sábado, 29 de mayo de 2021

AMÉRICA LATINA ENTRE LO REAL Y LO FANTÁSTICO - Ocho claves de las independencias hispanoamericanas

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LA INDEPENDENCIA DE HISPANOAMÉRICA: CAUSAS Y DESARROLLO (EN 11 MINUTOS), pincha aqui


Ocho claves de las independencias hispanoamericanas

Fuente; Francisco Martínez Hoyos - La Vanguardia

Desde una óptica tradicional, las independencias latinoamericanas acostumbran a presentarse en términos de buenos y malos. En España, la visión más conservadora interpretó la lucha de Simón Bolívar o de José de San Martín como una traición a la patria. Mientras tanto, al otro lado del Atlántico se hizo hincapié en el heroísmo de los rebeldes, capaces de conquistar la libertad tras un sangriento conflicto. En las últimas décadas, sin embargo, los avances de la historiografía han matizado la visión maniquea de ambos extremos.

Proclamación de la independencia del Perú, de Juan Lepiani, 1904. Independencia Perú Claves Independencias Hispanoamericanas

Las independencias no fueron un camino de rosas, ni tampoco acontecieron de la noche a la mañana. Entonces, ¿por qué tres siglos después de la conquista se produjo este adiós a España? Estas son algunas de las claves:

1. Acatar y cumplir las normas

Según John Lynch, uno de los mejores conocedores de aquel período, Carlos III (1716-88) acometió la “segunda conquista de América”, a través de las llamadas reformas borbónicas. Estas supusieron el recrudecimiento de las políticas centralistas frente al amplio margen de autonomía de que gozaban las élites locales. Madrid exigía un estricto cumplimiento de sus órdenes. La Corona española, dueña de un inmenso imperio, necesitaba fortalecer su autoridad para extraer de sus colonias todo el rendimiento económico posible. Para conseguir su objetivo, habría aplicado sobre sus súbditos una presión excesiva, hasta el punto de empujarlos a la rebelión.

Sin embargo, otro historiador, Manuel Lucena Giraldo, ha planteado que reformas borbónicas e independencia “constituyeron procesos separados”. En su opinión, los criollos, más que asumir un patriotismo mexicano, peruano o argentino como reacción al centralismo, se consideraban tan españoles como los peninsulares. A veces incluso más. Por eso no aceptaban que se les impusiera, desde Europa, un sistema de gobierno que casaba mal con sus circunstancias. Partían de que los diferentes territorios que constituían la monarquía necesitaban políticas adaptadas a su realidad, no la imposición de un modelo único para todos. A lo largo del siglo XVIII, el malestar contra las reformas se expresa en diferentes revueltas, en las que intervienen criollos, indígenas y mestizos.

2. El modelo estadounidense

Las expresiones de disidencia en diversas regiones concienciaron a la metrópoli de que su dominio peligraba si continuaba imponiendo cambios demasiado radicales. Por ello, en la década de 1780, se volvió a fórmulas pactistas. Había que evitar que los súbditos ultramarinos siguieran la senda de los norteamericanos, recién independizados de Inglaterra. Con ayuda española, por cierto.

Carlos III no había advertido que, a largo plazo, Estados Unidos constituiría un modelo para las colonias latinoamericanas. Además, en 1789 estalló la Revolución Francesa, que pronto irradió por todo el mundo sus principios de libertad, igualdad y fraternidad. Se ha debatido mucho hasta qué punto influyeron estas ideas en la América hispana.

3. La pesadilla de los blancos

El estallido de la revolución en Haití en 1791 tuvo una importancia decisiva, al ofrecer una prueba de que la población negra podía sacudirse el yugo secular de la esclavitud. Eso, a lo largo y ancho del continente, quitó el sueño a los propietarios de esclavos, temerosos de sucumbir a una oleada de violencia.

A partir de entonces, el pavor a la “pardocracia”, es decir, al dominio de la gente de color, será una obsesión recurrente entre los blancos. Estos procuraron, por todos los medios, afianzar su poder frente a todos los que, a su juicio, no eran racialmente puros. De ahí su oposición a ciertas leyes promulgadas en España con las que el gobierno pretendía favorecer el ascenso social de la amplia gama de mestizos libres.

"Incendio de la Plaine du Cap. Masacre de los blancos por los negros". En 1791, los esclavos quemaron plantaciones y ciudades y mataron a la población blanca. TERCEROS

4. Recuperar la libertad

Carlos IV pasó de combatir la revolución gala a aliarse con ella en contra de Gran Bretaña. Desde ese momento, los dominios hispanoamericanos se vieron sometidos a los vaivenes de las guerras europeas.

En 1808, el entramado imperial español sufriría un duro golpe con la entrada en la península de las tropas francesas. Ante la presión napoleónica, Carlos IV y su hijo, Fernando VII, abdicaron en Bayona, con lo que el emperador galo se vio libre para entregar la Corona de España y de las Indias a su hermano José.

Este hecho en América tuvo profundas consecuencias, al extenderse la convicción de que, si el monarca renunciaba, el pueblo recuperaba la libertad para darse a sí mismo la forma de gobierno que estimara oportuna.

Con el fin de oponerse a las fuerzas invasoras, una multitud de juntas surgió a lo largo y ancho de España. Lo mismo sucedió en los territorios ultramarinos, donde aparecieron múltiples organismos que serían iniciadores del movimiento separatista. Sin embargo, sus proclamaciones de independencia no se dirigían contra las autoridades hispanas, sino contra la Francia bonapartista, paradigma de las ideas revolucionarias y ateas que tanto aborrecían las clases dominantes. En 1808, futuros próceres de la independencia aún continuaban en la órbita hispana.

Muerte de Pedro Velarde y Santillán durante la defensa del Parque de artillería de Monteleón, de Joaquín Sorolla, 1884. TERCEROS
Pedro Velarde y Santillán (Muriedas, 19 de octubre de 1779-Madrid, 2 de mayo de 1808) fue un militar español, conocido por su participación en el levantamiento del 2 de mayo de la Guerra de la Independencia española.

5. Dos hemisferios, un solo país

A falta de rey, en Cádiz se convocan Cortes para elaborar una futura Constitución . Por primera vez en su historia, se llamó a las provincias latinoamericanas a contribuir en el gobierno de la monarquía. Sesenta diputados procedentes de ultramar acudieron a la capital andaluza, pese a los peligros de la guerra, con las reivindicaciones de sus respectivos territorios.

Los liberales gaditanos pretendían construir un estado-nación trasatlántico, por lo que declararon en la carta magna que la nación española la constituían los españoles de ambos hemisferios. Se intentaba romper así con la antigua división entre una metrópoli que mandaba y unas colonias que obedecían, porque en adelante pertenecerían al mismo país, sin que importara el lugar de nacimiento.

Al mismo tiempo, se impulsaron una serie de reformas de amplio calado, como el fin del tributo que debían satisfacer los indígenas o la supresión de las prestaciones laborales a las que estaban obligados.

La promulgación de la Constitución de Cádiz, de Salvador Viniegra, 1912. TERCEROS

6. Revolucionarios contra criollos

Las independencias fueron conflictos civiles en los que lucharon unos americanos contra otros. España, se lamentaba el político venezolano Juan Germán Roscio, había combatido a los revolucionarios “con hombres criollos, con dinero criollo [...] y casi todo criollo”. Ese apoyo explicaría que el país, devastado por una guerra en su propio suelo contra los franceses, contara aún con fuerzas para reaccionar contra el separatismo de ultramar.

En 1812, la primera república venezolana sucumbía ante el avance realista. Simón Bolívar volvió pronto a la carga, pero sufrió una derrota que le forzó a exiliarse de nuevo. El movimiento independentista se hallaba en franco retroceso entre los años de 1814 y 1816.

7. Imponer el absolutismo

Con el fin de la contienda, el reinstaurado Fernando VII por fin tenía las manos libres para organizar una poderosa expedición. Casi cien navíos partieron de Cádiz, entre barcos de guerra y de transporte, en los que viajaban cerca de quince mil hombres con destino a Venezuela.

Su misión consistía en aplastar cualquier resistencia independentista, pero también en eliminar el régimen constitucional. La Corona no deseaba perder el control de las remesas de plata de las Indias, una riqueza que, si se aplicaba la legislación liberal, pasaba de las manos del monarca a las del Estado.

El monarca impuso un sistema militarista y despótico al que sus súbditos no estaban acostumbrados. Ahora el poder planteaba sus exigencias sin la más mínima sensibilidad hacia la población, a la que oprimía con encarcelamientos y ejecuciones.

En este clima, los sectores moderados, hasta ese momento fieles a la Corona, se van decantando por el secesionismo. Poco a poco, los patriotas (partidarios de la emancipación) ampliaron su base social, atrayéndose a indígenas y esclavos. Cada vez más dueños de la situación, alcanzaron victorias como la de Boyacá, que en 1819 permitió independizar Colombia.

El Rey Fernando VII. Su cautiverio durante la invasión napoleónica provocó la creación de múltiples Juntas de Gobierno, lo que derivaría finalmente en la emancipación de las colonias españolas en América.


Juramento del futuro Fernando VII como príncipe de Asturias, realizado en la iglesia del Real Monasterio de San Jerónimo de Madrid el 23 de septiembre de 1789. Obra de Luis Paret y Alcázar, Museo del Prado, Madrid.

1813 - 1820 Periodo absolutista

El 4 de mayo Fernando VII decreta ilegales las Cortes de Cádiz, y su obra legislativa, fundamentalmente la Constitución de 1812.

Muy pocas son las personas que manifiestan su hostilidad al monarca tras el decreto de 4 de mayo. Hay que tener en cuenta que la constitución de 1812 no beneficiaba en absoluto a los campesinos, ya que les quitaba la propiedad jurisdiccional de las tierras que les permitía hacer un uso usufructuario de las mismas, sin perjuicio de los impuestos que tenían que pagar al noble. Por esta razón, el campesinado apoyó a Fernando VII y posteriormente a su hermano Carlos que representaba la opción antiliberal. Tras la derogación de la constitución de 1812 (la Pepa), los militares liberales son trasladados y arrestados en África; y los disturbios en Madrid, de poca entidad, son acallados rápidamente por el ejército. Se restablece el Consejo de Castilla, se destituye a los alcaldes, se restablecen las capitanías generales, regresa la Compañía de Jesús el 15 de mayo de 1815, se reinstaura la Inquisición y se persigue a los afrancesados. Sin embargo, los campesinos no obtuvieron las ventajas que pretendían, y la nobleza acaparó la propiedad plena de la tierra, con lo que el campesino se convertía en un asalariado a partir de la promulgación de la constitución del 19 de marzo de 1812 que ya no se derogaría en este sentido. Esta reforma sobre la tierra benefició a la nobleza y sobre todo a la burguesía. Fernando VII nunca la derogó. Por todo ello, los campesinos pusieron al final sus esperanzas en la causa carlista. En España, no existe una revolución burguesa como en el resto de Europa. En España, hay una burguesía temerosa de la revolución y cuya mayor aspiración es adquirir un estatuto nobiliario. La burguesía española se alía con la nobleza y nunca con el campesinado que es el que, en realidad, tenía la fuerza para apoyar una revolución burguesa.

1820 - 1823 Trienio liberal

Se conoce como Trienio Liberal o Trienio Constitucional al periodo decimonónico de la historia contemporánea de España que transcurre entre 1820 y 1823 (el 10 de marzo de 1820, en Madrid, Fernando VII es obligado a jurar la Constitución española de 1812 y a suprimir la Inquisición española). Se enmarca en el convulso contexto de pugna entre liberalismo y absolutismo característico de la España de principios del siglo XIX. Corresponde cronológicamente al periodo europeo de revoluciones de 1820.

1823 - 1833 Década ominosa

Se denomina Década Ominosa o segunda restauración del absolutismo (1823-1833) al periodo de la historia contemporánea de España que corresponde a la última fase del reinado de Fernando VII (1814-1833), tras el Trienio Liberal (1820-1823), en el que rigió la Constitución de Cádiz promulgada en 1812. 

El 7 de abril de 1823 se produjo la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, ejército francés comandado por Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema, que sometió la España liberal. La iniciativa partió del gobierno francés,​ que deseaba resarcirse de la derrota sufrida durante la Guerra de la Independencia Española y reafirmar así su posición internacional. 

Los Cien Mil Hijos de San Luis (conocida en Francia como "l'expédition d'Espagne") fueron un contingente del ejército francés que invadió España en 1823 para restaurar el absolutismo borbónico y sostener el Antiguo Régimen que deseaba imponer Fernando VII de España, y junto a los voluntarios españoles, poner fin a la Guerra Realista y al Trienio Liberal. El ejército francés permaneció ocupando España hasta el año 1828

Ejecución del librero Antonio Miyar en Madrid (11 de abril de 1831)
Antonio Miyar (Corao, 1794-Madrid, 1831) fue un librero e impresor español, ejecutado durante la Década Ominosa.

En España, otro ejército se preparaba para zarpar. No llegó a cruzar el Atlántico porque protagonizó la sublevación que restableció el liberalismo, para desesperación de un monarca que fingió aceptar el nuevo orden de cosas.

Las tropas españolas en América iban a seguir sin los refuerzos que necesitaban. Peor aún, las divisiones políticas de la península repercutirían de forma desastrosa en ultramar. En Perú, la pugna entre absolutistas y liberales produjo una guerra civil que los independentistas alentaron encantados.

Representación de la batalla de Boyacá, de Martín Tovar y Tovar. TERCEROS

8. Los últimos en caer

La liberación del continente se consumó, finalmente, en 1824 con la batalla de Ayacucho, en la que el general venezolano Sucre apresó a La Serna. Este combate es al que se suele recurrir para marcar el fin de las guerras de independencia, aunque aún continuaba la resistencia de unos cuantos focos realistas. Como el de San Juan de Ulúa (Veracruz, México), que capitularía un año después. Aún más tarde, en 1826, lo harían las tropas de Chiloé, en Chile, y las de El Callao, en Perú. No obstante, la inestabilidad producida por la guerra estaba lejos de concluir. Le sucedió la turbulencia de las nuevas repúblicas, marcadas por las guerras civiles, el caudillismo militar y el desastre económico.

Este texto se basa en un artículo publicado en el número 536 de la revista Historia y Vida.

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