lunes, 22 de septiembre de 2014

M. V. por tierras Castellanas - La Catedral de Ciudad Rodrigo - Fernando Gallego - Rodrigo Duque


La Catedral de Santa María de Ciudad Rodrigo fue construida entre el siglo XII y el siglo XIV, promovida por los reyes leoneses y castellanos. Pertenece al llamado "grupo de Salamanca", junto con la Catedral Vieja de Salamanca, la Catedral de Zamora y la Colegiata de Toro (Zamora).


Las ventanas del triforio son excepcionales, a decir de Gómez Moreno "las mejores del románico", con tres ventanas reales y sólo una abierta al exterior, símbolo de la trinidad. 



Capilla Mayor

La actual Capilla Mayor fue levantada por el arquitecto de la Catedral Nueva de Salamanca Rodrigo Gil de Hontañón en tiempos del obispo Juan Pardo Tavera (que llegaría a ser Cardenal), cuyas armas ostenta la fachada de la construcción. Albergó un buen retablo hispano flamenco, obra de Fernando Gallego y el Maestro Bartolomé, del que se conservan veintiséis tablas en la University Arizona Museum of Art, de Tucson, que presidía una hermosa imagen de la Virgen con niño, en alabastro, hoy en la Capilla del Santísimo. En la actualidad, tras perder el segundo retablo -de plata- durante la Guerra de la Independencia, la capilla está ornamentada por sendos cuadros barrocos de San Sebastián y San Jerónimo penitente, una Asunción de Juan Pascual de Mena procedente del Monasterio de Santa María de la Caridad a las afueras de la ciudad, San Pedro y San Pablo, probablemente también de Mena y que presidían la entrada al coro catedralicio y la cátedra del obispo, amen de otros cuadros de menor interés. Fue desprovista de sus rejas para adaptarla a la liturgia exigida por el Concilio Vaticano II en tiempos del obispo Demetrio Mansilla Reoyo y trasladadas a la Capilla del Pilar.


La Asunción, de Juan Pascual de Mena, procedente del Monasterio de La Caridad.
Las portadas
Lo elementos más destacables del exterior de la Catedral de Ciudad Rodrigo son, sin duda, los hastiales de los brazos del crucero con sus respectivas portadas.

Puerta de las Cadenas
En el hastial meridional del transepto se abre la Puerta de las Cadenas, cobijada bajo un arco rebajado. Tiene arquivoltas de medio punto y tres pares de columnas con buenos capiteles labrados con finos acantos y una serie de arpías con mechones en el lomo y cola acaracolada.

Puerta de las Cadenas


Entre el guardapolvos y el citado arco de descarga se empotraron cinco grandes tallas humanas, una de Cristo mostrando sus manos acompañado de cuatro Apóstoles: San Pedro, San Pablo, Santiago y San Juan. A pesar del hieratismo y simetría de los cuerpos, se adivinan ya leves sonrisas propias de la incipiente escultura gótica introducida por el Maestro Mateo en la Catedral de Santiago de Compostela.




Por encima del arco de descarga corre un friso ya prácticamente gótico (de mediados del siglo XIII) con una docena de arcos apuntados muy decorados sobre columnas que cobijan otros tantos personajes. Para el autor Sendín se trata de protagonistas del Antiguo Testamento (menos uno de ellos: San Juan Bautista): Abraham, Isaías, la reina de Saba, Salomón, Ezequiel, Moisés, Melquisedec, Balaam, David, Elías, San Juan Bautista y Jeremías.



No obstante, es difícil dar por válida a pies juntillas esta interpretación, pues hay personajes bastante dudosos. Sin ir más lejos, el interpretado como Elías parece ser un fraile franciscano, más específicamente San Francisco de Asís, que visitó Ciudad Rodrigo en 1214, pocos años de su muerte y canonización.


Ni que decir tiene que la Puerta de las Cadenas y su espectacular friso escultórico se han convertido en el emblema de la catedral y, en gran medida, de Ciudad Rodrigo.

Puerta de Amayuelas


Puerta de Amayuelas
En el hastial del brazo septentrional del crucero se abre otra puerta románica (conocida como Puerta de Amayuelas). Es una estructura bastante restaurada, de tres arquivoltas semicirculares más la interior que es polilobulada.

Al lado de esta puerta hay un arco decorado por once cabezas humanas.




En el muro oriental del brazo norte del transepto hay encastrado un gran relieve donde un infante con cota de malla, espada y escudo se enfrenta a un cuadrúpedo. El animal en cuestión puede ser un león aunque hay quien dice que es un oso y que la escena representa la leyenda en la que un guerrero venció al diablo disfrazado de oso que arruinaba la erección de la catedral cada noche.



Puerta del Perdón o de la Gloria


La puerta del Perdón está situada en el hastial occidental. Es una obra ya gótica de mediados o finales del siglo XIII aunque inspirada en portadas más antiguas como la de San Vicente de Ávila, Colegiata de Toro y el Pórtico de la Gloria. En el parteluz aparece una estatua de María con el niño Jesús y el dintel ofrece relieves con episodios neotestamentarios relacionados con la vida de Cristo y la Virgen: Entrada en Jerusalén, Última Cena, Prendimiento, Crucifixión, Dormición de María y Asunción. Protagonizando el tímpano aparece Cristo coronando a la Virgen con su propia mano.




Las arquivoltas apuntadas están repletas de esculturas como ángeles que anuncian el Juicio Final a los difuntos que salen de sus sepulcros, santos y santas, etc.







Las estatuas-columna corresponden a los doce apóstoles.
Esta puerta no es visible directamente desde el exterior ya que en el siglo XVIII Juan de Sagarvinaga construyo una fachada con una gran torre clasicista.

Torre clasicista

Los muros perimetrales y sus ventanales

Desde el exterior se aprecian con perfecta perspectiva los cuatro ventanales de iluminación de la nave meridional que guardan similar estructura que en el interior. Cada de uno de estos ventanales está compuesto por un vano apuntado rodeado de arquivoltas muy engalanadas con variado tipo de motivos geométricos y vegetales, que se apoyan en cuatro pares de columnas.

Los capiteles de estos ventanales insisten en temas vegetales, pero también los hay zoomorfos, con el habitual repertorio de sirenas y dragones, además de dos con figuras humanas de difícil interpretación.

Los ventanales de la nave principal ya son plenamente góticos, con tracerías y óculos.




Interior

En el interior las naves se separan mediante cinco pares de pilares cruciformes en cuyas caras se adosan tres semicolumnas, la central más gruesa que las que la flanquean, como en la Catedral de Zamora.



Pero estos soportes románicos no coinciden en planteamiento con las bóvedas que, además, son muy peculiares pues aunque son de crucería, tiene una elevación casi cupuliforme (lo que se conoce como "bóveda angevina"). Los ocho nervios de dichas bóvedas no se corresponden con la estructura inferior, razón por la que hubo de disponerse de ménsulas figuradas en los arranques. Muchas de estas esculturas son de gran calidad e interés y variada iconografía.

Otro elemento destacable del interior de la catedral es la presencia de los ya citados ventanales de las naves laterales con vanos rodeados por múltiples columnas que soportan arquivoltas apuntadas muy decoradas.


En el hastial occidental corre una arquería ciega muy elegante a base de arcos agudos angrelados sobre columnas.

El claustro

El claustro se adosa al norte de la iglesia catedralicia. Se comunica con ésta a través de una puerta románica de arquivoltas semicirculares y cuatro columnas con minuciosos capiteles vegetales con hojas de acanto.



Las galerías de las cuatro pandas y los vanos de comunicación con el patio central son ya góticos aunque de fechas bien distintas.




Las pandas sur y oeste son las más antiguas, del siglo XIV. Cada ventanal tiene tres o cuatro arcos apuntados rodeado por otro ojival más grande. En el medio aparecen óculos y otras tracerías góticas. Los capiteles son figurados con escenas de raigambre románica arcaizante, como combates de hombres con cuadrúpedos, dragones, mascarones, etc. aunque hay que estar alerta porque varios de ellos fueron muy drásticamente restaurados o reconstruidos por José Tarabella, siendo los originales los más erosionados por los siglos.





También son ricamente historiadas las ménsulas que recogen los nervios cruceros de las crujías.















Las pandas sur y oeste son las más antiguas, del siglo XIV. Cada ventanal tiene tres o cuatro arcos apuntados rodeado por otro ojival más grande. En el medio aparecen óculos y otras tracerías góticas. Los capiteles son figurados con escenas de raigambre románica arcaizante, como combates de hombres con cuadrúpedos, dragones, mascarones, etc. aunque hay que estar alerta porque varios de ellos fueron muy drásticamente restaurados o reconstruidos por José Tarabella, siendo los originales los más erosionados por los siglos.


También son ricamente historiadas las ménsulas que recogen los nervios cruceros de las crujías.






A lo largo de todo el claustro hay diferentes arcosolios románicos y góticos para sepulcros, así como diferentes estatuas. Hasta tres hay de la Virgen con el Niño.


El coro

Tallado a finales del siglo XV por Rodrigo Alemán en estilo plateresco, con grandes influencias del gótico del norte de Europa. Destaca la calidad de la silla episcopal, la única que cuenta con una imagen en el respaldo (San Pedro), pues las demás tienen una no menos interesante labra gótica. En las paciencias y las misericordias, así como en las barandillas de las escaleras, el autor desplegó su imaginación en un sinfín de imágenes burlescas, eróticas y alusivas a fábulas populares.



Reposabrazos ornamentado del coro de la catedral de Ciudad Rodrigo.
Religiosos convertidos en pellejos de vino que cantan al “vino puro”.


Rodrigo Duque 

Llamado Rodrigo Alemán (Sigüenza, 1470 – Plasencia, 1542) fue un escultor y tallista español.

Es considerado como uno de los mejores artistas en su género de todos los tiempos, siendo su obra admirada por especialistas de todo el mundo.

Su biografía es muy confusa. Parece ser que nació en 1470, en Sigüenza (Guadalajara), en cuya catedral se encontró una partida de nacimiento a nombre de Rodrigo Duque. El apodo de «Alemán», con el que sería conocido, viene del presunto origen centroeuropeo de su familia.


Altar Mayor de la Catedral de Toledo, en el que participó.
Fue el autor, entre otras obras, de las sillerías de las catedrales de Toledo, Ciudad Rodrigo y Plasencia, donde pueden apreciarse numerosas representaciones eróticas de notable realismo. Una de las peculiaridades de su obra, inspirada en el estilo germánico-gótico del norte de Europa, es la alusión a todo tipo de temas «indecentes» para su época (esculpió a diablos jugando, mujeres insinuándose a sacerdotes, escenas sobre homosexualidad o zoofilia), lo que le acarreó no ser visto con buenos ojos por la Inquisición.

También cabe mencionar la leyenda de Rodrigo Alemán. Según esta leyenda, Rodrigo fue encarcelado en una de las torres de la catedral de Plasencia y consiguió escapar gracias a su ingenio. Se construyó unas alas con las plumas de los pájaros que comía y se lanzó ejecutando un vuelo perfecto. Algunos dicen que se mató y otros creen que sobrevivió.

Misericordia de la parte alta del coro.
Es difícil comprender hoy el gusto por lo escatológico en la cultura medieval; textos e imágenes de los manuscritos aluden con frecuencia a los excrementos. Los excrementos no eran considerados como algo sucio, la defecación no era algo íntimo sino que podía encontrarse fácilmente en medio de las calles; formaban parte del ciclo de la vida y de la muerte por lo que aparecían representados en los Libros de Horas o en las sillerías de coro. 

Coro de la catedral de Ciudad Rodrigo describía así una de sus misericordias: "mendigo estercolando en sus propias bragas"
Destacamos  la misericordia en que figura un carnicero despiezando un animal, tema este de las representaciones de oficios siempre presente en las sillerías de coro de Rodrigo Alemán; es un documento interesante de costumbres sin que suponga ningún matiz moralizador.




El Museo de Dallas desvela los secretos del retablo de la Catedral de Ciudad Rodrigo

En el año 2008 en el Meadows Museum de la Southern Methodist University (SMU) de Dallas se celebró la exposición Fernando Gallego y su taller: El Retablo de Ciudad Rodrigo, en ella se mostraban veintiséis tablas que procedían del antiguo retablo mayor de la Catedral de Ciudad Rodrigo, Salamanca, hoy pertenecientes a la University of Arizona Museum of art de Tucson (UAMA).


La última cena, por Fernando Gallego
El director del Meadows Museum, Mark A. Roglán al descubrir el retablo de Ciudad Rodrigo en los fondos del UAMA concibió la idea de realizar un gran estudio que englobase los estudios tradicionales de historia del arte con los más avanzados análisis técnicos de última generación, la investigación duró dos años y culminó con la exposición del Meadows Museum.

Esta investigación ha permitido establecer nuevas hipótesis en la datación del retablo y ha permitido revisar las conclusiones a las que habían llegado diversos historiadores del arte como la propia Pilar Silva Maroto del Museo del Prado, una de las investigadoras que más ha estudiado a Fernando Gallego y que también formó parte del equipo. De esta manera, con los análisis de los dibujos preparatorios subyacentes realizados con rayos infrarrojos, se confirmó la participación de dos maestros en la creación del retablo (a Fernando Gallego o su taller se atribuyen catorce de las tablas y doce al maestro Bartolomé o su taller).


La resurrección, del Maestro Bartolomé.
La historia de cómo llegaron las tablas al UAMA es digna de una novela. Las pinturas sobrevivieron al terremoto de Lisboa de 1755, a los efectos de la Guerra de la Independencia y al desguace definitivo del retablo en el último cuarto del siglo XIX. Sin embargo, en 1879 el cabildo de Ciudad Rodrigo vendía las tablas a José Fallola, director del Hotel París situado en Madrid y al poco tiempo las pinturas se trasladaban a Londres al ser compradas por John Charles Robinson, primer conservador del South Kensington Museum. Las veintiséis tablas fueron adquiridas en 1882 por Sir Francis Cook, quien las instaló en su casa de Richmond (Surrey). Por último, durante la II Guerra Mundial fueron enviadas a Estados Unidos para salvaguardarlas de la guerra y allí se quedarían almacenadas hasta que Samuel H. Kress las compró en 1954, donándolas a la UAMA tres años después.

La Arizona Public Media realizó un magnífico documental sobre la retablo.


Fernando Gallego 

(ca. 1440 - 1507) fue un pintor gótico español, el más destacado exponente del estilo hispanoflamenco en Salamanca y su área de influencia.


La primera referencia documental, de 1468, le sitúa trabajando para la catedral de Plasencia junto a un pintor desconocido llamado Juan Felipe.

La siguiente noticia es ya de 1486, cuando se le encuentra censado en Ciudad Rodrigo, lo que concuerda con las fechas de ejecución del retablo mayor de su catedral, entre 1480 y 1488.

Cristo bendiciendo, técnica mixta sobre tabla, 169 x 132 cm, Madrid, Museo del Prado.
La Piedad, técnica mixta sobre tabla, 118 x 111 cm, Madrid, Museo del Prado. Se trata de una de las tres únicas obras firmadas por el pintor que se han conservado, punto de partida para la fijación de su estilo.
Epifanía, óleo sobre tabla, 136 x 106 cm, Barcelona, Museu Nacional d'Art de Catalunya.

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