipe II se fascinó de las diablerías de El Bosco. "El carácter religioso y moralizante que vio Felipe II en sus obras fue determinante para que destinara el mayor número al monasterio de El Escorial", añade.

Felipe II llenó el Monasterio de El Escorial con todos los cuadros de El Bosco que pudo. La mayoría los adquirió de otras colecciones nobles que existieron en el momento ya una vez hubo muerto el artista flamenco. En 1574 llegaron El carro de heno, la Mesa de los Pecados Capitales, la Adoración de los Magos, Cristo con la cruz a cuestas y varias Tentaciones de San Antonio, mientras que en 1593 llegaron otros cuadros procedentes de la almoneda de Fernando de Toledo, hijo del gran duque de Alba, como El jardín de las Delicias o la Coronación de espinas. Gracias a Felipe II, España reúne el mayor numero de obras originales de El Bosco.
Fernando de Toledo (La Aldehuela, 1527 – Madrid, 1591) fue un militar español del siglo XVI, que alcanzó los empleos de caballero y gran prior de la Orden de Malta, Virrey de Cataluña y miembro del Consejo de Estado del rey Felipe II de España.Su juventud fue trazada por Lope de Vega en su comedia «Más mal hay en la Aldegüela de lo que suena», también conocida como «el Prior de Castilla».
Fernando de Toledo fue el hijo ilegítimo de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel —el futuro III duque de Alba de Tormes, conocido como el Gran Duque de Alba— nacido de su relación con una molinera que vivía en La Aldehuela, Ávila, cuando él estaba soltero y aún no había sucedido en la Casa de Alba.
Dominios europeos y norteafricanos de Felipe II hacia 1580.
El gobierno de Felipe II coincidió con la etapa histórica conocida como el Renacimiento. La literatura religiosa estuvo encabezada por escritores como: Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, fray Luis de Granada, fray Luis de Molina, San Juan de Ávila y fray Juan de los Ángeles. Miguel de Cervantes empezó a escribir sus primeras obras. La poesía lírica renacentista de este se dividió en dos escuelas: la Salmantina (Fray Luis de León) y la Sevillana (Fernando de Herrera) Entre los pintores más famosos destacaron El Greco, Tiziano, Antonio Moro o Brueghel el Viejo. Alonso Sánchez Coello fue el pintor de cámara de Felipe II. Fue el apogeo de los arquitectos españoles, entre ellos: Juan de Herrera, Juanelo Turriano, Francisco de Mora o Juan Bautista de Toledo, que tuvo como resultado la aparición de un nuevo estilo, que se caracterizó por el predominio de los elementos constructivos, la ausencia decorativa, las líneas rectas y los volúmenes cúbicos. Este estilo fue bautizado posteriormente como estilo herreriano. Estos afamados arquitectos construyeron edificios religiosos y mortuorios como el Monasterio de El Escorial o la Catedral de Valladolid; civiles o administrativos como la Casa de la Panadería de Madrid o la Casa de la Moneda de Segovia, y militares como la Ciudadela de Pamplona.Los compositores más notables de música sacra durante el reinado de Felipe II fueron Tomás Luis de Victoria y Francisco Guerrero. 
Hombre de Vitruvio, dibujo de Leonardo da Vinci, expresión del canon estético renacentista.
El Hombre de Vitruvio o Estudio de las proporciones ideales del cuerpo humano es un famoso dibujo acompañado de notas anatómicas de Leonardo da Vinci realizado alrededor del año 1490 en uno de sus diarios.
Renacimiento es el nombre dado a un amplio movimiento cultural que se produjo en Europa Occidental durante los siglos XV y XVI Fue un período de transición entre la Edad Media y los inicios de la Edad Moderna. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes, aunque también se produjo una renovación en las ciencias, tanto naturales como humanas. La ciudad de Florencia, en Italia, fue el lugar de nacimiento y desarrollo de este movimiento, que se extendió después por toda Europa.

Leonardo da Vinci (Vinci, 15 de abril de 14522 -Amboise, 2 de mayo de 1519) fue un polímata florentino del Renacimiento italiano. Fue a la vez pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista. Murió acompañado de su fiel Francesco Melzi, a quien legó sus proyectos, diseños y pinturas. Tras pasar su infancia en su ciudad natal, Leonardo estudió con el célebre pintor florentino Andrea de Verrocchio. Sus primeros trabajos de importancia fueron creados en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza. Trabajó a continuación en Roma, Bolonia y Venecia, y pasó los últimos años de su vida en Francia, por invitación del rey Francisco I.

El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es un complejo que incluye un palacio real, una basílica, un panteón, una biblioteca y un monasterio. Se encuentra en la localidad de San Lorenzo de El Escorial, en la Comunidad de Madrid, España,  fue construido entre 1563 y 1584.
El palacio fue residencia de la Familia Real Española, la basílica es lugar de sepultura de los reyes de España y el monasterio –fundado por monjes de la Orden de San Jerónimo– está ocupado actualmente por frailes de la Orden de San Agustín. Es una de las más singulares arquitecturas renacentistas de España y de Europa. Situado en San Lorenzo de El Escorial, ocupa una superficie de 33.327 m², sobre la ladera meridional del monte Abantos, a 1028 m de altitud, en la Sierra de Guadarrama.
Juan Bautista de Toledo (Toledo o Madrid, alrededor de 15151 - Madrid, 10 de mayo de 1567) fue un arquitecto renacentista español, uno de los más destacados de su tiempo, con excepcional experiencia en urbanismo e ingeniería militar e hidráulica.
Juan de Herrera (Roiz, Cantabria, en 1530-Madrid en 1597) fue un arquitecto, matemático y geómetra español, considerado uno de los máximos exponentes de la arquitectura renacentista hispana. Su sobrio y severo estilo arquitectónico, llamado herreriano en su honor, fue representativo del reinado de Felipe II (r. 1556-1598 e influyó notablemente en la arquitectura española posterior, principalmente a lo largo del siglo XVII.
La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Valladolid es un templo católico ubicado en la ciudad de Valladolid con categoría de catedral, sede de la Archidiócesis de Valladolid. Concebida en el siglo XVI como última obra de Felipe II y diseñada por el arquitecto Juan de Herrera, es un edificio de estilo herreriano con añadidos barrocos. Debía ser la catedral más grande de Europa, si bien se encuentra construida en un 40-45%,2 debido a la falta de recursos para un proyecto de tal magnitud y a los gastos provocados por la difícil cimentación del templo, situado en una zona con un gran desnivel en el terreno.Juan de Herrera (Roiz, Cantabria, en 1530-Madrid en 1597) fue un arquitecto, matemático y geómetra español, considerado uno de los máximos exponentes de la arquitectura renacentista hispana. Su sobrio y severo estilo arquitectónico, llamado herreriano en su honor, fue representativo del reinado de Felipe II 
(r. 1556-1598 e influyó notablemente en la arquitectura española posterior, principalmente a lo largo del siglo XVII.

Complejo de edificios de la Casa de la Moneda
La Real Casa de la Moneda es un edificio construido en el siglo XVI en Segovia como sede de la primera casa de moneda mecanizada en España.
A finales del 1580 Felipe II ordenó que se hiciera una nueva técnica de acuñar monedas a rodillo. La casa de la moneda está reconocida como uno de los edificios de arquitectura industrial más antiguos de toda Europa.
Esta tecnología renacentista consistía en un sistema de laminación y acuñación mediante ingenios movidos por ruedas hidráulicas. Esta técnica fue inventada en Augsburgo en 1550 y antes de su implantación en Segovia se utilizaba en otras ciudades europeas. La máquina construida en Burg Hasegg, Hall in Tirol, (Austria) se trajo a España con el mayor convoy industrial que se conoce hasta el momento. El diseño de esta vanguardista fábrica se debe a Juan de Herrera, uno de los arquitectos más influyentes de la historia de España, quien lo llevó a cabo junto con los arquitectos austriacos.

La Ciudadela de Pamplona o Castillo Nuevo (en euskera Iruñeko Zitadela) es una fortificación renacentista de antiguo uso militar, construida entre los siglos XVI y XVII en la ciudad de Pamplona, capital de la Comunidad Foral de Navarra (España). En la actualidad se mantiene gran parte de ella en pie como jardín y con actividades culturales en sus edificios.
Felipe II ordenó su construcción en 1571, dentro de un plan de renovación y fortalecimiento general de las fortificaciones de la ciudad. El encargado de diseñarla fue el ingeniero militar Giacomo Palearo, por sobrenombre "el Fratin", y en la que participó también el virrey de Navarra Vespasiano Gonzaga y Colonna. Idearon un sistema defensivo acorde con la teoría del Renacimiento italiano y que se había puesto en práctica poco antes en la ciudad de Amberes

La Casa de la Panadería es un edificio de cuatro alturas, con la planta baja porticada, estando rematado el último piso en forma de ático, y los laterales coronados por torres angulares. Está situada en el centro del lado norte de la Plaza Mayor de Madrid.
La Casa de la Panadería fue levantada durante la construcción de la Plaza Mayor, siendo Juan Gómez de Mora el encargado de su construcción, que terminó en 1619. Tras el segundo incendio de la plaza en 1672, el edificio fue reconstruido en diecisiete meses por un equipo liderado por Tomás Román, encargándose los pintores Claudio Coello y José Jiménez Donoso de la decoración interior y los frescos de la fachada. Tras el tercer incendio de la plaza en 1790, del que se libró la Casa de la Panadería, sirvió de referencia a Juan de Villanueva para la reconstrucción del caserío de la plaza.
Juan Gómez de Mora (Cuenca, 1586-Madrid, 1648) fue un arquitecto español. Sobrino del también arquitecto Francisco de Mora, tuvo relación con la Corte desde su nacimiento.
Fray José de Sigüenza (Sigüenza, 1544 - El Escorial, 22 de mayo de 1606), habitualmente citado como Padre Sigüenza, fue un monje de la Orden de San Jerónimo, historiador, poeta y teólogo español a caballo entre los siglos XVI y XVII.Fue hijo ilegítimo de Asensio Martínez, clérigo y sochantre de la catedral de Sigüenza, y de la viuda Francisca de Espinosa, y tuvo una hermana, Matea; por entonces se llamaba José de Espinosa, porque no podía usar el apellido paterno. Aprendió a leer con diez años. Aunque intentó ingresar en el Monasterio de Santa María del Parral, en Segovia, dos años después, no fue aceptado. En 1561 empezó estudios de Artes en la universidad de Sigüenza y obtuvo el grado de bachiller en 1563.Felipe II lo nombró su consejero; fue también prior de los jerónimos del Monasterio de Santa María del Parral. El rey lo nombró bibliotecario del Monasterio de El Escorial, hacia donde marchó en 1575. En 1577 abandonó El Escorial para predicar, porque era muy solicitado para esos menesteres. Estuvo en Sigüenza entre 1580 y 1582 y ostentó diversos cargos en su orden, y volvió a El Escorial en 1587, después de haber compuesto el sermón que inauguraba el imponente monasterio real en 1586.
Placa del callejero de Sigüenza.
La Biblia pauperum (expresión en latín que significa Biblia de los pobres) es una colección de imágenes que enfrentan escenas de la vida de Jesús con las correspondientes paralelas a las de la historia antigua de Israel (Antiguo Testamento y Profetas), que según la tradición cristiana son anticipaciones de la vida de Cristo.

La Biblia pauperum, como Biblia con imágenes se desarrolló con fuerza a finales de la Edad Media. Buscaba representar la Biblia visualmente, pero de forma diferente a una simple ilustración de la misma, donde en lugar de que las imágenes estén subordinadas al texto, aquí es al revés, las imágenes tienen un breve texto o no lo tienen en absoluto. Las palabras habladas por los personajes en las miniaturas salen escritas en rollos de pergaminos que parecen salir de sus bocas, como si de una historieta moderna se tratara.


Esta forma es una simplificación de las Biblias moralizantes, que se pueden considerar similares, pero con más texto. Como éstas, las Biblias pauperum estuvieron escritas en la lengua vernácula, en lugar del latín.

La invención de las imágenes de estos libros se atribuye a San Oscar, obispo de Bremen, según se indica en una nota a pie de página de una copia de Hanover. En la Catedral de Bremen existen restos de esta copia.


Sólo se conservan unos pocos ejemplares manuscritos de la Biblia pauperum que proceden de la escuela de Jan van Eyck.
La primera edición de tipos móviles fue impresa por Pfister en Bamberg en 1462. Las ediciones anteriores fueron escritas en latín, pero más tarde se imprimieron en lenguas vernáculas. Se publicó una edición en alemán (Armenbibel) en 1470. En 1503 en París, A. Vérard publicó Les Figures du Viel Testament et du Nouveau. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Mesa de los Pecados Capitales (El Bosco) - René François Ghislain Magritte (El espejo falso)

Sabemos poco de la vida del El Bosco, mucho menos que de algunos de sus contemporáneos como Durero o Leonardo da Vinci, apenas unos trazos de su nacimiento, aproximadamente hacia el 1450 en la ciudad holandesa de Hertogenbosch -de donde quizás provenga su apodo-, y sin embargo sus misteriosas composiciones han fascinado al mundo desde siempre.
En cuanto al contexto histórico en el que realiza su obra, se trata de finales del siglo XV cuando Europa se encuentra en en plena transformación hacia el Renacimiento. El oscurantismo medieval, dominado por la religiosidad y la moralidad, se abre progresivamente a una nueva visión humanista que pone en cuestión los tradicionales pilares de la sociedad. 

Mesa de los Pecados Capitales - 1505 - 1510. Óleo sobre tabla de madera de chopo, 119,5 x 139,5 cm
La Mesa de los Pecados Capitales lleva la firma del maestro, y todo parece confirmar que no es apócrifa. Las características del dibujo subyacente, con su variedad de trazos, como la que evidencia también el Carro de heno, así como la forma en que está trabajada la superficie pictórica, son similares a las de las obras de la última etapa del Bosco. 
Realiza una pintura inspirada en la interpretación muy personal de las Sagradas Escrituras, arraigada dentro de la tradición holandesa en cuanto a técnicas pero consiguiendo un lenguaje propio, complejo y subjetivo que es fácilmente reconocible. Un mundo pictórico lleno de imágenes monstruosas e incluso grotescas de escenas extrañas y llenas de fantasía desbordante, donde aparecen personajes deformes y animales irreales. Sus cuadros casi oníricos son de difícil interpretación, pero en la mayoría de las ocasiones tratan de temas religiosos, donde a través de la ironía y la caricatura hace una crítica directa de la sociedad corrupta y pecadora en la que vive.

En el centro del mayor de ellos, semejante a un gran ojo o al interior de un espejo cóncavo, se representa a Cristo saliendo de la tumba como Varón de Dolores y mostrando la llaga del costado, en una imagen similar a la que vemos en la misa de san Gregorio en el reverso de la Adoración de los Magos del Prado .
Simulan terribles pesadillas que algunos consideran predecesoras del movimiento Surrealista del siglo XX, aunque en realidad, El Bosco no se aleja de la influencia de la tradición y folckore medievales, donde los manuscritos miniados y los Bestiarios tuvieron un gran apogeo. 

De ahí su gusto por las escenas detallistas en miniatura que llenan el espacio de pequeñas figuras realizando la más variada de las acciones. Fue además un gran dibujante y un estudioso de la naturaleza, que supo expresar con gran libertad creativa, convirtiéndole en un pintor bastante moderno para su época.

La obra de El Bosco podemos considerarla como transición entre ambos mundos, se mantiene fiel al estilo medieval obsesionado con la piedad y la devoción cristianas, pero también se acerca a la expresividad renacentista en el tratamiento de las figuras. Su pintura se entiende como moralizante, presentándonos al artista como un visionario obsesionado con el demonio y la superstición. No buscaba la belleza idealizada, el canon, sino todo lo contrario, las escenas parecen llenarse de anarquía y yuxtaposición de las formas, rodeadas de cierto misterio donde podemos ver un gusto por los temas heréticos.

Esto ha llevado a algunos estudiosos han buscar cierto morbo, como planteó Wilhem Fraenger, que lo acusa de pertenecer a una secta herética donde se practicaba una escandalosa libertad sexual. Asegura que solo así podría interpretarse correctamente su trabajo lleno de simbolismo. No sabemos si esto es cierto o no, pero desde luego la imaginería que utilizó el artista debe tener algún significado oculto que obliga al espectador a buscar algo más, es quizás uno de los primero pintores en utilizar la abstracción conceptual.

Comentario artístico                                                                             
El tema es la representación de los Siete Pecados Capitales conocidos por el acrónimo latino "saligia", palabra compuesta por la inicial de cada uno de esos vicios: superbia, avaritia, luxuria, ira, gula, invidia y acidia y de la que derivan todos los demás pecados terrenales para el Cristianismo.

Considerada una de sus primeras pinturas, tiene una composición muy original. En este caso, usa una disposición circular mediante tres anillos concéntricos, en cuyo centro aparece representado el ojo de Dios, dentro del cual sitúa la imagen de Cristo resucitado mostrando los estigmas. Alrededor de éste, coloca la leyenda en latín: "Cave, Cave, dominus videt" o lo que es lo mismo "cuidado, cuidado, Dios lo ve todo" advertencia de que los pecados del hombre no podrán ser ocultados a los ojos del Creador.

Alrededor de este espacio central, se distribuyen las escenas donde coloca los Pecados capitales o Vicios que amenazan permanentemente la vida de cualquier cristiano, entre ellos:

En un lugar privilegiado, determinado por la posición de las dos filacterias y la figura de Cristo, coloca el Bosco la Ira, que ocupa parte del espacio que antes tenían la Soberbia y la Envidia como origen de todos los pecados, y que el artista representa como una riña provocada por la embriaguez en el exterior de una taberna.
 A continuación, en sentido contrario a las agujas del reloj, se representa la Soberbia como una mujer que se acicala ante un espejo sostenido por un diablo.
La Lujuria muestra a dos parejas cortesanas recreándose bajo una tienda, amenizadas por un bufón.
La Gula está protagonizada por una familia que come y bebe con avidez.
  La Acidia -o Pereza- la personifica un hombre que duerme ante la chimenea en lugar de entregarse a la oración.
 Un magistrado aceptando un soborno es el tema elegido para la Avaricia
La envidia la encarna una pareja que desea ardientemente el halcón que exhibe ante ellos un hombre rico, al tiempo que dos perros se pelean por un hueso.
En cada una de sus esquinas, hay cuatro pequeños círculos que representan las postrimerías, esto es, "La muerte", "El juicio", "El infierno", y la "gloria". Estas postrimerías están representadas según la iconografía tradicional en la pintura medieval. De todas ellas, la más llamativa es la del infierno, en el ángulo inferior izquierdo: en tenebrosos tonos rojos vuelve al tema de los siete pecados capitales, representando siete diferentes formas en que los demonios torturan a los condenados por incurrir en cada uno de los pecados capitales. Aquí se ve un tono típicamente bosquiano, siendo una representación, en menor tamaño, de los otros infiernos que pueden verse, entre otros, en los postigos derechos del Juicio Final de Viena, el Carro del Heno y el Jardín de las Delicias.
La escena de la Muerte se asemeja a la de la Muerte y el avaro de Washington, pero en este caso al protagonista se le está administrando la Extremaunción, y es el ángel el que va a ganar la partida. 
El Juicio Final remite a la tradición de Rogier van der Weyden, en la que se representa la Resurrección de las almas saliendo de las tumbas.
En el Infierno, el Bosco da una versión más personal, con los pecadores recibiendo las penas que merecen.
La Gloria muestra a san Pedro acogiendo a estas almas de los bienaventurados en el Cielo, representado como un edificio gótico con brillante fondo de oro.
Si todavía quedaba dudas sobre el mensaje moral de la obra, el autor incluye además dos textos del Deuteronomio: que advierte a los hombres que alejarse del camino de Dios tiene sus consecuencias...
 "Porque son un pueblo que no tiene ninguna comprensión ni visión, si fueran inteligentes entenderían esto y se prepararían para su fin” y "Apartaré de ellos mi rostro y observaré su fin".
El patrón utilizado en la tabla, una especie de rueda, es algo común  en la Edad Media para recrear el camino tomado por los pecadores. Es la rueda del Vicio y la Fortuna, que se ha convertido en el ojo de Dios como lo interpreta W. S. Gibson ("Hieronymus Bosch and the Mirror of Man",1973).

La rueda de la Fortuna del Hortus deliciarum. siglo XII
El cristianismo medieval controlaba todos los aspectos de la vida: la familia, el trabajo, las relaciones sociales,...siempre desde un punto de vista en el que el hombre es continuamente tentado por el demonio para alejarse de la fe. El pecado es prácticamente inevitable. No estamos por tanto ante una simple tabla, sino ante un sermón moralizante que advierte de las terribles consecuencias de las acciones del hombre que caen en esa tentación y se alejan de la gloria de Dios.
Esta peculiar forma de pintar de El Bosco, le hizo gozar de gran fama entre los coleccionistas particulares, sobre todo fuera de su país en España y Venecia. Sin embargo, mantuvo un concepto artesano de la pintura propio del medievo, puesto que no firmaría muchas de sus obras. Apenas siete tablas contienen su firma -actualmente se reconocen unas veinticinco salidas de sus manos- mientras que el resto se han perdido e incluso falsificado.

Según su mayor admirador, Felipe II, El Bosco conseguía representar a los hombres no como querían ser, sino como eran en realidad. Más próximos a la caricatura y la decadencia, que al ideal de belleza renacentista que triunfaría poco después.
En cuanto a la procedencia de la obra, se ignora quién fue su primer propietario, a dónde la destinó y el uso que hizo de ella. A juzgar por el testimonio de Felipe de Guevara en su Comentario de la pintura, estaba en poder de Felipe II antes de 1560. Se desconocen las circunstancias relativas a su adquisición, pero cabe suponer que, o bien pasó a sus manos mientras estuvo en Flandes, o bien la mandó adquirir allí. Tampoco se sabe el lugar donde la dispuso el monarca antes de enviarla al Escorial en 1574
René François Ghislain Magritte (n. 21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica - 15 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica) fue un pintor surrealista belga. Conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, pretendía con su trabajo cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar al observador a hacerse hipersensitivo a su entorno.

Magritte dotó al Surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras, poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y uno real.
“Mi pintura es de imágenes visibles que encubren nada;(…) ellas evocan misterio y, en efecto, cuando uno ve mis pinturas, se pregunta esta simple interrogante, ‘¿Qué significa?’ No significa nada, ya que el misterio no significa nada también, es incognoscible.” – René Magritte
Los amantes II, En él se puede ver una pareja de individuos abrazados que se besa. Dos velos blancos cubren cada una de sus caras, evitando el contacto físico entre ellos. 1928
El lugar en donde se desarrolla la acción remite a una habitación con fondo opaco, murallas rojas y cielo blanco. El rojo suele asociarse a sentimientos intensos, como la ira, el deseo y la pasión; el azul llama a la calma y a la vida encerrada en el agua; el negro simboliza la muerte. Las tonalidades pasan de la claridad a lo obscuro en un juego de luz que da profundidad a la composición.
El velo también puede simbolizar el misterio impenetrable que constituye a la persona amada.
La frustración de los deseos es uno de los temas principales tratados en la pintura de Magritte.
El espejo falso 1928 
“Explora la misma idea: el ojo, como un falso espejo, reflejando las nubes blancas y el cielo azul pintados de forma realista; en este cuadro introduce el tema del paisaje ilusionista, interpretado en clave pictórica, alejado de toda intención naturalista”
“Para Magritte, el ojo es la parte más importante del cuerpo humano, pues une nuestro mundo interno con el mundo exterior. Esta idea la expresa a la perfección en su obra El espejo falso, donde el pintor representa un ojo, un espejo falso donde se refleja el cielo azul. ”
El ojo es “una ventana a la realidad, hacia el exterior. Pero también es la puerta al mundo imaginario de cada uno. Es un cuadro que invita a mirar “más allá”, hacia lo exterior y hacia cómo esto se nos representa, pero también “más acá”, al mundo de la imaginación y las ilusione. ”
“Su obra "El falso espejo" es toda una síntesis iconográfica del significado de su obra. En ella Magritte pinta un ojo en primer plano, de tal manera que todo el cuadro es un gran ojo; pero éste, a su vez, es un falso espejo que contempla y refleja las blancas nubes y un imaginario cielo azul.
A simple vista, es una imagen real y posible, pues el iris del ojo refleja imágenes del mundo real; sin embargo, es el tratamiento del espacio y su visión de la realidad plasmada en este ojo, lo que le hace ser tan enigmático.
La representación simbólica de un ojo, a través del cual se pretende ver más allá, ha tenido una gran importancia en muchas culturas a lo largo de la historia. Ya incluso en el antiguo Egipto era símbolo representativo del dios y formaba parte de los símbolos de la escritura jeroglífica, encontrándose un asombroso paralelismo entre ésta y la disposición iconográfica de Magritte en el, sentido de que en ambos casos son objetos reales, no representados realistamente sino en un espacio plano, sin perspectiva y cuya disposición consecutiva no guarda relación con la realidad. ”