Mostrando entradas con la etiqueta diseño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta diseño. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de mayo de 2014

Mi Semana Santa en Viena (X) - Joseph Maria Olbrich - Hoffmann, Josef

Viena (IX) - Otto Wagner, pincha aqui
Joseph Maria Olbrich 
(1867-1908) fue un arquitecto y diseñador industrial nacido en Opava, Imperio austrohúngaro.



Inició sus estudios en la Academia de Viena, teniendo como maestro a Karl von Haenauer. Tras tres años de aprendizaje, realizó un viaje por Italia y Túnez, interesándose por la arquitectura mediterránea. A su regreso a Viena, entró en el estudio de Otto Wagner, donde permaneció cinco años.Será uno de los fundadores, en 1897, de la Secesion de Viena, junto a los pintores Gustav Klimt y Kolo Moser y el arquitecto Josef Hoffman. Olbrich será el diseñador del Palacio de la Secession, edificio de planta cuadrada en el que destaca la brillante cúpula dorada. La protección de Wagner brindará a Olbrich un buen número de encargos que le convertirán en uno de los arquitectos más importantes de la vanguardia europea. 



En el edificio más representativo de la Secession de Viena, Olbrich juega con lo lleno y lo vacío, con la inmovilidad y lo móvil. Rotundidad del diseño de la esfera junto a la nitidez de los muros y la volumetría en cierto sentido aditiva pero de apariencia estable. Enfasis en la masa cúbica que recibe la esfera calada, cúpula de hierro forjado con ramas de laurel entretejidas, al parecer idea de Klimt, suspendida entre cuatro pilares. Entre las austeras masas planas aparecía como el símbolo de la fertilidad, la vitalidad de lo orgánico que surgía de la tierra y se elevaba imparable: la primavera sagrada.

Josef Maria Olbrich abandonó en 1899 Viena para dirigir la colonia de artistas de la Mathildenhöhe de Darmstadt, una nueva Atenas propuesta por el gran duque Ernst Ludwig Von Essen, una comunidad espiritual de los elegidos. Esta comunidad de artistas viviría con un salario anual sufragado por el gran duque. Se materializarían así los ideales de las Arts & Crafts y la posibilidad de hacer de la vida una obra de arte total. Olbrich proyecta los edificios, la distribución del terreno, los jardines, la decoración para las exposiciones, la publicidad e incluso la vajilla y los uniformes para los camareros del restaurante. Realiza también su propia vivienda y, en 1901, la casa de Ernest Ludwig, foco inicial de la colonia, de fachada alta y lisa y de distribución simétrica, todo ello interrumpido por la entrada circular en receso flanqueada por monumentales estatuas de Habich. También diseñó la casa Grosses Glückert con su espectacular escalera de entrada.


Palacio de Exposiciones,
El edificio más característico de la Mathildenhöhe es el Palacio de Exposiciones, realizado en 1907, montado a partir de una serie de cuerpos en sabia disposición, en los que se niegan ejes y simetrías tradicionales, jugando irónicamente con los estilos históricos, en torno todo a la Torre del matrimonio, que conmemoraba la boda del duque con su segunda esposa, Eleonore. El frontón de la torre se eleva al cielo como si de una mano se tratara, consiguiendo Olbrich gracias a los ladrillos refractarios que el remate de cinco pináculos se asemeje al dorado con la luz solar. El muro de ladrillo presenta entrantes y salientes, uniéndose la torre al resto de los edificios por pérgolas de hormigón.

La Casa Grosses Glückert es una de las obras más interesantes de la Mathildenhöhe de Darmstadt, la colonia de artistas propuesta por el gran duque Ernst Ludwig Von Essen y dirigida por Olbrich. Los dos tramos de escalera que preceden a la casa, el primero en ladrillo visto y el segundo con tonos amarillos y azules gracias a los azulejos, aportan una magnífica perspectiva al edificio, cuya puerta de acceso se ve flanqueada por dos monumentales estatuas que enmarcan el arco, apreciándose la rica decoración floral en tonos dorados.
La Casa Grosses Glückert
Casa Grosses Glückert (Darmstadt)
Hoffmann, Josef


Nacionalidad: Austria - Pirnitz 1870 - Viena 1956 - Arquitecto

Entre los alumnos más destacados de Otto Wagner encontramos a Josef Hoffman. Fue uno de los fundadores de la Secession de Viena en 1897, junto a Olbrich y Klimt, participando como ilustrador en "Ver Sacrum", la revista del nuevo movimiento. En 1903 fundo, con Koloman Moser y Fritz Wärndorfer, los Talleres de Viena, convirtiéndose en uno de los diseñadores y arquitectos más importantes de Viena, proyectando buena parte de las casas de la alta sociedad austriaca de la época. Sus obras se caracterizan por el empleo de decoraciones geométricas y la bicromía en blanco y negro, alcanzando una significativa simplificación lineal como se aprecia en el vestíbulo de la casa Moser o el del Palacio de la Secession. Sus obras más famosas son el sanatorio de Purkersdorf (1900-04) y el palacio Stoclet en Bruselas (1905-11) en cuya decoración trabajó Klimt. En sus últimos años abandonó el movimiento renovador del modernismo y trabajó en un estilo más clasicista, como se aprecia en el pabellón austriaco de la exposición de Colonia (1914).


Residencia en las afueras de un rico industrial donde cuatro hombres soportan en lo alto una cúpula secesionista de laureles, en relación con la Casa de la Sezession de Olbrich; desde allí parten unas franjas que descienden por las esquinas y a través de su continuidad consiguen dotar al edificio de un carácter unitario. Sekler lo ha considerado un edificio atectónico: las franjas de metal (bronce) que unen delgadas placas (mármol blanco de Noruega) parecen negar la solidez del edificio, como si consistieran tan sólo en anchas láminas de un material delgado unidas en las esquinas por franjas metálicas, sin tener nada que ver este elemento lineal con las líneas de fuerza de un Victor Horta, por ejemplo. Decorado en su totalidad por la Wiener Werkstätte, destacan los Frisos del salón realizados por Klimt.




El trabajo de Hoffman no se limitó al exterior sino que también se hizo cargo de la decoración interior.
Cada objeto, mueble o detalle fue pensado y realizado para la casa. El gran piano de la sala de música fue diseñado por el propio Hoffman.








domingo, 6 de abril de 2014

Arquitectura barroca

En el barroco la arquitectura va, frecuentemente, unida al urbanismo. Los edificios más representativos son los civiles, con interiores recargados de decoración, plantas complicadas y originales soluciones para las cubiertas. Emplea el orden gigante.

La ciudad se vuelve escenográfica. Es el escenario del teatro de la vida. Se crean perspectivas visuales sobre un punto de referencia, pero, también, lugares singulares, plazas y rincones acogedores. Todo ello es un reflejo del poder, ya sea este civil o religioso.

El palacio es el típico edificio de vivienda urbana para las familias poderosas. Se caracteriza por sus fachadas dinámicas, con curvas y contracurvas, y el juego de luces y sombras, en los que se resaltan las piezas principales.También se crean jardines. Hay un gusto por la belleza de la naturaleza mejorada y ordenada del típico jardín francés.

El hotel es un tipo de vivienda unifamiliar exenta y rodeada de jardines, cerrada con una valla, que triunfa en esta época entre la burguesía y las clases privilegiadas. Es la típica vivienda burguesa. Suele haber varias en la misma calle, con características similares.

El templo es el lugar del sermón y la eucaristía. Se trata de un sitio de representación teatral, por lo que debe tener una buena visibilidad y una buena acústica. Se impone el espacio unitario que los jesuitas, defensores de la Contrarreforma, emplearon en El Gesú, una planta de cruz latina con un gran crucero cubierto por una cúpula. Este es un espacio didáctico, la iluminación va dirigida, a través de una cúpula, hacia la zona de debajo del retablo, el cual tiene un programa iconográfico doctrinal, muy recargado, en el que se manifiesta todo el poder y la riqueza de la orden y la Iglesia Católica.
Existe una nueva concepción del espacio, las plantas adoptan formas caprichosas, en movimiento, los edificios se cargan de una decoración que invade todos los rincones. Los edificios muestran la inclinación al lujo y la riqueza.



Las características básicas de la arquitectura barroca son:
  • El rechazo de la simplicidad y la búsqueda de lo complejo.
  • El papel del movimiento y la luz, como elementos determinantes de la misma.
  • La creación de espacios dinámicos.
  • La creación de nuevas tipologías para edificios concretos.
  • El gusto por lo infinito, por lo teatral, y lo efectista.
  • La subordinación del resto de todas las artes al todo arquitectónico.
  • El uso de la linea curva tanto en las estructuras de los edificios como en la decoración.
  • Utilización de materiales ricos para dar mas sensación de ostentación.

La arquitectura barroca en Europa central

En Alemania y en Austria la inspiración italiana combinada con la francesa creará edificios de gran exuberancia decorativa, sobre todo en los interiores, de luminosidad brusca, que darán paso al estilo Rococó.

Una vez superada la guerra de los Treinta Años (1618-1648) en Europa central habrá sitio para los artistas. En Alemania y Austria el barroco posee un gusto clásico, no en vano, no han tenido Renacimiento y se pasa directamente del gótico a un barroco con tintes clásicos, que, sin embargo, dará pronto paso al rococó. Esta tardanza favorece que hasta bien entrado el siglo XVIII el estilo de Europa central sea de estilo italiano o francés. Se trata de un barroco muy dado a la policromía y a los efectos del claroscuro. Los edificios se llenan de perfiles curvos y las plantas adquieren formas inverosímiles. Se utiliza con profusión el orden gigante, los atlantes y las columnas salomónicas. Los palacios adquieren grandes proporciones.

Destacan arquitectos como Agostino Barelli: iglesia de los Teatinos de Múnich, Gaetano Chiaveri: iglesia de la Corte de Dresde, George Bähr: Nuestra Señora de Dresde, Fischer von Erlach es el arquitecto más significativo: construye la iglesia de San Carlos de Borromeo, con una gran cúpula central y anchos espacios laterales, y la Cancillería Imperial de Viena, Lucas Hildebrand construye palacios y jardines: palacio Alto Belverde, Baltasar Neumann: palacio de Würzburg., y Jacob Prandtauer: el convento de Melk, siguiendo las ideas del Concilio de Trento.

Agostino Barelli: iglesia de los Teatinos de Múnich
Gaetano Chiaveri: iglesia de la Corte de Dresde

George Bähr: Nuestra Señora de Dresde
Palacio Imperial de Hofburg
Fischer von Erlach es el arquitecto más significativo: construye la iglesia de San Carlos de Borromeo

Lucas Hildebrand construye palacios y jardines: palacio Alto Belverde
La Residencia de Würzburg. Baltasar Neumann
Jacob Prandtauer: el convento de Melk


La arquitectura barroca en Inglaterra

En Inglaterra predomina el equilibrio y la austeridad. Pervive el estilo Tudor, y la igual que Alemania y Austria pasa a un estilo barroco con tintes clásicos. Es en las ciudades universitarias de Cambridge y Oxford donde está mejor representado el nuevo estilo. La arquitectura inglesa está muy influida por Palladio por lo que también se la conoce como paladianismo.

Entre los arquitectos ingleses destacan Christopher Wren, es el más conocido. Reconstruye la catedral de San Pablo y Londres, tras el incendio de 1666. Iñigo Jones traduce fielmente las villas de Palladio: trazas del Whitehall en Londres, y James Gibbs: biblioteca Radcilffe en Oxford.


La catedral de San Pablo - Christopher Wren

Whitehall en Londres - Iñigo Jones

James Gibbs: biblioteca Radcilffe en Oxford

La arquitectura barroca asumió unas formas más dinámicas, con una exuberante decoración y un sentido escenográfico de las formas y los volúmenes. Cobró relevancia la modulación del espacio, con preferencia por las curvas cóncavas y convexas, poniendo especial atención en los juegos ópticos (trompe-l'œil) y el punto de vista del espectador. También cobró una gran importancia el urbanismo, debido a los monumentales programas desarrollados por reyes y papas, con un concepto integrador de la arquitectura y el paisaje que buscaba la recreación de un continuum espacial, de la expansión de las formas hacia el infinito, como expresión de unos elevados ideales, sean políticos o religiosos.

domingo, 16 de marzo de 2014

Porcelana de Nymphenburg

Es la porcelana producida por la Fábrica de porcelana de Nymphenburg (Porzellanmanufaktur Nymphenburg, en idioma alemán), una manufactura real del antiguo ducado de Baviera emplazada en el Palacio de Nymphenburg de Múnich y que ha venido produciendo objetos de alta calidad artística desde mediados del siglo XVIII.

En el Palacio de Nymphenburg también se encuentra un museo de porcelana (la Colección Bäuml).

Historia

Tras ser coronado Elector de Baviera en 1745, Maximiliano III ordenó el establecimiento de manufacturas como parte de una política mercantilista. Desde 1747 se intentó fabricar porcelana, objetivo para el que se destinó el antiguo castillo de Neudeck (actual zona de Au-Haidhausen en Múnich). Durante varios años los experimentos para conseguirlo fracasaron, con considerables pérdidas económicas; pero a partir de 1754 consiguieron tener éxito. Ese mismo año, el escultor de porcelanas de estilo rococó Franz Anton Bustelli entró a trabajar en la fábrica. En 1755 recibió el primer encargo de la corte bávara y en 1756 se consiguió fabricar porcelana coloreada. Desde 1758, la dirección del jurista y empresario conde Sigmund von Haimhausen se aseguró de la viabilidad comercial de la institución. El traslado a su localización actual, el Palacio de Nymphenburg, se realizó en 1761.

Palacio de Nymphenburg
El palacio de Nymphenburg (en alemán: Schloss Nymphenburg) es un palacio de estilo barroco ubicado en la ciudad de Múnich, estado federado de Baviera, Alemania. El palacio fue la residencia de verano de los gobernantes de Baviera.
El palacio fue encargado por la pareja compuesta por Fernando María y Enriqueta Adelaida de Saboya a Agostino Barelli en 1664, luego del nacimiento de su hijo Maximiliano II Manuel de Baviera.  
Entre los grandes artistas que sucedieron a Bustelli estuvieron Dominikus Auliczek el viejo (1734-1804) y Johann Peter Melchior. Luis I de Baviera fue un gran promotor de sus trabajos, al proporcionarles muchos encargos, especialmente servicios de mesa decorados con copias de pinturas famosas o con paisajes bávaros de estilo antiguo.




En 1822 Friedrich von Gärtner, arquitecto de moda, fue nombrado director artístico de la fábrica. A mediados del siglo XIX se deterioró tanto su situación financiera que para 1856 se había detenido toda producción artística, con lo que se decidió privatizarla. Bajo la nueva orientación, se enfocó a la producción de objetos de porcelana sanitaria, médica y para otros fines tecnológicos.



En 1887 Albert Bäuml (1855-1929) se hizo cargo de la fábrica con la intención de recuperar la producción de porcelana artística, "redescubriendo" la historia de la institución y sus creadores (especialmente a Bustelli). En la época de cambio de siglo, junto a copias de los modelos históricos, se realizó producción nueva, en un elegante estilo Jugendstil (modernista). En los años veinte y treinta trabajó en la fábrica Hanns Goebl, que posteriormente se hizo famoso por sus esculturas de arte nazi.


Desde 1975 la fábrica está dirigida por el estado federado (lander) de Baviera a través del "Fondo de Compensación Wittelsbach" (Wittelsbacher Ausgleichsfonds).


 

jueves, 24 de octubre de 2013

Edward Hopper

(Nyack, 22 de julio de 1882 - Nueva York, 15 de mayo de 1967) fue un famoso pintor estadounidense, célebre sobre todo por sus retratos de la soledad en la vida estadounidense contemporánea. Se le considera uno de los pintores de la escuela Ashcan, que a través de Arshile Gorky llevó al expresionismo abstracto posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Edward Hopper
Los viajes al extranjero 
En 1906, viaja a Europa por primera vez. En París, experimentará con un lenguaje formal cercano al de los impresionistas. Después, en 1907 fue a Londres, Berlín y Bruselas.
El estilo personal e inconfundible de Hopper, formado por elecciones expresivas precisas, comienza a forjarse en 1909, durante una segunda estancia en París de seis meses, durante la cual también pinta en Saint-Germain y Fontainebleau.
Su pintura se caracteriza por un peculiar y rebuscado juego entre las luces y las sombras, por la descripción de los interiores, que aprende en Degas y que perfecciona en su tercer y último viaje al extranjero en 1910 a París y a España, y por el tema central de la soledad.
Mientras en Europa se consolidaban el fauvismo, el cubismo y el arte abstracto, Hopper se siente más atraído por Manet, Pissarro, Monet, Sisley, Courbet, Daumier, Toulouse-Lautrec y por un pintor español anterior a todos los mencionados: Goya.
Entre 1915 y 1923 abandona temporalmente la pintura, dedicándose a nuevas formas expresivas como el grabado, usando la punta seca y el aguafuerte, con los que obtendrá numerosos premios y reconocimientos, incluso alguno de la prestigiosa National Academy. 
El éxito conseguido con una exposición de acuarelas (1923) y otra de lienzos (1924) hacen de Hopper el autor de referencia de los realistas que pintaban escenas estadounidenses.

Habitación de hotel 1931
En una anónima habitación de hotel, una muchacha reposa al borde de una cama. Es de noche y está cansada. Se ha quitado el sombrero, el vestido y los zapatos, y sin apenas fuerzas para deshacer las maletas, consulta el horario del tren que habrá de tomar al día siguiente. La soledad de las ciudades modernas constituye uno de los temas centrales de la obra de Hopper. En Habitación de hotel, la pared del primer término y la cómoda de la derecha constriñen el espacio, mientras que la gran diagonal de la cama dirige nuestra mirada hacia el fondo, donde una ventana abierta nos convierte en voyeurs de lo que sucede dentro. La figura femenina ensimismada contrasta con la frialdad de la estancia, en la que predominan las líneas netas y los colores brillantes y planos, avivados por la fuerte luz cenital.
1944 El "Martha Mckeen" de Wellfleet
Su resolución es un lienzo impresionante con fuertes tonalidades de azul en contraste con las blancas velas y el banco de arena. La luz del sol dramatiza toda la composición y las gaviotas proyectan sombras azules. La acción aparece como congelada en el tiempo pero Hopper capta eficazmente la enorme fuerza del mar y la armonía momentánea del hombre con él
Muchacha cosiendo a máquina 1921
Como en la mayoría de las escenas de interior de Hopper, la luz se convierte en protagonista del cuadro. En este caso la acción transcurre en un día claro y soleado y los rayos entran con fuerza hacia el interior, proyectando un reflejo sobre la pared encarnada del fondo, lo que contribuye a crear un efecto geométrico incrementado por las formas cuadrangulares del marco de la ventana. La luz, además, convierte la figura de la joven vestida de blanco en un destello en medio de la oscuridad interior. De esta forma, lo que podría ser una simple escena cotidiana adquiere una nueva dimensión, y la mujer solitaria y ensimismada pasa a convertirse en efigie de la alienación del ser humano.
Árbol seco y vista lateral de la casa Lombard 1931
Lo que da originalidad a esta acuarela y la distingue de otras de temática similar es la silueta del árbol seco a la izquierda de la edificación. Recortado sobre el luminoso cielo, sus ramas oscuras y retorcidas se contraponen al mástil blanco y recto del centro de la composición. Además, su imagen, tan poco frecuente en pleno verano, da al ambiente un aire de desolación y muestra la habilidad de Hopper para otorgar un aspecto y un contenido extraño a un tema tan sencillo y cotidiano. La presencia de árboles muertos que asoman en acuarelas anteriores y posteriores ha sido generalmente interpretada como un signo del pesimismo existencial del pintor. Sea como fuere, su esqueleto añade una nota de melancolía a la solitaria casa y al silencio del lugar, un silencio que casi podemos escuchar al contemplar esta obra.
Queensborough-Bridge
Todos sus cuadros suelen tener estructuras muy lineales, con una cuidada composición geométrica y un nihilismo latente muy adelantado a su época. A través de grandes áreas de color o de elementos arquitectónicos introduce las líneas verticales, horizontales y diagonales que marcan todos sus cuadros.




Sus paisajes interiores están habitados por el vacío, por la soledad, por el frío y, sobre todo, por el silencio, ese silencio que ahoga las voces y los desgarrados gritos de un mundo que desaparece irremisiblemente. Ante nosotros aparece reflejado el estado de ánimo de un mundo agonizante, de una sociedad destruida por el aislamiento del egoísmo y la falta de comunicación. Nadie habla con nadie. Sus personajes no se dicen nada, porque nada tienen ya que decirse, si es que lo tuvieron alguna vez. Eso es lo aterrador, encontrar a seres humanos que habitan este mundo sin tener nada que decir, nada que compartir.  Son náufragos, seres desterrados, seres sin universo, sin rumbo y sin hogar. Les vemos en la habitación de un hotel, pensativos, cabizbajos, sumidos en ese terrible silencio que es su único lenguaje. No hay felicidad en sus rostros. No la puede haber. Ni alegría. Ni sonrisas. Su vida no es más que una espera, una terrible, solitaria y sempiterna espera. 


Hopper conoce bien a todos los Willy Loman de este mundo, por eso los elije para pintarlos. Sabe que pueden ser hombres, y también mujeres, porque para él el universo de la mujer puede estar tan seco y vacío como el de los hombres, víctimas, como ellas, del sinsentido de una sociedad que renunció al sueño de la  libertad por la pesadilla de la seguridad. Los paisajes urbanos de Hopper son los paisajes del desierto en que hemos convertido el mundo en que vivimos. Calles solitarias, bares solitarios, hoteles solitarios, corazones solitarios…
Willy Loman - Muerte de un viajante o La muerte de un vendedor  es una obra teatral del dramaturgo y escritor Arthur Miller. Es vista por muchos como un ataque al sueño americano de progresar en la vida sin considerar los principios éticos, en contraposición a la tragedia de Aristóteles.

La utilización de la luz y del color, siempre fríos, para resaltar esa sensación de vacío y soledad es uno de los recursos más recurrentes en la pintura de Hopper. Su universo está poblado de negros, grises y azules. Sus personajes también. Sólo en sus paisajes marinos la luz del sol y la intensidad  azul del mar parecen empeñarse en dar vida a unos seres que siguen aislados en su descarriado viaje por el mundo. Hopper es consciente de que el mundo interior del artista aparece ya en sus primeras obras y que luego su arte y su técnica pueden ir perfeccionándose, pero no hará más que crear variaciones sobre un mismo tema:” En el desarrollo de todo artista siempre se encuentra el plan de la obra futura ya en la obra primeriza. El núcleo en torno al cual el artista levanta su obra es él mismo; es el yo central, la personalidad o como se la quiera llamar, y esto apenas cambia desde el nacimiento hasta la muerte. Lo que una vez fue el artista, lo es siempre con leves variaciones. Los vaivenes de las modas en relación con los métodos o los temas le cambian poco o nada.”



La  influencia que Hopper ha ejercido sobre la cultura occidental ha sido extraordinaria. Uno de sus cuadros más conocidos,” Los halcones de la noche”, ha sido utilizado una y mil veces sustituyendo incluso a sus solitarios personajes por iconos cinematográficos como Humphrey Bogart o James Dean, televisivos como los personajes de los Simpsons, o cinematográficos como los de “La guerra de las galaxias”. Otro de sus cuadros más famosos, “Casa junto a las vías del tren”,  fue utilizado por el mismísimo Alfred Hitchcok para diseñar el tétrico hotel de Norman Bates en “Psicosis”. Viendo el cuadro de Hopper y la terrible sensación de soledad y desasosiego que sugiere esa casa se entiende perfectamente que Hitchcok la escogiera como modelo. 
La estructura del cuadro es sorprendente ya que Hopper interpone entre el espectador y la casa una vía de ferrocarril que separa ambos mundos. Frente a la solidez de esa casa, Hopper antepone la idea de la ligereza del viaje, de que todo es pasajero… porque nosotros mismos estamos de paso. El estilo arquitectónico de la casa y su propia ubicación, en medio de la nada y con una entrada principal que da a la vía del tren, sugieren que es anterior a la construcción del ferrocarril, lo que le da al cuadro ese aire de fantasma solitario empeñado en vivir anclado en un tiempo que ya no ha de volver… Algunas de las ventanas todavía están abiertas, la mayoría ya cerradas.
Otras películas, como “Matar a un ruiseñor”, también han diseñado sus decorados tomando como referencia los cuadros de Hopper. El propio estilo de Hopper, su particular forma de utilizar la luz y su manejo del ángulo de visión son, muchas veces, un lenguaje que es muy próximo al cinematográfico y al teatral.

“Casa junto a las vías del tren”

La soledad de la mujer que comentaba antes es algo de la pintura de Hopper que me ha impactado profundamente. Uno de sus cuadros más famosos, “Cine de Nueva York”, refleja perfectamente la soledad del mundo en el que vivimos. En la semioscuridad de una sala de cine vemos la solitaria figura de una acomodadora apoyada en la pared bajo la luz de un pequeño aplique. 

“Cine de Nueva York”
Está totalmente absorta en sus pensamientos ajena a todo lo que ocurre a su alrededor. El tono amarillento de las paredes hace destacar el intenso azul del uniforme que lleva. También vemos sus ribetes rojos y sus altos zapatos de tacón. Ella parece estar en otro mundo mientras los espectadores, a los que vemos de espaldas mirando la pantalla, permanecen aislados y absortos ante lo que pasa en ella. La luz en blanco y negro de la película que proyectan ilumina la sala. Ella no mira la película. Es la única que no lo hace. Quizá porque ya la ha visto, o quizá porque sabe que, como en la caverna de Platón, lo que esos espectadores están viendo no es la vida real, sino su sombra. 
Son muchas las referencias a Platón que podemos encontrar en los cuadros de Hopper, como el libro abierto que tiene junto a él el solitario personaje que está sentado en la cama junto a una mujer dormida en “Excursión a la filosofía”. El propio Hopper dijo en alguna ocasión que el ser humano ha estado releyendo a Platón, pero que lo ha hecho tarde en su vida, demasiado tarde. ¿Qué hace ese hombre vestido y calzado sentado con el libro junto a él dando la espalda a la mujer semidesnuda que está tendida en la cama?, ¿Por qué está ella casi desnuda y él vestido?, ¿Por qué tienen la ventana abierta?, ¿Por qué no hablan?, ¿ Por qué ni se miran?, ¿Dónde está la ropa de ella?, ¿Qué queda del desnudo de él?, ¿Son amantes?, ¿Lo habrán sido alguna vez?, ¿Dónde han ido todos sus sueños…? 
Los personajes de Hopper viven perdidos en medio de ninguna parte, una ninguna parte que nos resulta muy cotidiana y familiar y a la que, precisamente por eso, raramente hacemos caso. Todos parecen estar esperando que pase algo ¿El qué? Eso poco importa. Son muchos los que han convertido su vida en espera, en solitaria, triste y callada espera. Nunca les pasa nada. Poco les importa. Ellos siguen esperando, hasta que llega un día en que mueren… La vida es viaje, no es espera, eso es lo que nos grita Hopper desde sus cuadros: “Lo más importante para mí es la sensación de estar de paso. Descubriendo la intensa belleza de todas las cosas cuando estás viajando, cuando tu vida se transforma en una especie de película”. 



Para Hopper lo importante no es pintar lo que ve, sino la imagen que él tiene de lo que ve: “Es muy bueno representar lo que se ve. Es muchísimo mejor representar lo que uno tiene guardado en la memoria. Es una transformación en la que trabajan juntas la capacidad imaginativa y la  memoria. Solo se reproduce lo que es apremiante, es decir, lo necesario. Así que el recuerdo propio no es otra cosa que el hallazgo liberado de la tiranía que ejerce la naturaleza.”



Las casas que aparecen en los cuadros de Hopper siempre están llenas de ventanas, ventanas a través de las que pasa la vida,  por las que entra el aire y por donde se cuela la luz que ilumina el desolado mundo de los personajes que habitan en ellas. Son ventanas que siempre están abiertas. Son personajes que siempre están cerrados. Es a través de esas ventanas por donde los personajes de Hopper viven su vida y donde Hopper aprovecha para romper los trazos rectilíneos que les encierran, dejando que unos visillos, casi siempre blancos, sean aireados por el viento para hacer sentir a los espectadores una bocanada de aire fresco que es la vida.  La pintura de Hopper es una terrible metáfora del mundo que hemos construido, un mundo de silencio y de soledad que Hopper conoce bien y contra el que se rebela, porque para Hopper,”el arte importante es la expresión exterior de la vida interior del artista, y esta vida interior tendrá como resultado su visión personal del mundo…” Viendo los cuadros de Hopper nos transformamos en voyeurs de ese para siempre roto sueño americano.




A lo largo de toda su vida Hopper utilizó siempre un único modelo femenino: su mujer, Jo. Pintora como él, existía entre ellos una complicidad absoluta al tiempo que una sana rivalidad en la tranquila vida que, sin sobresaltos de ningún tipo, viveron en el Village de Nueva York. A lo largo de toda su obra vamos viendo el paso del tiempo en esa mujer que le ha acompañado siempre. Lo irónico del caso, además, es que el último cuadro que pintó Hopper, en 1965, muestra a dos cómicos saliendo a saludar desde el proscenio despidiéndose de los espectadores, y que esos dos cómicos que parecen reírse del mundo al que le están diciendo adiós no son otros que el propio Hopper y su  mujer.
 

“Edward Hopper, ¿de qué color es la soledad…?”
Alegoría de la caverna

La Alegoría de la caverna (también conocida por el nombre de Mito de la caverna, aunque está mucho más cerca de ser una alegoría que un mito) es la más célebre alegoría de la historia de la filosofía junto con la del carro alado, fama debida, sin duda, a la utilidad de estos mitos para que, a propósito de su narración, se expliquen las partes más importantes del pensamiento platónico.
Se trata de una explicación metafórica, realizada por el filósofo griego Platón al principio del VII libro de La República, sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. En ella Platón explica su teoría de cómo con conocimiento podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible (sólo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón).
En este diálogo participan: Sócrates, Adimanto, Alcibíades, Aristófanes, Callicles, Glaucón, Gorgias, Hippias, Pitágoras, Parménides, Teeteto, Trasímaco y Timeo de Locri.
(Escrito por: Carlos Olalla)
Descripción 

Recreación de parte del mito. Se observa cómo el prisionero sólo puede observar proyecciones del mundo que son meras apariencias de las esencias
Platón describió en su alegoría de la caverna un espacio cavernoso, en el cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.

Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.

Un ejemplo concreto de caverna en la actualidad 
Continúa la narración contando lo que ocurriría si uno de estos hombres fuese liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad. Una realidad más profunda y completa ya que ésta es causa y fundamento de la primera que está compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior (hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo inteligible) fundamento de las anteriores realidades, para que a continuación vuelva a ser obligado a ver directamente "el Sol y lo que le es propio", metáfora que encarna la idea de Bien.

La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para "liberar" a sus antiguos compañeros de cadenas, lo que haría que éstos se rieran de él. El motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva. Cuando este prisionero intenta desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, Platón nos dice que éstos son capaces de matarlo y que efectivamente lo harán cuando tengan la oportunidad, con lo que se entrevé una alusión al esfuerzo de Sócrates por ayudar a los hombres a llegar a la verdad y a su fracaso al ser condenado a muerte.