EL 38 D.C. CLAUDIO CONTRAJO MATRIMONIO POR TERCERA VEZ CON UNA JOVEN DE LA NOBLEZA: VALERIA MESALINA.
Valeria Mesalina (25 d. C.-48 d. C.) fue la tercera esposa del emperador romano Claudio.
Fue célebre por su belleza y las constantes infidelidades a su esposo, el emperador, con miembros de la nobleza romana, así como con soldados, actores, gladiadores y otros.
Mesalina tuvo gran influencia política en las decisiones que tomó su marido durante gran parte de su periodo como emperador romano; en este sentido, se le ha comparado con otro personaje de la historia romana, Livia.
Pese a estar emparentada con la familia imperial, Mesalina no gozaba de la condición económica que debía tener: su hogar estaba en decadencia, su padre no era un político prominente y su madre era una mujer poco virtuosa que había derrochado la fortuna familiar.
Carlotte Wolter interpretando a Mesalina. 1875
de Hans Makart
Charlotte Wolter (1 de marzo de 1834 – 14 de junio de 1897), actriz austriaca, nació en Colonia y comenzó su carrera artística en Budapest en 1857.
Hans Makart (28 de mayo de 1840 – 3 de octubre de 1884) fue un pintor académico de historia, diseñador y decorador austriaco. Makart fue un pintor prolífico cuyas ideas influyeron significativamente en el desarrollo del arte visual en Austria-Hungría, Alemania y otros países.
La política en el Imperio romano era un constante y despiadado drama plagado de intrigas y complots.
Pero incluso en ese mundo de politiquería despiadada, muertes sospechosas y planes de alto riesgo, la escandalosa reputación de la emperatriz Valeria Mesalina se destaca.
Se la recuerda no sólo por sus intrigas para aferrarse al poder sino también, y sobre todo, por su apetito sexual.
Tanto así que hasta apareció en la enciclopedia Historia Natural, la gran obra Plinio el Viejo (77 d.C.), como evidencia científica de que los humanos son los únicos animales sexualmente "casi insaciables".
Según el escritor romano, Mesalina lo demostró al competir con "la más famosa de las prostitutas profesionales" para ver cuál de las dos podía acostarse con más hombres en 24 horas.
"La emperatriz la superó, después de continuos coitos, noche y día, en el vigésimo quinto abrazo" (Libro X, cap. 83).
Claudio es proclamado emperador. Obra de Charles LebayleWikimedia Commons
Tuvo cuatro esposas, pero sus matrimonios acabaron todos en divorcios, ejecuciones y asesinatos. La vida conyugal del cuarto emperador romano fue turbulenta y desgraciada
Lo que sí está claro es que fue un erudito, teniendo como tutor al mismísimo Tito Livio, y que según el historiador Suetonio, «tuvo una gran pasión por las mujeres, pero ningún interés por los hombres.», un caso único entre los primeros emperadores. Esto se utilizó como crítica contra él, pues se le acusaba de estar dominado por sus esposas.
Ya antes de casarse por primera vez, Claudio había tenido problemas para encontrar esposa. Su primer compromiso, con una prima suya, se rompió cuando el padre de la joven conspiró contra Augusto y fue ejecutado, cayendo su familia en desgracia. Un segundo compromiso con la hija de un importante general tuvo un final aún más trágico: la novia murió en misteriosas circunstancias el día de su boda, dejando tras de sí la sospecha del veneno.
La abuela de Claudio, la intrigante emperatriz Livia, no tardó en arreglarle un matrimonio con la nieta de una amiga suya, aunque el matrimonio de Claudio y Urgulanila fue de todo menos feliz: se divorció de ella nueve años más tarde acusándola de adulterio. Fue la primera esposa en serle infiel, pero no sería la última. Tras el divorcio, Urgulanila tuvo una hija que Claudio repudió, alegando que sabía perfectamente que el padre era uno de sus libertos.
Su segundo matrimonio, con Elia Petina, fue menos accidentado, si bien la política volvió a interferir. El hermano adoptivo de Elia Petina, Sejano, fue uno de los grandes villanos de los primeros años del imperio: acumuló poder como jefe de la guardia pretoriana y mano derecha del emperador Tiberio, posición que aprovechó para eliminar sin piedad a sus rivales políticos, entre ellos a varios miembros de la familia imperial. Cuando se atrevió a conspirar contra el propio Tiberio, el complot fue descubierto y denunciado por la madre de Claudio, la influyente Antonia la Menor. El matrimonio de Claudio fue disuelto y debió buscar una nueva esposa.
La muerte de Mesalina. Óleo sobre lienzo de François Victor Eloi BiennourryPicasa / Wikimedia Commons
La elegida fue una joven de quince años: Valeria Mesalina. Perteneciente a una rama empobrecida de la familia imperial, su padre no tenía influencia política y su madre, con fama de libertina, había derrochado la fortuna familiar. Mesalina compensaba la falta de dote con su célebre belleza, pero aún así debió conformarse con Claudio, treinta años mayor que ella y poco más que el hazmerreír de su familia. Sin embargo, las tornas cambiaron cuando Claudio fue nombrado emperador y Mesalina se vio encumbrada a los mármoles del palacio imperial. Tras darle dos hijos al emperador, debió sentir que su posición estaba asegurada, por lo que fue cada vez más infiel a su esposo y puso menos cuidado en disimularlo.
Mesalina con su hijo Británico
Es difícil distinguir qué fue real y qué ha sido exagerado por la posterior difamación tras su caída en desgracia, pero lo cierto es que el nombre de Mesalina ha quedado ligado al del arquetipo de mujer romana lujuriosa e intrigante: se ha dicho que compitió con prostitutas para ver quién podía yacer con más amantes en una sola noche, que estuvo con cónsules, pretorianos, gladiadores y esclavos por igual, y que conspiró para llevar a la ruina y la ejecución a aquellos que osaron rechazar sus encantos.
Claudio, que de todo esto nada sabía, o nada quería saber, debió rendirse a la evidencia cuando, estando él fuera de Roma, ella contrajo matrimonio con uno de sus amantes. Alertado de este sacrilegio y bigamia, el emperador hizo que ambos fuesen ejecutados. Mesalina tenía veintitrés años cuando fue decapitada por la espada de un centurión.
Fuente: El debateSu reinado resultó de vital importancia para la centralización e integración de todo el Imperio. Claudio realizó la primera gran reforma del ordenamiento imperial, tratando de perfeccionar aún más su funcionamiento. Abandonó la política populista de Calígula y trató de llegar a un entendimiento con los senadores. Desarrolló la burocracia y procuró facilitar el acceso de los provinciales a los puestos más importantes de la administración. Sin embargo, este desarrollo de la burocracia se inició de forma muy imperfecta.
El emperador no creó nuevos cargos, sino que usó su propio personal para cubrir las necesidades de la corte. Al servicio de cada notable romano se encontraba una cierta cantidad de libertos y esclavos. Claudio usó a los mejores entre sus libertos para encargarlos de los grandes asuntos de gobierno, con lo que estos acabaron por obtener un poder casi ilimitado.
Los senadores, que ya habían sufrido la preponderancia de Sejano con Tiberio (que por lo menos era un caballero nacido libre) ahora tenían que soportar a unos ex esclavos con más poder que ellos. Esta circunstancia hizo que, a pesar de sus esfuertzos conciliadores, Claudio mantuviera la enemistad de parte del senado y de la plebe, a la que le avergonzaba ver a su emperador dominado por sus libertos.
Por otro lado, al igual que Calígula, Claudio tampoco disponía de prestigio militar y decidió llevar a cabo la CONQUISTA DE BRITANNIA en la que había fallado Calígula. A pesar de su inexperiencia, Claudio preparó con sumo cuidado la campaña militar, y la isla fue sometida en toda su parte sur, constituyendo la primera anexión territorial desde las conquistas de Augusto.
Por último, quedaba por resolver el delicado problema de la sucesión. Claudio contrajo matrimonio varias veces, aunque son célebres sus dos últimas esposas: MMESALINA Y AGRIPPINA MINOR (hija de Agrippina Maior y Germánico, y hermana pequeña de Calígula). Con la primera, a la que acabó ejecutando por traición, Claudio tuvo varios hijos, entre los que destacan un varón al que dio el sobrenombre de BRITÁNICO, en honor de su conquista, y OCTAVIA.
Con la segunda, que era su sobrina, no llegó a concebir descendencia, pero ésta ya contaba con un hijo, fruto de un matrimonio anterior con el colérico Domicio Enobarbo: NERÓN. Por motivos que se desconocen, Claudio dio algunos pasos encaminados a asegurar el trono para el hijo de Agripina, al que casó con su hija Octavia. Y aunque es posible que, al final de su reinado, considerara la posibilidad de cambiar las cosas en beneficio de su propio vástago, Británico, no tuvo tiempo de llevar a efecto nuevas medidas, pues murió el 54 d. C..

Livia (58 a.C.-29 d.C.)
Es la figura más dominante de la historia de Roma. Vivir ochenta y seis años, algo tremendamente excepcional para la época, la convirtió en testigo de la caída de la República, del reinado de su marido Augusto y de dos partes del de su hijo Tiberio. Ejerció una influencia poderosísima sobre sobre Augusto en el ámbito privado y, desde la ascensión de su primogénito al poder, hizo notar su presencia de forma más manifiesta y ruidosa, presentándose en público como una suerte de princeps mujer.
Su posición dominante y escuchada la resume a la perfección una anécdota que recogió el historiador romano Dion Casio: Livia se topó en cierta ocasión con un grupo de hombres desnudos que fueron condenados a muerte de forma inmediata. No obstante, ella consiguió el perdón anunciando que "para las mujeres castas dotadas de autodominio, un varón en cueros no tenía más significación que una estatua". Tácito describe a una mujer más malévola, dispuesta a ver a su hijo Tiberio en lo más alto de Roma sin importar el precio, como asesinar a sus enemigos.
Octavia la Menor fue, en palabras de Guy de la Bédoyère, "uno de los bastiones del estado augustal al acceder a cuantos matrimonios había concertado su hermano para ella y facilitar así la ampliación y continuidad de la dinastía". Es decir, actuó como un componente de vital importancia en la consolidación del poder del princeps Augusto dando herederos. Fue respetada y obediente, pero el final de su vida adquirió tintes trágicos; primero con el abandono su esposo Marco Antonio en favor de Cleopatra, y luego cuando se murió su hijo Marcelo, un hecho que la sumió en una desesperación incontrolable de la que no se recuperaría nunca y le hizo perder todo su optimismo y alegría.
Por Luis García, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=615497
Agripina la Mayor (14 a.C.-33 d.C.)
Nunca llegó a actuar como emperatriz, pero Agripina la Mayor dejó un legado excepcional: "La posteridad la presentaría como el ideal de la feminidad romana, la colmaría de admiración y la incluiría en la tradición como persona digna de respeto y admiración", resume el autor de Domina. Dio a luz a nueve hijos, uno de ellos el futuro emperador Calígula, quien, a la muerte de su madre, decidió recrear una imagen como matrona romana de condición excelsa, dándole un prestigio aún mayor del que había disfrutado en vida. Pese a todo, estuvo sometida a una continua campaña de persecución, sobre todo por parte del prefecto pretoriano Sejano.
"El tiempo que ejerció Mesalina de emperatriz fue breve, pero de infausta memoria. Su falta de madurez y experiencia, unida a una indiferencia imprudente ante todo sentido común, la sumergieron hasta el cuello en la corrupción y la hipocresía", relata Guy de la Bédoyère sobre la bisnieta de Octavia y esposa del emperador Claudio. Su perdición se produjo cuando contrajo un matrimonio bígamo con el cónsul Silo y ambos urdieron un plan para derrocar a Claudio. No lo lograron, siendo Mesalina ejecutada antes de conseguir suicidarse. Su jugada puso en jaque al todopoderoso Estado romano.
Busto de Agripina la menor. Siglo I d.C, Warsaw- National Museum
Fuente: By Anonymous (Rome) - Own work (BurgererSF), CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20389789
Agripina la Menor (15-59)
Fue emperatriz de Roma desde su enlace con el emperador Claudio, en 49, hasta que su hijo Nerón, ya como princeps, ordenó asesinarla en el año 59. Era bisnieta de Augusto y hermana de Calígula. "Su determinación no solo logró colocar a su hijo en el trono, sino que le brindó un poder y una influencia sin precedentes que la llevaron a actuar como no lo había hecho nunca una mujer de la familia julio-claudia", cuenta Guy de la Bédoyère. "Fue una mujer extraordinariamente imaginativa, manipuladora y despiadada que destruyó a sus enemigos y creó un círculo de influencia por acólitos y partidarios en el palacio imperial y en el Senado. Fue la que más cerca estuvo de toda su dinastía de gobernar por derecho propio".