lunes, 30 de noviembre de 2020

AMÉRICA LATINA ENTRE LO REAL Y LO FANTÁSTICO - (II) Los espacios del mundo Moche - La tumba de la Señora de Cao, líder del pueblo mochica - ‘Mural de los Mitos’ - El Brujo Hoy

AMÉRICA LATINA ENTRE LO REAL Y LO FANTÁSTICO - LA CIVILIZACIÓN MOCHICA - PERÚ (El Señor de Sipán) - El descubrimiento del tesoro de Sipán, pincha aqui

LOS ESPACIOS DEL MUNDO MOCHEpincha aqui

Las cerámicas son un soporte de la pintura, pero también objetos que se usan para transmitir contenidos. Varios siglos antes de los inkas, el lenguaje gráfico de la cultura Moche de la costa norte del Perú (100-800 d.C.) muestra episodios rituales y míticos en escenas simples y complejas. Se representa en ellas el mundo de los muertos, el acompañamiento de los difuntos, sus enterramientos y el mar, la ‘montaña del sacrificio’, los seres celestes y animales como aves, felinos, lobos marinos y serpientes. Los mundos de los vivos, de los muertos y de los ancestros no están separados, sino que son una unidad donde seres vivos y muertos danzan y tocan música, junto a seres con rasgos de animales.

El sacrificio ritual mochica de prisioneros aparece representado en infinidad de cerámicas y relieves pintados en las huacas. En la escena que aquí se reproduce, cuatro personajes de elevada posición social presiden la ceremonia. Debajo, guerreros de alto rango sacrifican a quienes han perdido el combate ritual.

Ceremonia del sacrificio Mochica

Botella de cerámica -  Costa norte del Perú - Época Auge (1 – 800 d.C.)

En la naturaleza, la muerte es necesaria para dar paso a la vida. Es probable que el sacrificio humano representado en esta botella esté asociado al equinoccio primaveral, el paso del invierno a la primavera. Este es un momento importante en el calendario agrícola, al ser el anuncio de la época de lluvias.
En esta botella de cerámica se representan ritos propiciatorios: sacrificio de guerreros cautivos y presentación de la copa a los dioses.
  • Una serpiente de dos cabezas parece sostener en sus manos el corazón de los sacrificados. Su cuerpo divide la botella en dos hemisferios: uno superior y otro inferior.
  • En la sección inferior se observa el sacrificio: el sacrificador acerca sus manos al cuello del hombre desnudo, que está sentado y con las manos atadas; toma la sangre del sacrificado para ser ofrecida a los dioses del mundo de arriba.
  • En la sección superior, tenemos a los dioses: Dios Radiante, personaje con colmillos de felino y casco cónico con tumi (símbolo solar) y rayos en forma de serpiente recibiendo la copa del Águila Pescadora, ave rapaz que puede volar y a la vez sumergirse en el agua del océano para pescar, vinculando el mundo de arriba y seco con el mundo interior y húmedo. Seguido por la Diosa Luna, personaje con vestido más largo y con trenzas que terminan en cabezas de serpiente. La diosa avanza llevando la copa desde el mundo nocturno hacia el mundo donde rige el Dios Radiante. Finalmente, el Dios Búho, personaje con tocado de media luna y dos elementos en forma de orejas de búho, que rige sobre el mundo oscuro y húmedo. Se le conoce también como el Dios de la Vía Láctea, por su vinculación con el cielo nocturno, las estrellas y la lluvia.
  • El Dios Búho es opuesto complementario del Dios Radiante. Son dos fuerzas que animan épocas distintas del año, la época seca y la época de lluvias, pero que son complementarias a la vez. Esta oposición está enunciada por las posiciones opuestas que adoptan ambos personajes en la botella.
  • Esta botella parece representar una ceremonia de encuentro entre ambos dioses, quizás marcando un momento importante del calendario agrícola, como podría ser el equinoccio de primavera, que es cuando se da inicio a la época de lluvias.
Cerámica mochica que representa a un sacerdote mochica realizando una libación. Museo Británico, Londres.

Cao, líder del pueblo mochica


En 2005, arqueólogos peruanos encontraron en el norte de Perú el sepulcro intacto de una gobernante mochica que vivió en el siglo V d.C.

Un arqueólogo restaura un mural en el patio ceremonial de la huaca Cao Viejo donde se localizó la tumba intacta de la Señora de Cao.

Estatuilla de madera con un mazo de guerra, enterrada tal vez como un simbólico guardián cerca de la tumba de la señora de cao.

Reina y sacerdotisa
Bajo las telas que cubrían el cuerpo de la Señora de Cao apareció una armadura de 1.100 piezas de cobre dorado de 200 kilos, dos bastones ceremoniales y armas. Todo ello, emblemas de poder sólo encontrados antes en tumbas de personajes masculinos de alto rango como el Señor de Sipán. Pero, además, los tatuajes de arañas y serpientes que adornan el cuerpo de la Señora indicarían, según Régulo Franco, que se le atribuían poderes sobrenaturales, ya que estos animales son símbolos de la fertilidad de la tierra.

Lo que más llamó la atención de los investigadores fueron ciertos elementos que detectaron en el patio y que habían sido quemados: madera, cerámica, agujas de cobre, pescado, figuritas de madera y cinabrio, así como vasijas, textiles, y ornamentos de plata y cobre dorado. Parecían indicios de que allí se ocultaba la tumba de un personaje importante de la élite mochica. Y, en efecto, la métódica exploración de los arqueólogos sacó a la luz las tumbas de cuatro individuos que flanqueaban la que parecía ser una tumba principal.
Los arqueólogos concentraron sus esfuerzos en este sepulcro, que tenía una estructura compleja. Cuando lo abrieron, el 15 de mayo de 2006, encima de todo apareció una gran vasija en forma de búho enterrada hasta el cuello. A continuación se encontraba una cubierta de caña sustentada por un relleno de adobe y tierra. Debajo, unas maderas de algarrobo desbastadas, a modo de vigas, servían para proteger el entierro. Alrededor de éste se habían dispuesto diversas vasijas. Finalmente, el 15 de mayo de 2006, ante la emoción de Régulo Franco y su equipo, se extrajo un fardo funerario intacto, que pesaba unos cien kilos y tenía una longitud de 1,80 metros. El fardo había sido colocado con la cabeza mirando hacia el sur, algo habitual en los enterramientos mochica. A la derecha del fardo descansaba el cuerpo de una joven de unos 15 años.
"Tenemos que hacer otro descubrimiento así". Eso fue lo que el millonario Guillermo Wiese le dijo al arqueólogo Régulo Franco mientras agitaba en su mano el artículo publicado por National Geographic sobre el descubrimiento en 1987, en la huaca Rajada, de la tumba intacta de un gobernante mochica, el Señor de Sipán, realizado por Walter Alva. Tras ese fabuloso hallazgo, los arqueólogos soñaban con hacer otro descubrimiento de características similares en la región de Lambayeque, en el norte de Perú.
Wiese era presidente de la fundación que lleva su nombre, dedicada al estudio y puesta en valor de lugares arqueológicos en todo Perú. Con su apoyo, Régulo Franco estaba excavando desde 1990 en la huaca Cao Viejo, uno de los cuatro «lugares sagrados» (tal es el significado de la palabra quechua huaca) que forman parte del complejo arqueológico El Brujo, situado 60 kilómetros al norte de Trujillo. Cao Viejo es un centro ceremonial perteneciente a la cultura mochica, una sociedad guerrera que entre los años 100 y 800 d.C. desarrolló una civilización rica y compleja a lo largo de la árida franja costera peruana del Pacífico.
En esos años, Franco tenía que trabajar acompañado por guardaespaldas para hacer frente a las amenazas de muerte y a los continuos sabotajes de los huáqueros o ladrones de tumbas. Pero eso no lo detuvo, y por fin obtuvo su recompensa. En los primeros días de 2005, el equipo de Franco estaba excavando en el patio noroeste del recinto ceremonial. Este recinto destaca por sus paredes pintadas con diseños geométricos y con la representación de un ser con rasgos de felino y tentáculos de pulpo, rodeado de cóndores y serpientes: Ai Apaec, el dios principal del panteón mochica, también llamado «el Decapitador».

LA PRIMERA SORPRESA

Durante seis meses, el equipo científico dirigido por Régulo Franco, la especialista textil Arabel Fernández y John Verano, experto en bioantropología, se dedicó a desvendar cuidadosamente el fardo funerario. Éste estaba formado por 26 capas de tela, entre las cuales se hallaron mantos cubiertos con láminas de cobre dorado y restos de algodón. Cuando los arqueólogos lograron retirar las últimas capas encontraron collares, diademas, coronas y 44 narigueras de oro y plata, algunas de ellas guardadas en estuches de tela. Junto al cuerpo había también dos cetros o bastones ceremoniales de madera forrados de cobre dorado, de 1,75 m de alto. Dentro del fardo se habían dispuesto también 23 estólicas o propulsores para lanzar dardos. Cuando los investigadores llegaron a las últimas capas de tela que cubrían el cuerpo se encontraron con la mayor sorpresa de todas: el cuerpo, que medía 1,45 metros, estaba perfectamente conservado… y era una mujer.

Los mochicas no momificaban a sus muertos, pero en este caso el cuerpo fue untado con cinabrio, un mineral rojo que ayudó a su desecación y permitió que se conservara perfectamente. La piel de los antebrazos, los tobillos y los dedos estaba cubierta de tatuajes en forma de arañas y serpientes. La Señora de Cao, que fue el nombre que dio Régulo Franco a esta mujer, conservaba intacto su cabello, dividido en dos pesadas trenzas, y sobre su rostro se había colocado el cuenco de metal que contuvo el cinabrio con que se cubrió su cuerpo. La autopsia efectuada reveló que la Señora murió aproximadamente a los 25 años, al parecer debido a las complicaciones de un parto.


¿QUIÉN FUE LA SEÑORA DE CAO?
Esta mujer, que vivió hacia el año 400 d.C., unos 150 años después que el Señor de Sipán, fue enterrada con diversos símbolos de poder, entre ellos una corona de oro decorada con una cara salvaje sobrenatural y dos grandes mazas o bastones ceremoniales, así como varias armas. Además, algunos de los individuos enterrados junto a ella, como la joven que se encontraba a su lado, fueron sacrificados para acompañar a su señora al más allá.

Reconstruyen el rostro de la Señora de Cao

Todo esto hace del descubrimiento de la Señora de Cao algo único en la arqueología peruana, ya que es la primera gobernante femenina de la que se tiene constancia. Su hallazgo echa por tierra muchas de las teorías que se habían formulado hasta entonces, según las cuales la mochica era una sociedad guerrera y teocrática, y gobernada por hombres. Walter Alva, el descubridor de Sipán, manifestó su sorpresa al ver que «muchos de los atuendos y símbolos de poder se encuentran en el ajuar de una mujer, ya que hemos considerado a los mochicas una sociedad patriarcal gobernada por varones». Según afirmó Régulo Franco, la Señora posiblemente «fue una mujer líder en su época» y desempeñó un papel político y religioso importante en su sociedad; entre otras cosas habría dirigido los sacrificios humanos que demandaban los rituales mochicas.

MUSEO CAO

MUSEO CAO

Como en el caso del Señor de Sipán, la revista National Geographic también se hizo eco del descubrimiento y en julio de 2006 publicó un artículo titulado «El misterio de la momia tatuada». Y en 2009 se inauguró el moderno Museo de Cao, junto a la huaca Cao Viejo, que entre otros hallazgos realizados en el yacimiento alberga el ajuar funerario y los restos de la Señora de Cao. En el museo se ha dispuesto una sala especial para que los visitantes puedan maravillarse con la visita a la Señora y su rico ajuar, magníficos testimonios de la cultura mochica, una de las más complejas y sofisticadas de América.

Cultura MOCHE (200 a.C. - 700 d.C.) TEJIDO BORDADO con LAGARTIJAS. Tejido plano de algodón, bordado en anillado cruzado, fibra de camélido. Esta EXTRAORDINARIA pieza está compuesta de doce pequeñas lagartijas en volumen apoyadas sobre una tela de algodón.

La Huaca del Sol
Esta construcción monumental se ubica muy cerca de la ciudad de Trujillo -a 6 kilómetros del mar- al pie de un promontorio rocoso llamado Cerro Blanco, en la margen izquierda del río Moche, en un punto entre el valle bajo y el valle medio. La pirámide tiene básicamente una forma rectangular a la que se le han agregado algunas otras formas geométricas. Su tamaño es monumental: 345 metros de largo por 160 metros de ancho y 42 metros de altura. Gran parte de este volumen fue destruido durante la colonia. Con la finalidad de buscar tesoros en su interior, el río Moche fue desviado para que partiera en dos la pirámide. El resultado fue peor de lo esperado, pues el río se llevó cerca de dos tercios de la Huaca. Pero en su interior no se encontró ningún tesoro.

Reconstrucción Isométrica de como pudo verse la Huaca del Sol, en el momento de mayor esplendor. Este dibujo se basa en reconstrucciones aerofogramétricas y propuestas de varios autores.

El corte ha permitido ver que toda la pirámide está construida con adobes. Se ha estimado que se usaron 140 millones de adobes en su construcción. Como el río cortó la pirámide desde su base, se ha podido observar que la Huaca del Sol no fue construida toda en un solo momento, sino que sufrió muchas modificaciones y ampliaciones hasta tener el volumen que actualmente le conocemos. El arqueólogo norteamericano Moseley ha visto en el corte 8 etapas en las que se construyó el monumento. Las primeras remodelaciones se habrían producido durante las fases I, II y el inicio de la III, y la gran masa de la pirámide se habría construido durante la fase III y IV. El volumen de la pirámide (a lo largo, ancho y alto) era ampliado construyendo grandes columnas de adobes adosadas unas a otras.

Las Huacas del Sol y de la Luna son un complejo arqueológico ubicado en la costa norte del Perú, considerado como un santuario moche. Está constituido por un conjunto de monumentos situados a unos cinco kilómetros al sur de la ciudad de Trujillo, en el distrito de Moche. Este sitio arqueológico representó físicamente la capital de la cultura mochica desde el siglo I a. C. hasta el siglo IX d. C.

Reconstrucción tridimensional por computadora de la pirámide de Cao Viejo tal como pudo ser en sus tiempos de mayor esplendor. Se indican sus principales componentes.
Los trabajos de investigación arqueológica llevados a cabo a lo largo de varios años (desde 1990) por el PACEB determinaron, como ya se ha mencionado líneas arriba, que los principales componentes arquitectónicos de esta huaca son: (1) Pirámide de bordes escalonados, sobre la cual se ubican el Patio Ceremonial, el Recinto Ceremonial, la Plataforma Principal y el Altar. (2) Plaza Ceremonial, con el Recinto Ceremonial en una de sus esquinas, (3) Anexo junto con la rampa por la que ascendía desde el nivel de la Plaza Ceremonial a lo alto de la pirámide.
Las pirámides mochicas estuvieron decoradas con frisos y murales policromos, no solo en los lugares más visibles si no también en espacios privados o de uso restringido. Los motivos representados van desde diseños que imitan en lo posible a los modelos reales (como los prisioneros o los danzantes) hasta motivos estilizados representando seres sobrenaturales. Así, a medida que se va subiendo en altura hacia la cima de la pirámide los frisos se van tornando más complejos y abstractos, como representando un tránsito desde el mundo real al mundo ceremonial mochica (Franco, Gálvez y Vásquez 2001b).


 ‘Mural de los Mitos’




Sobre un muro de la gran plaza ceremonial de la pirámide moche Huaca de la Luna (costa centro norte de Perú, 1- 700 D.C.), se encuentra este magnífico mural pintado en alto relieve. Ha sido llamado ‘El mural de los mitos’, pues en él se han representado variadas historias míticas de la sociedad moche, con escenas de guerreros, de humanos y seres fantásticos, además de plantas y animales que interactúan entre sí. Destacan particularmente dos personajes que sostienen lazos que terminan en una cruz andina o ‘chakana’ y un felino azul, respectivamente. Este mural es un buen ejemplo del Modo Escena de representación, caracterizado por la coexistencia de distintos elementos que constituyen toda una narrativa visual.

Trabajo realizado para el Museo Precolombino en Chile. Mural trazado a partir del  ‘Mural de los Mitos’ en la pirámide Huaca de la Luna. Cultura Moche, costa centro norte del Perú, 1-700 d.C.


Era en la Huaca de la Luna donde se desarrollaba todo el ceremonial del sacrificio –los combates rituales se llevaban a cabo fuera de la ciudad, en el desierto y no había público presente según las representaciones en cerámica–: desde la preparación de los «elegidos» con cactus de San Pedro, hasta la ofrenda de su sangre por parte del señor. Tanto es así que se ha encontrado una plaza con más de 70 cadáveres entre animales y hombres –los sacrificios humanos tenían lugar sólo en ocasiones especiales relacionadas con el clima: largos periodos de sequía o intensas lluvias–.

El Brujo Hoy
Las pirámides de Cao Viejo y Huaca Cortada fueron los más importantes edificios para los Mochicas en el valle de Chicama (norte de Perú), como centro del poder y la religión en su tiempo, hoy en día El Complejo Arqueológico el Brujo es una de las más importantes huacas del Perú como centro de las principales investigaciones arqueológicas, motivo de orgullo y centro de atracción para los visitantes del mundo.



Ai – Apaek “El Decapitador” - Cultura Moche. El decapitador por su lado cumplía la función de degollar, estrangular o asestar el golpe mortal al prisionero para obtener la sangre que a su era vertida en una copa y llevaba a la ceremonia para ser bebida por divinidades “Señor de Sipan”. Es por ello que el degollador era representado sosteniendo en una mano el cuchillo ceremonial y en el otro una cabeza trofeo.

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El tesoro de oro y cerámica de la cultura mochica del antiguo Perú, pincha aqui

LA CIVILIZACIÓN MOCHICA

Al norte del Perú, donde las olas del Pacífico baten una árida región costera, floreció un pueblo tenaz y belicoso que entre los siglos I y VIII creó la primera organización política compleja de la zona andina. Eran los mochicas, grandes ingenieros que excavaron canales en medio del desierto para regar sus cultivos, y levantaron palacios, templos y enormes pirámides de adobe. Estas últimas construcciones, conocidas como huacas –palabra que en lengua quechua designa un lugar de culto–, fueron el centro religioso y político de cada comunidad.

Los mochicas también eran excelentes artesanos, y elaboraron una cerámica de extraordinaria belleza y perfección, así como delicados ornamentos de oro, plata y cobre para sus dirigentes. Establecieron, además, amplias y prósperas redes comerciales que se adentraban en los actuales territorios de Chile y Ecuador. Pero hacia finales del siglo VIII, esta sofisticada y rica cultura conoció un final repentino. Una serie de cataclismos naturales, provocados por un drástico cambio climático, afectaron a la zona costera donde la sociedad mochica se había desarrollado y contribuyeron a su desaparición.

EL CONTROL DEL TERRITORIO

En el norte, los mochicas se habían extendido por el valle del río Jetepeque, cuyos asentamientos principales fueron San José de Moro y la Huaca Dos Cabezas, y por el valle del río Lambayeque, donde se encuentran Sipán y Pampa Grande. Esta cultura norteña destacó en el desarrollo de la metalurgia del cobre, de la que se han encontrado magníficos ejemplos en algunas tumbas de gobernantes, como la famosa sepultura del Señor de Sipán, descubierta en 1987 por el arqueólogo peruano Walter Alva, y que proporcionó un espectacular tesoro de piezas de orfebrería de gran belleza. Los mochicas conocieron las técnicas del laminado, dorado, repujado y vaciado, y dominaron la aleación de metales. Usaron oro, plata, cobre, plomo, estaño e incluso mercurio.

En el sur, los mochicas ocuparon el valle del río Moche, donde se localizan la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna, y el valle del río Chicama, donde se halla el complejo ceremonial de El Brujo. Los mochicas sureños destacaron por su dominio de las técnicas de alfarería, ya que mientras en el norte las formas cerámicas son más sencillas, en colores crema y rojo, en esta zona se han encontrado la mayoría de las cerámicas de formas animales elaboradas por este pueblo.

Tanto el sur como el norte son zonas de gran aridez, y los mochicas tuvieron que vencer al desierto mediante la irrigación artificial. Desviaron el agua de los ríos que bajan de los Andes y, con ladrillos de barro, crearon un extenso sistema de acueductos, muchos de los cuales siguen en uso. De esta forma desarrollaron una agricultura, con más de treinta variedades de cultivo, que les permitió contar con una amplia gama de excedentes agrícolas. También explotaron ampliamente los recursos marinos, de los que el océano Pacífico les proveía en abundancia, así como la caza.

UNA SOCIEDAD MUY JERARQUIZADA

Los mochicas se establecieron en núcleos urbanos que constituían el centro de pequeños Estados con una estructura social muy jerarquizada. El núcleo principal de estos Estados eran las huacas. El soberano, que recibía el título de cie-quich, pertenecía a la nobleza militar y desempeñaba un importante papel en los rituales que tenían lugar en las huacas. Su vida estaba dedicada por completo a la guerra, a los ritos religiosos en honor a la principal divinidad mochica, Ai Apaec, y a engrandecer su prestigio frente a los líderes rivales.

Por debajo de los grandes señores se encontraban los sacerdotes, guardianes de los conocimientos astronómicos, arquitectónicos y metalúrgicos, y que también podían curar enfermedades. En un nivel más bajo se encontraban los artesanos, los mercaderes y el pueblo llano, compuesto por campesinos, pescadores y soldados. Los esclavos, normalmente prisioneros de guerra, formaban el peldaño inferior de la sociedad mochica.

En el siglo VI, esta sociedad íntimamente enraizada en su medio físico empezó a sentir los estragos de un fenómeno meteorológico conocido como El Niño: una corriente oceánica cálida impide el afloramiento de las aguas más frías de la corriente de Humboldt, lo que favorece la evaporación del agua marina, que luego cae en forma de precipitaciones torrenciales. El Niño afecta a esta zona con regularidad, pero por entonces fue inusualmente fuerte y prolongado: intensas e interminables lluvias asolaron la región durante treinta años.

Vasijas mochicas encontradas en Sipán. Foto: Wikimedia Commons / Santiagostucchi / CC BY-SA 4.0. TERCEROS

El descubrimiento del tesoro de Sipán

La tumba del Señor de Sipán. Foto: Wikimedia Commons / Bernard Gagnon / CC BY-SA 3.0. 
Hasta hace pocos años, la ciudad de Lambayeque, en la costa norte de Perú, vivía al margen de los circuitos turísticos. Alejada de los símbolos del Imperio inca, como Cuzco y Machu Picchu, apenas veía pasar viajeros. Hoy el cambio es radical: cada año la visitan unas ciento cincuenta mil personas. Esta transformación se debe al hallazgo, el 26 de julio de 1987, de la tumba del Señor de Sipán, un poderoso soberano de la cultura moche, o mochica.
Se trata del sitio arqueológico más rico aparecido en América y de uno de los principales hitos de esta disciplina de las últimas décadas. Las tumbas de Sipán –en plural, porque, de hecho, son varias– constituyen un descubrimiento formidable, a la altura del sepulcro de Tutankhamón en el Valle de los Reyes de Egipto.
Los tesoros hallados en las tumbas de Sipán revelan que los mochicas fueron unos magníficos joyeros.
Las excavaciones tuvieron que iniciarse con escolta policial armada y en medio de fuertes tensiones e incluso de un tiroteo.
El Señor de Sipán había sido sepultado envuelto en once capas sucesivas de emblemas, estandartes, atuendos y una profusión de ornamentos de oro, plata y cobre dorado.

Las investigaciones de la fiscalía llevaron hasta una banda de huaqueros encabezada por varios miembros de una misma familia, los Bernal. Ellos habían sido los primeros en excavar en el sitio correcto y en hallar las primeras joyas. La pista condujo a la policía a las inmediaciones de la aldea de Sipán. En Huaca Rajada, los agentes se encontraron con la dolorosa escena de un saqueo generalizado. Centenares de vecinos intentaban hacerse con piezas de oro similares a las que habían conseguido los Bernal. Por ello, consideraron al equipo de arqueólogos desplazados hasta allí como un obstáculo para su oportunidad de salir de la pobreza. Las excavaciones tuvieron que iniciarse con escolta policial armada y en medio de fuertes tensiones. No en vano, los arqueólogos recibieron amenazas personales por parte de los traficantes y se produjeron tiroteos en el yacimiento. El propio Ernil Bernal, líder del clan, había caído abatido por una bala de la policía.

El Museo de las Tumbas Reales de Sipán, donde se exponen los hallazgos. Foto: Wikimedia Commons / Bernard Gagnon / CC BY-SA 3.0. TERCEROS

El arqueólogo en jefe, Walter Alva, trató de transmitir la idea de que, si todo salía bien, el tesoro del Señor de Sipán se revelaría tan espectacular que, convertido en un bien nacional, sería beneficioso para todos. Logró convencer a la mayoría. Algunos de los miembros de la banda de huaqueros incluso entraron a trabajar en las excavaciones, integrándose con el equipo de especialistas. Finalmente, el 26 de julio de 1987 hallaron la tumba del Señor de Sipán. El personaje que los arqueólogos tenían frente a ellos se mostró con toda su majestuosidad. Vivió en el siglo III, y debió de morir cuando contaba entre 35 y 45 años. Medía 1,67 m y presentaba una estructura muscular débil y una dentadura sana. Se le había sepultado envuelto en once capas sucesivas de emblemas, estandartes, atuendos y una profusión de ornamentos de oro, plata y cobre dorado. Desde el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón en 1922 no se había visto nada semejante. Hoy día, las excavaciones siguen en marcha –cada año se realizan campañas de abril a noviembre– gracias al apoyo del Estado peruano. Y en los próximos años se esperan hallazgos reveladores. Sipán aún no ha dicho la última palabra.

Este texto se basa en un artículo publicado en el número 543 de la revista Historia y Vida. 

EL DEVASTADOR EL NIÑO

Estas terribles inundaciones contaminaron los cursos de agua y los manantiales, y erosionaron miles de hectáreas de terreno cultivable

Los aguaceros destruyeron palacios y pirámides, edificados con barro y por ello muy vulnerables a la acción disolvente del agua. Los ríos se salieron de sus cauces y el lodo arrasó tanto grandes extensiones de tierra cultivable como pequeños poblados construidos con adobe y caña, ahogando a sus habitantes. Estas terribles inundaciones contaminaron los cursos de agua y los manantiales, y erosionaron miles de hectáreas de terreno cultivable. Las fiebres tifoideas y otras epidemias camparon a sus anchas, sembrando la muerte y la destrucción.

A tan intensas y devastadoras precipitaciones siguió un ciclo de sequía de tres décadas, que entre los años 563 y 594 redujo de manera drástica la cantidad de manantiales de montaña cuyas aguas llegaban hasta la costa. Ello resultó catastrófico para la agricultura, con la consiguiente hambruna, y provocó una creciente desertización que causó que las dunas de arena se tragasen numerosos asentamientos.

En el año 602 volvieron las lluvias torrenciales, y entre 636 y 645 la sequía asoló de nuevo con fuerza la región. Kilómetros de canales permanecieron secos y se llenaron de arena, las cosechas murieron y las reservas de alimentos se agotaron. El Niño también provocó un cambio en las corrientes marinas que redujo las capturas de peces, sobre todo de anchoas, que eran parte esencial de la dieta costera y un importante elemento de comercio. De este modo, a la quiebra de la agricultura siguió la ruina de la pesca, con lo que desapareció el último recurso alimenticio de los mochicas. A consecuencia de todo ello, miles de personas murieron de hambre.

EL DERRUMBE DE LA SOCIEDAD

Esta situación causó un trastorno considerable en la vida económica y social mochica, hasta el punto de que en muchas ocasiones sus líderes tuvieron que abandonar sus centros políticos, religiosos y administrativos a causa de la destrucción que comportaron estos drásticos cambios climáticos. Los arqueólogos, por ejemplo, han descubierto que las precipitaciones que cayeron en la zona de Sipán obligaron a sus jerarcas a trasladarse al vecino asentamiento de Pampa Grande para seguir controlando desde allí el valle de Lambayeque.

También los señores de Cerro Blanco tuvieron que dejar el lugar para trasladarse al asentamiento de Galindo, situado en la estratégica garganta del río Moche. Desde Galindo, que se convirtió en el mayor centro de la zona, los caudillos mochicas podían controlar los sistemas de irrigación y el acceso a las fértiles tierras del valle del río Moche. El pueblo se instaló junto a sus señores para tener lo más cerca posible las fuentes de agua y evitar las dunas que amenazaban cultivos y poblados río abajo.

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PERÚ (El Señor de Sipán) - Documentales


Fuente; National Geographic

jueves, 26 de noviembre de 2020

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Cultura Paracas

La Cultura Paracas fue una importante sociedad en la historia del Perú muy conocidos por su arte textil, sus momias y por la trepanación craneana para poder curar fracturas y tumores en el cráneo.

Surgieron aproximadamente entre 700 a.C. y 200 d.C., con un amplio conocimiento de riego y gestión del agua.  La mayor parte de nuestra información sobre la vida de los habitantes de la cultura Paracas proviene de las excavaciones en la necrópolis de Paracas, en primer lugar investigados por el arqueólogo peruano Julio C. Tello en la década de 1920. La necrópolis de Wari Kayan consistía en una multitud de grandes cámaras funerarias subterráneas, con una capacidad media de unas cuarenta momias. Se sugiere que cada cámara grande podría haber sido propiedad de una familia o un clan específico, que utilizan para muchas generaciones. Cada momia fue atada con cable para mantenerlo en su lugar, y luego envuelto en muchas capas de intrincados textiles, ornamentales, y tejido fino. Estos textiles son ahora conocidos como algunos de los mejores jamás producidos por sociedades precolombinas andinas, y son las obras principales del arte por el cual la cultura Paracas es conocida.

Paracas es una península desértica, dentro de la Provincia de Pisco, en la Región Ica, costa sur del Perú, muy abundante en el mar. Está a 4 horas en coche de la capital Lima. El arqueólogo Julio C. Tello fue quien descubrió en 1925 la civilización Paracas , que encontró en el cementerio Cerro Colorado, tumbas subterráneas con muchos «fardos» que contenían momias con cráneos deformados y perforados. 

Se desarrolló en la península de Paracas, ubicada en lo que hoy es el distrito de Paracas de la provincia de Pisco, en la Región Ica, ubicada a 18kms de la ciudad de Pisco. Sus centros principales estuvieron en la bahía de Paracas y su influencia llego a Chincha, Pisco, Ica, Palpa y Río Grande. La cultura Paracas se extendió por el norte hasta el valle de Cañete y por el sur hasta el valle del Llauca en Arequipa, como restos importantes de esta cultura en el valle de Ica se encuentran dos aldeas Peña Vajahuana y Animas altas y en el valle de Chincha la Huaca Rosa.

Organización Social y Política

La Cultura Paracas estuvo muy influenciada por la cultura Chavín, esta influencia se reflejo sobre todo en su vida religiosa y en el gobierno teocrático que estaban en manos de los sacerdotes quienes implantaron un sistema opresivo, así mismo se da la existencia de una cadena de centros ceremoniales a cargo de estos sacerdotes.

La organización social estuvo dividida por sacerdotes, nobleza guerrera y el pueblo.

En la cultura Paracas existía un grupo de sacerdotes militares  que debido a sus conocimientos de los astros y del control del agua de regadío mantenían el dominio religioso político y tecnológico.

La población  de la cultura Paracas estaba compuesta mayormente por campesinos que aceptaban todo lo que decían los sacerdotes porque temían el castigo de los dioses si no obedecían. Los pobladores aceptaban que los sacerdotes gobernaran en nombre de los Dioses

En la cultura Paracas se distinguen, según el eminente arqueólogo Julio C. Tello, dos culturas o fases sucesivas, teniendo en cuenta la forma como enterraban a sus muertos: Paracas-cavernas y Paracas-necropolis.

Paracas Cavernas. Las tumbas de esta cultura se encontraron en el Cerro Colorado, lugar situado a 18 kilómetros al sur de Pisco. Las cavernas se sitúan bajo la arena, a dos metros de profundidad; tienen la forma de una copa invertida. Allí se hallaron momias envueltas con fardos, hechas con telas que eran rodeadas de ofrendas constituidas por alimentos: maíz, yuca, frijoles, pallares, etc. La población debieron ser agricultores, guerrera, religiosa y alegre.

Momia de la Cultura Paracas

Construyeron la población fortificada de Tajahuana, sobre una meseta pedregada que se eleva a 200 metros sobre el nivel de los cultivos. Del mismo modo, edificaron sus casas en las faldas de los cerros.

Al principio rendían culto a un ser ocular, un personaje sin cuerpo, con solo ojos y boca. Después, este ser adquirió la forma de una personaje temible que portaba un cuchillo y una cabeza-trofeo en sus manos.

Por último el carácter alegre de la población se manifiesta con la presencia de instrumentos musicales, como tambores, trompetas, antaras y pitos.

Paracas necrópolis. Esta fase cultural esta simbolizada por un gran cementerio rectangular. Ahí los pobladores enterraban a los integrantes de la casta dominante. Para tal efecto, estos eran devueltos en telas finamente bordadas, junto con alimentos y adornos de oro y piezas de cerámica. Las paredes de sus tumbas están edificadas de piedras pequeñas unidas con barro calcáreo, que cuando se endurece es semejante al cemento; los techos, de palos de huarango o de huesos de ballena.


Para enterrar a los cadáveres, previamente los momificaban de acuerdo al siguiente procedimiento:

  • Se extraían sus intestinos y vísceras del cadáver abriéndole longitudinalmente.
  • Seguidamente extraían el corazón cortando el tórax.
  • Cortaban la cabeza por la base del cráneo para vaciar la masa encefálica, aunque hay momias con la masa encefálica reseca.
  • Colocaban en la cuenca de los ojos tapones de algodón.
  • Extraían los músculos mediante incisiones en las extremidades superiores e inferiores.
  • Finalmente se momificaba introduciendo en el cadáver cal, ají molido, sal molida, flor de muña en polvo, brea y otros ingredientes.
  • Colocaban la momia en cuclillas.
  • Sometían al cadáver a fuego lento con el objeto de disminuir su tamaño.
  • Por último se le colocaba en un canasto de junco para finalmente envolverlo con telas de diferente calidad.

Paracas es una de las zonas más desérticas de la costa peruana hace mucho calor no hay lluvias y los ríos son muy irregulares pero los habitantes de la cultura Paracas dominaron el desierto y convirtieron las zonas áridas en verdes valles. Los pobladores de la cultura Paracas tenían grandes conocimientos de irrigación controlaron la escasez y el exceso del agua aprovechando el agua subterránea y la superficial, condujeron el cause que bajaba desordenadamente por ríos llevándolos por canales de irrigación que partían de bocatomas ubicadas kilómetros arriba, también usaron la técnica de la chacra hundida o Wachaque que consiste en retirar la capa superficial de la tierra árida y dejar al descubierto la capa con la humedad del subsuelo, esta técnica les permitió sembrar y cultivar alimentos.


Otro gran logro de la cultura Paracas fue el uso del excremento de las aves guaneras para abonar la tierra, sus principales cultivos fueron el algodón, el pallar y el maíz. El algodón era un cultivo importantisimo para la elaboración de sus tejidos, conocieron el algodón blanco y el de color, el pallar y el maíz eran básicos en su alimentación.

Por su ubicación cerca de la costa los Paracas también aprovecharon las riquezas del mar, en su alimentación incluyeron pescados y mariscos. Ellos desarrollaron técnicas de navegación lo que facilito la comunicación con otros pueblos costeros como Chincha por ejemplo, también viajaban a pueblos de la sierra para intercambiar algodón, sal y productos marinos con los pueblos de la sierra donde el pueblo de la cultura Paracas conseguían lana y tintes que necesitaban para la fabricación de sus tejidos y cerámicas, de la selva obtenían hojas de coca y plumas para los mantos.

Manifestaciones Culturales

Los tejidos de Paracas se encontraron en una necrópolis en Perú en la década de 1920. La necrópolis albergaba 420 cuerpos que habían sido momificados y envueltos en telas bordadas en 200–300 a. C.1​ Los ejemplos en el Museo Británico muestran chamanes volando que sostienen cabezas cortadas por su pelo.

Detalle de un chamán que muestra daga y cabeza
Los tejidos se fabricaron con algodón y lana. Se cree que la lana es de fibra de alpaca o llama. Se tiñeron con tintes naturales que, contra lo que se esperaba, mantuvieron su color durante más de dos mil años. La conservación de los colores se atribuye a las condiciones de aridez con la falta de daño que usualmente causaría la luz solar, estos tintes eran fabricados con plantas y minerales resultando más de 190 tonalidades de verdes, rojos, amarillos, marrones, etc.
Tejido de Paracas, lana y algodón, 300–200 a. C., descubierto en Perú
Los fragmentos menores ilustrados aquí han sido tomados de grandes piezas de tela​ que se usaban para envolver los cuerpos de los muertos. Estas telas llegaban a los 34 metros y habrían requerido una significativa organización de gente para realizarlos. Los cuerpos se encontraron en grupos de 40 o 50, como si fueran criptas familiares que han sido usadas por varias generaciones.

Estos tejidos los hicieron pueblos sudamericanos antes del auge de imperio del Tahuantinsuyo (Incas). Tienen colores vivos y muestran evidencia tanto de diseño como de estilo. El tema de estas imágenes son criaturas sobrenaturales o chamanes, quienes sostienen con sus manos cabezas humanas cortadas mientras sus alas los transportan como pájaros.​ Puede que se pretendiera representarlas como los espíritus las llevan al otro mundo o que estas figuras representen los espíritus mismos.​

El pueblo que creó estos tejidos tenía una sociedad compleja. Hay evidencias de cerámica, pesca y agricultura. Había artesanos que podían hacer cuchillos de obsidiana y joyería de oro, así como comprender todas las complejidades de tejer.

Características:

  • Materiales: Textil
  • Periodo: 1000 - 600 d.C.
  • Medidas: 620 mm de alto x 210 mm de ancho
Este textil pintado hace casi tres mil años, es probablemente una de las manifestaciones de pintura sobre tela más antiguas que se conocen en la actualidad. Nos enfrenta a una experiencia nueva en relación a nuestras categorías de “tejido” o “pintura”, puesto que el pigmento no cubre la tela, como es el caso del soporte de la pintura clásica europea. Por el contrario, al estar pintada con una aguada transparente, estas piezas exhiben una notable simbiosis entre la textura del tejido y la pintura aplicada sobre ella. La dificultad de describir esta pieza de acuerdo a nuestras categorías, es reflejo del choque con una cosmovisión que no reconoce fronteras rígidas y en el cual el mismo proceso de tejer es tan importante como el producto, fusionando lo utilitario, lo simbólico y lo sagrado.
La imagen del hombre-jaguar sosteniendo báculos serpentiformes evoca también una concepción de lo real en donde cultura y naturaleza se fertilizan mutuamente. Pese a que Chavín tiene un origen serrano, sus creencias e imágenes se inspiran en la jungla y fueron difundidas hasta los confines meridionales de su área de influencia -entre otras formas- a través de representaciones pintadas, como esta pieza recuperada en la costa de Parakas. Los tres personajes representados en este fragmento -de penetrante mirada, nariz achatada y grandes fauces de colmillos entrabados- podrían aludir a la creencia que subsiste en algunos pueblos amazónicos, de que los chamanes adquieren la forma y poderes del jaguar. Tanto este animal como su representación icónica se relacionan con el trueno, las lluvias y -por extensión- la agricultura y el algodón, fibra domesticada en los Andes hace más de cuatro mil años y base del arte textil de estos pueblos.

Se construyó un museo a propósito cerca de Paracas, a petición del presidente Óscar R. Benavides, quien en agosto de 1938 autorizó a Tello a construir un museo para albergar los 380 tejidos que él y su equipo habían conservado. Pudieron exponer más de 180 tejidos. Para su conservación, se obtuvieron fondos de la Fundación Rockefeller.

El Museo Chileno de Arte Precolombino, conocido también como Museo Precolombino, es una institución cultural creada por la I. Municipalidad de Santiago y la Fundación Familia Larraín Echeñique. El Museo fue fundado el 10 de diciembre de 1981 y, siendo una institución público-privada, es financiado en partes iguales por la I. Municipalidad de Santiago, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y los recursos propios generados el propio Museo.
El Museo funciona en el antiguo edificio del Palacio de la Real Aduana de Santiago, en calle Bandera esquina Compañía, en el centro histórico de la capital chilena (estación metro Plaza de Armas).
La calidad arquitectónica del nuevo museo de Paracas, el Museo de Sitio Julio C Tello, situado en Ica, Perú, obra del estudio peruano Barclay and Crousse Architecture, ha sido nuevamente reconocida,  situando a la arquitecta Sandra Barclay entre las finalistas de los Women in Architecture Awards 2018.
El museo se encuentra en la Reserva Nacional de Paracas, cerca de la Gran Necrópolis, donde el homenajeado explorador Tello descubrió enterramientos de más de 2.000 años de antigüedad en los años 20. El nuevo edificio, inaugurado en abril de 2016, ocupa prácticamente la huella de su precedente, destruido por un terremoto hace más de una década. Retoma de éste la geometría de planta rectangular y la compacidad del edificio, que ahora se desarrolla en dos volúmenes, que se separan entre sí por una franja a modo de rotura que evoca el seísmo que acabó con su predecesor.

La muestra del Museo Regional de Ica incluye tanto cráneos como tejidos





Cráneo con trepanación cubierta por una lámina de oro
La trepanación es una de las técnicas quirúrgicas más descritas de la medicina prehispánica. La extracción quirúrgica de una porción de la bóveda del cráneo ha sido una práctica generalizada en los Andes que se ha dado a conocer a través de numerosos ejemplos, el más temprano de ellos ha sido registrado en la Cultura Paracas.
Sobre el lado izquierdo de la frente de este hombre adulto se localiza una trepanación, la cual a la vez incide sobre un traumatismo ocasionado por un golpe de porra con forma de estrella.
La técnica consistió en el corte de la piel con el objetivo de exponer el hueso. La trepanación se logró raspando el hueso con una piedra o metal, ocasionando así un agujero relativamente pequeño con bordes biselados.

Una de las excepcionales cualidades de los cráneos que se encontraron es que muchos de ellos han sido distorsionados de maneras poco habituales. Esto se hacía en el primer mes de vida, cuando el cráneo era más maleable, la cabeza del niño era presionada con placas de madera pudiendo ser aun envasadas de tejido. Este aparato se mantenía de seis meses hasta los 2 años de edad. Se supone que la práctica que hacia para que sirva como rito de distinción del individuo en su grupo social para el liderazgo, magia, o ambas. Otras distorsiones se deben al proceso de trepanación en los lugares en que se perforaron agujeros en los cráneos de personas vivas. Un examen de estos agujeros muestra que habían curado y que los pacientes no murieron cuando este proceso se aplicó. Museos en Perú como el Museo Regional de Ica muestran tanto los cráneos y como los tejidos que se encontraban alrededor de ellos.

Perú, oficialmente República del Perú, es un país soberano ubicado al oeste de América del Sur. El océano Pacífico bordea su costa y limita con Ecuador y Colombia al norte, Brasil al este, y Bolivia y Chile al sureste. Su territorio se compone de diversos paisajes: los valles, las mesetas y las altas cumbres de los Andes se despliegan al oeste hacia la costa desértica y al este hacia la Amazonia. Es uno de los países con mayor diversidad biológica y mayores recursos minerales del mundo.
El Antiguo Perú fue una región de sucesivas civilizaciones desde el surgimiento de Caral-Supe en el 3200 a. C.
El Imperio incaico fue el último Estado autóctono o indígena, el cual dominó gran parte del occidente sudamericano hacia el siglo xv. En el siguiente siglo se produjo la Conquista del incario, tras la cual el territorio se configuró como un virreinato del Imperio español.

 

Vista parcial de las precarias viviendas en el Cerro San Cristóbal

Lima Golf Club, distrito de San Isidro. A su alrededor se ubican los edificios para departamentos mas lujosos y exclusivos de la ciudad.

Lima es la capital y la ciudad principal de la República del Perú.​ Se encuentra situada en la costa central del país, a orillas del océano Pacífico, conformando una extensa y poblada área urbana conocido como Lima Metropolitana de 70 km norte a sur, desde el distrito de Ancón hasta el distrito de Pucusana y 44 km este a oeste, desde el distrito de La Punta hasta Chosica (distrito de Lurigancho-Chosica), flanqueada por el desierto costero y extendida sobre los valles de los ríos Río Chillón, Rímac y Río Lurín. Según datos oficiales del INEI de 2020, la ciudad de Lima cuenta con más de 9,5 millones de habitantes​, mientras que Lima Metropolitana bordea los 11 millones de habitantes (el 32% de la población peruana), cifras que la convierten en la ciudad más poblada del país.

En la actualidad está considerada como el centro político, económico, Industrial, cultural, financiero y comercial del país. En el plano internacional, actualmente es la quinta ciudad más grande de América Latina.
El presidente de la República del Perú es el jefe de Estado y de Gobierno del país. Personifica a la nación peruana, es el jefe del poder ejecutivo y jefe supremo de las Fuerzas Armadas y Policiales del Perú. Su cargo corresponde a la más alta magistratura del país y al funcionario público de mayor jerarquía.

El presidente ejerce sus funciones desde la Casa de Pizarro, ubicada en el centro histórico de Lima.

El Palacio de Gobierno del Perú, llamado también Casa de Gobierno (denominación con la que se fechan los documentos oficiales) o Casa de Pizarro,​ es la sede principal del poder ejecutivo peruano y la residencia oficial del Presidente del Perú. Comprende un área construida de 19 208 m².​ Se encuentra ubicado en la Plaza Mayor del Centro histórico de Lima, en la ribera izquierda del río Rímac.
En el mismo emplazamiento han existido diferentes edificios que han cumplido con la misma función durante cerca de cinco siglos, desde que fuera ocupado en 1535 por el gobernador Francisco Pizarro.
Durante la época del virreinato fue conocido como Palacio del Virrey o Palacio Virreinal y fue la residencia de los 40 virreyes del Perú. Posteriormente albergó a los libertadores José De San Martín y Simón Bolívar, y a la mayoría de presidentes de la etapa republicana.
 Francisco Pizarro, fundador de Lima y primer propietario del palacio.